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Domingo, 31 de agosto de 2003

UNA POLíTICA ECONóMICA PARA LA DEMOCRACIA

“Ubicar al FMI en su lugar”

Por Alan Cibils *

En lo que va de su mandato, el presidente Kirchner ha mostrado cierta predisposición a la renovación institucional reclamada en las movilizaciones del 19 y 20 de diciembre. Un ejemplo es el haber tomado en serio el documento titulado “Una Corte para la democracia” producido por varias ONG con competencia en el tema, de lo cual surgió un proceso democrático para la selección de futuros jueces de la Corte Suprema. ¿No habrá llegado la hora de introducir mecanismos de democracia similares en la formulación de política económica?
En lo inmediato, hay dos temas que requieren una mayor participación ciudadana: la renegociación de la deuda pública y el acuerdo con el FMI. Ambos temas presentan una disyuntiva: se sigue con las políticas de ajuste recesivas y de pauperización del FMI o se elige el camino del crecimiento con equidad. Suponiendo que esta última es la alternativa que Kirchner desea, podría implementarla, aun al costo de un enfrentamiento con el FMI y el establishment financiero, si le diese un rol protagónico al elevado porcentaje de la población que lo apoya.
El FMI es objeto de un profundo rechazo popular por el rol activo que jugó en la destrucción de la economía nacional. Dado este papel nocivo del Fondo, es altamente preocupante el secreto con que se desenvuelven las negociaciones con esa institución. Dicho secreto sólo puede favorecer al FMI y al poder económico concentrado. Está claro que el Fondo nada sabe de desarrollo económico, de deuda interna y de necesidades básicas insatisfechas. Sólo sabe de mercados y de acreedores externos sedientos de divisas que el país ha dejado de girarles. Por lo tanto, cae de madura la pregunta: en “un país en serio”, ¿puede el Fondo seguir teniendo la injerencia que actualmente tiene y que aparentemente va a seguir teniendo? En la negociación con el Fondo se acordarán, entre otros puntos, las metas del superávit fiscal primario para el 2004. Se está hablando de un superávit primario entre el 3,0 y el 4,5 por ciento del Producto. O sea, en el mejor de los casos, un superávit 20 por ciento mayor al del 2003. En lugar de aumentar el ahorro fiscal para pagar la deuda, el Estado debería aumentar su gasto, alentando así la reactivación económica.
Sería preferible que el superávit primario entero se asignara a la reactivación de la demanda interna mediante la redistribución del ingreso y estímulos a la producción. ¿Por qué no implementar mecanismos de consulta y participación popular para resolver estos temas? ¿Por qué no tomar el ejemplo de la provincia brasileña de Rio Grande do Sul, que tiene su presupuesto participativo? ¿Por qué no abrir el juego para que una amplia gama de expertos, de organizaciones de la sociedad civil y ciudadanos en general opinen sobre cómo quieren que se asignen los recursos que ellos mismos proveen al Estado? El Presidente debería aprovechar el amplio apoyo del que goza, según las encuestas, para hacer una gran convocatoria popular. Con semejante respaldo, será fácil ubicar al FMI en su correcto y merecido lugar.

* Economista, investigador del Center for Economic and Policy Research y del Ciepp.

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