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Domingo, 25 de agosto de 2013

CONTROVERSIA POR LAS ESTADISTICAS DE ESTADOS UNIDOS

Inflar el Producto

Cuando en Estados Unidos se debate si cambia la política monetaria ultraexpansiva que devino de la crisis, la oficina de estadísticas modificó la forma de medir el PBI, incluyendo “bienes intangibles”.

 Por Néstor Restivo

Linda polémica en Estados Unidos: la Oficina de Análisis Económico (BEA, sigla en inglés) cambió la forma de medir el PBI con eje en la medición productiva de “bienes intangibles”, como Investigación y Desarrollo (I&D), patentes o capacitación laboral.

En 1934, el economista Simon Kuznets impuso en el Senado una fórmula para medir el Producto Bruto Interno a partir de la suma de valor agregado por actividad económica (bienes del sector primario y secundario, servicios) y en función del flujo de gastos o de ingresos. El PBI suma el valor monetario de esas producciones de un país en un tiempo dado (un año, un trimestre).

Desde al menos la década de 1960, algunos economistas querían incluir intangibles, entre ellos Hazel Henderson, enfocados en la sustentabilidad ambiental. En su opinión, divulgada días atrás por Inter Press Service, era ridículo ignorar al “70 por ciento de la economía estadounidense (que) está dominada por intangibles como educación, salud (hoy 17 por ciento del PBI), innovación, I&D, el auge de Internet, software, medios y entretenimiento, deportes, arte y servicios públicos como policía, bomberos, el sistema legal”, entre otros que menciona.

La prédica tuvo éxito. Si bien el método de cuentas nacionales se actualiza por lustro en Estados Unidos, esta vez se trata de un cambio de fondo. Y nada menor: con el nuevo cálculo, la economía estadounidense, ya la mayor del mundo, “agrega” una producción similar, por ejemplo, a la de toda Argentina, unos 500 mil millones de dólares. Y pareciera, además, que la crisis actual no le pegó tanto. Por ejemplo, con la flamante medición, en el segundo trimestre de 2013, la economía se habría expandido 1,7 por ciento anual, cuando se esperaba apenas 1 por ciento. O bien la recesión de 2009 no fue de 3,1 por ciento sino de 2,8. O algo más, la recuperación de 2012 fue más potente: 2,8 por ciento en vez del 2 por ciento anunciado.

Que la economía sea más grande y esté menos afectada son buenas y oportunas noticias para el gobierno de Barack Obama, que afirma haber entrado ya en una senda de recuperación económica tras la crisis desatada en 2008 por el sector financiero y que hoy hunde sobre todo a Europa.

Brent Moulton, a cargo de cuentas nacionales en el BEA, afirmó al diario británico Financial Times que la actualización es la mayor realizada hasta ahora desde los cambios informáticos en software que se incorporaron en 1999. “Estamos realizando estos grandes cambios y revisando hacia atrás, es decir hasta 1929 (la Gran Depresión), de modo que estamos esencialmente reescribiendo nuestra historia económica.”

Estas reformas de cómo medir el PBI, que mantendrán entretenidos a los economistas por meses, pues habrá nuevos anuncios y recálculos, se dan sintomáticamente en días en que se discute si la Reserva Federal (banca central estadounidense) comienza a reducir sus compras de bonos del Tesoro y abandona su inyección impresionante de dinero derivada de la crisis. Y cuando también se debate si empieza a subir las tasas de interés de la zona del cero. Según el titular de la Fed, Ben Bernanke, ya se ven signos de recuperación, y esta nueva medición del PBI aceleraría esas políticas que tendrán consecuencias globales, por el peso relativo de la mayor economía mundial.

¿Qué se opina desde Argentina?

Para el investigador Enrique Arceo, puede ser un “cambio muy peligroso desde el punto de vista teórico, pues el PBI era, hasta ahora, el mundo de las mercancías. Parecería que se introducen conceptos que hacen al conocimiento, a las fuentes de ganancias extraordinarias y al capital humano. Todo esto debería reflejarse en el crecimiento de la productividad y no incidir en el Producto por otra vía, como el valor subjetivo de los servicios o la acumulación de intangibles”.

El economista Daniel Kostzer, por su parte, opina que es conceptualmente correcto medir I&D, productos culturales o royalties como inversión y no como gasto, pero hay dificultades: “Es como el gasto en un edificio, que luego se depreciará conforme parámetros técnicos. Es una de las dificultades del actual cálculo: ¿a qué valor se deprecian anualmente Casablanca o Manhattan, en relación con el Hombre Araña o Transformers? Para no hablar de la aspirina o el Viagra”. En su opinión, el nuevo cálculo afectará el nivel del PBI, pero no la tasa de crecimiento. “Lo que antes se estimaba como gasto, ahora pasa del rubro consumo al de inversión. Pero si es un gasto, se deduce del PBI como costo intermedio; al ser inversión, eso desaparece.”

“Donde sí será importante el cambio –dice– es en el Producto Neto, ya que esta inversión se contabilizará de manera diferente. El cálculo del PBN es igual al PBI menos los costos de las materias primas, los servicios y las depreciaciones de los bienes de capital construido.

Arceo entiende que la nueva forma “pasa a medir, en realidad, otra cosa, pues incorpora la monopolización del conocimiento y la segmentación de los mercados vía diferenciación (patentes, marcas) como valor social, cuando en realidad sólo son activos para las empresas y suponen cambios en la calidad de los valores de uso como riqueza mercantil, lo cual supone una lógica distinta de la del mercado.”

Kostzer agrega: “Sin dudas esto incrementará de manera significativa el stock de capital de Estados Unidos. Por ejemplo la industria farmacéutica destina 27 por ciento de sus ganancias promedio a I&D, pero también incrementará en el caso de los hogares, que gastan 50/100 mil dólares anuales en la educación del hijo en una universidad, y que hasta ahora eran considerados consumo”. Y advierte: “Esto le abre las puertas a Obama para endeudarse más, ya que al levantar 3 por ciento el PBI (tal es el cálculo con la nueva medición) la tasa fija de endeudamiento que tiene por ley se amplía”.

Henderson defiende los cambios porque revaloriza el rol de la nueva economía, e inclusive propone que, en el futuro, más que el PBI se mida la economía mediante índices como el de Vida Mejor de la OCDE o el de Bienestar de Canadá. No lo dice, pero en esa línea podría agregar el índice de felicidad de Bután. Pero ya se estaría hablando de otra cosa.

Al margen de la pertinencia de incluir en los cálculos aspectos económicos que tienen enorme relevancia en el siglo XXI, en la fase actual de la crisis global y en particular en la estadounidense no le viene nada mal este recálculo, que podría permitir nueva deuda o disimular los temas inflacionarios y monetarios, ya ocultados cuando, al irrumpir la crisis, el país norteamericano usó argumentos estadísticos para dejar de publicar datos de emisión como los del M3, el agregado monetario más amplio

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