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Domingo, 31 de agosto de 2003

Caranchos

Por Fernando Krakowiak

En el mundo financiero internacional se los conoce como fondos buitres: vuelan bajo para sacar provecho del animal herido, empresas o un país. La Argentina está padeciendo algunos ataques por su deuda en default, y a nivel de compañías el caso de CableVisión resulta el más evidente. Pero a nivel local operan financistas con características propias, que en la city fueron bautizados como fondos caranchos, con el espíritu de los buitres internacionales pero con sello argentino. En los ‘90 fueron Exxel, CEI, Newbridge y Farallón. Ahora son Coinvest, Southern Cross, Pegasus y DyG. Los fondos que administran inversiones extranjeras comenzaron a resurgir luego de la crisis. Pero a diferencia de la década pasada ya no compran empresas en expansión por cientos de millones de dólares. Ahora se dedican a adquirir compañías en convocatoria de acreedores haciéndose cargo de los pasivos y desembolsando poco o nada de efectivo. En el último año, seis fondos compraron once empresas con problemas y, según el relevamiento realizado por Cash, hay otros quince evaluando la posibilidad de concretar adquisiciones en los próximos meses. Norberto Morita, Martín Ruete y Woods Staton han sido los encargados de reemplazar a Juan Navarro, Raúl Moneta, Ricardo Han- dley, Santiago Soldati, entre otros, del centro de la escena. Sin embargo, la lógica es la misma. Acumular dinero fácil en plazos cortos con la compraventa de empresas productivas. Son inversiones fundamentalmente especulativas: compran compañías a precio de remate cuando la quiebra es inminente. Luego negocian con los acreedores una quita de la deuda y la obtención de un período de gracia para revalorizar el activo y poder venderlo en el corto plazo. La rentabilidad promedio del negocio es del 25 por ciento anual. Invierten en empresas de consumo masivo y en sectores que adquirieron interés luego de la devaluación como la agroindustria, el negocio inmobiliario, la informática y los productos químicos. La última operación la concretaron esta semana dos ex directivos del Citibank al quedarse con la tradicional empresa de alfajores Havanna.
Los fondos se nutren con el dinero de inversores extranjeros que apuestan al riesgo en un contexto de caída de la tasa de interés internacional. Pero también con los recursos de empresarios locales que vendieron sus compañías durante la Convertibilidad, depositaron los dólares en el exterior y ahora se ven tentados por las altas tasas de ganancia que se pueden obtener aprovechando la asfixia financiera de las compañías endeudadas en dólares.
Luego de la devaluación, un elevado porcentaje de empresas privadas quedó a merced de sus acreedores por haber financiado las inversiones con deuda contraída en el exterior. Esa situación llevó a más de 70 compañías a declarar el default o intentar reestructurar su deuda. Algunas pudieron acordar un plan de pagos, pero las que no lo hicieron se expusieron a que sus acreedores se queden con la compañía. La legislación nacional establece que para evitar la quiebra se debe llegar a un acuerdo con los poseedores del 66 por ciento de la deuda y con el 51 por ciento de los acreedores individuales. Fernando Muñoz de Toro, representante del estudio Muñoz de Toro, aseguró a Cash que “esta situación vuelve muy difícil acordar con los acreedores”.
Los private equity funds, como se los conoce en la jerga financiera, han aprovechado la delicada coyuntura para presentarse ante los dueños de las compañías y los acreedores ofreciendo dinero fresco y capacidad de management a cambio de un porcentaje de las acciones, que en la mayoría de las ocasiones se traduce en el control de la sociedad. En muchos casos hacen jugar a su favor la presión que ejercen los fondos buitres, propiamente dichos, como Huff o Templeton. Sociedades que han estado comprando Obligaciones Negociables de empresas en problemas para luego intentar quedarse con las mismas torciéndole la voluntad al síndico a través del ejercicio de los derechos que les da la deuda. El efecto pinzas que ejercen los distintos fondos quedó en evidencia en el caso de CableVisión. El fondo Huff compró un porcentaje importante de ON y empezó a presionar sobre la compañía de cable para asumir su control. Justo en ese momento Martín Ruete, ex vicepresidente del CEI y actual directivo del fondo de inversión Coinvest, se acercó a la empresa para negociar la posibilidad de aportar dinero a cambio de tener el control de la compañía, iniciativa que por el momento no prosperó. Coinvest es uno de los principales equity funds que adquirió empresas endeudadas en el último año junto con Southern Cross, Pegasus Capital, HSBC Private Equity Latin America, DyG y la empresa Promotora Mexicana de Capitales, que lo hizo a través de los fondos Bismark y Pierre.
La gran diferencia con la década del 90 es que entonces los fondos invirtieron cifras millonarias en grandes compañías en expansión. El Exxel Group, principal exponente de la época, compró Casa Tía por 630 millones de dólares, Musimundo por 240 millones y Fargo por 220 millones, entre otras empresas. Los recursos los obtuvo de inversionistas extranjeros que aportaron capital, y de créditos bancarios que canceló endeudando a las propias empresas que había comprado. De esa forma, se lograron deducir los pagos de intereses del Impuesto a las Ganancias al mismo tiempo que se apalancaban nuevas inversiones. Entre 1993 y 2000 el Exxel llegó a comprar 60 empresas.
En la actualidad, los fondos seleccionan las compras detenidamente de acuerdo con el endeudamiento de las compañías y en la mayoría de los casos el pasivo es tan grande que les alcanza con hacerse cargo del mismo para controlar la firma. Lo que se valora es el know how financiero para sentarse a discutir la deuda con los acreedores y obtener rápidos beneficios.
La búsqueda de la ganancia fácil y de corto plazo es un punto en común con la experiencia de los ‘90 aunque los montos que están en juego sean menores. A diferencia de las grandes multinacionales que se especializan en alguna rama, a los fondos les da lo mismo cualquier tipo de negocio. Salvo excepciones, la vinculación con lo productivo se plantea como efímera. Hay que saber entrar y salir de las empresas en el menor tiempo y con la mayor renta posible. Por eso varios de los nuevos fondos cuentan entre sus filas con directivos de larga experiencia en el mundo de las finanzas, provenientes del Citibank, el CEI y el Exxel.
Las empresas con las que negocian terminan acordando cuando ven que es la única alternativa que les queda antes de la quiebra. Felipe De la Balze, señaló a Cash que “en muchos casos los acreedores y los accionistas prefieren acordar con los equity funds para que la empresa no interrumpa su actividad y deje de desvalorizarse”.
En el caso de Compañía General de Combustibles, el fondo Southern Cross, de capitales suizos y norteamericanos, le compró el 81 por ciento a la familia Soldati luego de comprometerse a absorber una deuda de 200 millones de dólares con los acreedores. Pegasus Capital, fondo que combina capitales locales, regionales y norteamericanos, procedió de un modo similar. Cuando parecía que Musimundo iba inevitablemente a la quiebra les ofreció a los acreedores pagar el 40 por ciento de la deuda de 196 millones de dólares, luego de un período de gracia de siete años, a cambio de reflotar la compañía.
El fondo Coinvest siguió el mismo camino al obtener el control de la bodega Suter, la curtiembre GRD y la empresa de telecomunicaciones Metrored, que adquirió junto con el fondo del HSBC. También se quedó con la empresa CTI en marzo, pero luego de negociar una quita con los acreedores le terminó cediendo el control a Techtel, propiedad del grupo mexicano Slim y Techint. Fuentes de la city aseguraron a Cash que en realidad Techtel fue la verdadera interesada desde el comienzo, pero prefirió delegar en Coinvest el “trabajo sucio” para simplificar latransacción. Otra de las operaciones de magnitud la protagonizó el magnate mexicano Fernando Chico Pardo de Promecap, quien se quedó con la panificadora Fargo en sociedad con la multinacional Bimbo, operación que deberá ser puesta bajo la lupa por la Secretaría de Defensa de la Competencia, ya que entre Fargo y Bimbo controlan el 72 por ciento del mercado de pan industrial.
Entre los fondos que están a la expectativa se destacan el norteamericano JP Morgan Partners Latin America, Dolphin Interventures de IRSA, GIP Group, el fondo de capitales suizos Swiss Wine Fund y Zeus Capital, un emprendimiento gerenciado por ex directivos del Exxel Group. Hasta el momento, se concretó un puñado de operaciones. Pero si la situación financiera de las empresas no se regulariza, los “caranchos” aprovecharán para sacar la mejor tajada del mercado en el menor tiempo posible. Por ahora continúan volando en círculos a la espera de una nueva oportunidad.

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Fondos / inversión

En el mundo financiero internacional se los conoce como fondos buitres; en la Argentina, fondos caranchos. Vuelan bajo para sacar provecho del animal herido, empresas o un país.

En los ‘90 fueron Exxel, CEI, Newbridge y Farallón. Ahora son Coinvest, Southern Cross, Pegasus y DyG.

Los fondos que administran inversiones extranjeras comenzaron a resurgir luego de la crisis.

A diferencia de la década pasada ya no compran empresas en expansión por cientos de millones de dólares. Ahora se dedican a adquirir compañías en convocatoria de acreedores.

Norberto Morita, Martín Ruete y Woods Staton han sido los encargados de reemplazar a Juan Navarro, Raúl Moneta, Ricardo Handley y Santiago Soldati del centro de la escena.

Sin embargo, la lógica es la misma. Acumular dinero fácil en plazos cortos con la compraventa de empresas productivas.

Son inversiones fundamentalmente especulativas: compran compañías a precio de remate cuando la quiebra es inminente.

Invierten en empresas de consumo masivo y en sectores que adquirieron interés luego de la devaluación como la agroindustria, el negocio inmobiliario, la informática.

 
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