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Domingo, 28 de octubre de 2007

BUENA MONEDA

Dimensión desconocida

 Por Alfredo Zaiat

La soberbia del saber económico convencional se enfrenta a problemas que no encuentran respuestas en las tradicionales ecuaciones. Esto no significa que no sean válidas las identidades básicas para el funcionamiento equilibrado de las principales variables. La fortaleza de la macroeconomía se seguirá observando en escenarios donde se cumplan principios fundamentales de esa ciencia, estudiados por los economistas clásicos, formulados por los neoclásicos y modelizados por los modernos. En la actual etapa del desarrollo, la ciencia económica tal como se la difunde ha llegado a la frontera del conocimiento, síntoma que se expone cada año con los premios Nobel a esa disciplina, que son entregados por reconocimiento a una trayectoria o a dúos de investigadores que sofisticaron criterios económicos ya aceptados. Todo lo que tenía para dar esa ciencia ya fue entregado. Por ese motivo, como bien aconsejan los economistas, existen reglas mínimas que no admiten muchos disensos para asegurar estabilidad macro. Ahora bien, dentro de ese cuerpo de ideas existen matices según la ideología del hacedor de la política. En ese campo es donde hoy se presenta la batalla entre los economistas, una puja en la cual ya se conoce las armas de cada uno de los bandos. Mientras tanto, la dinámica del sistema capitalista, ya extendido a todo el planeta, va presentando desafíos, nuevas situaciones, que la mayoría de los economistas hoy no dan cuentan de ellos enfrascados en sus viejos debates.

La lenta pero constante dispersión del poder económico (irrupción de China e India), la reformulación de las políticas públicas frente a nuevos acontecimientos (megalópolis y calentamiento global), el impresionante avance de la tecnología aplicada a la producción y el proceso de globalización de la economía mundial ha desencadenado un fenómeno de transformación de las estructuras productivas acerca del cual se sabe relativamente poco. Por lo pronto, los economistas dan constancia de que ese proceso está sucediendo, pero en general no ofrecen elementos muy convincentes de por qué ocurrió de esta manera. Y mucho menos de cuáles pueden ser las consecuencias de largo plazo en términos de empleo, productividad, competitividad internacional e impacto sobre la capacidad tecnológica domésticas. Todas esas cuestiones aún no han sido enteramente dilucidadas.

El economista Jorge Katz, uno de los máximos especialistas en desarrollo industrial de la región, aborda este complejo proceso en un trabajo publicado en el número inaugural de Revista de Economía Política de Buenos Aires, de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA. Katz sostiene que el ciclo industrial en América latina “ha estado asociado a fuertes cambios institucionales y tecnológicos”, para agregar que “como consecuencia de ello ha habido tanto ‘creación’ como ‘destrucción’ de capacidades productivas y tecnológicas en la economía en el marco de un proceso de reestructuración del modelo de capitalismo prototípico de cada sociedad”. En el documento Cambios estructurales y Desarrollo Económico, menciona que el cuadro de organización industrial de los distintos sectores productivos (formas de subcontratación, nivel de integración vertical de las plantas, aprovisionamiento local e internacional de partes y piezas intermedias) y el régimen competitivo sectorial (barreras al ingreso de nuevos productores, amplitud de mix de productos ofrecidos al mercados, mecanismos de precios) fue gradualmente cambiando, “al punto de que hoy vivimos en una economía cuyas reglas de funcionamiento sólo conocemos muy imperfectamente”.

Katz precisa que “la propiedad extranjera al interior del aparato productivo ha aumentado, la provisión externa de tecnología también lo ha hecho y los esfuerzos domésticos de generación de tecnología no han experimentado gran progreso”. Por ese motivo, explica que el sistema innovativo nacional está fragmentado, desfinanciado y resulta marginal a la hora de proveer de tecnología al aparato productivo doméstico. En ese contexto, aconseja que “el conocimiento científico-tecnológico tiene muchos rasgos de bien público que hacen que el Estado deba cumplir un papel central en el financiamiento, la producción y la difusión del mismo, sobre todo en ciencias básicas”. Para concluir que, en el actual escenario de incertidumbre que depara la globalización, en las cuestiones del desarrollo productivo se requiere de “un alto grado de pragmatismo, de ensayo y error y de experimentación”, puesto que “hay diferentes estilos de capitalismo en el mundo y los países latinoamericanos deben aún buscar cuál es en cada caso el estilo que más se amolda a su idiosincrasia y a su historia institucional”.

El desafío para el próximo gobierno será inducir, entonces, en forma paulatina, el desarrollo de una trama industrial no sólo sostenido por un tipo de cambio competitivo, que encarece las importaciones y favorece las ventas al exterior, sino por una mejora de la productividad media, alentando la creación de nuevas firmas de mayor intensidad tecnológica. Descansar exclusivamente en la economía primaria, incluso en su eslabonamiento industrial de algunos de sus productos, derivará en un atraso relativo, que hoy está disimulado por los elevados precios internacionales de los commodities. No se trata de transitar un sendero que tenga que excluir a un sector para poder avanzar sino que la potencialidad natural de uno no debe inhibir el salto cualitativo del otro, con el objetivo de intentar una integración mejor en la escena competitiva mundial.

Ahora, recuperado cierto equilibrio industrial, el planteo pasa por definir qué tipo de especialización productiva promover porque las condiciones no son las mismas que predominaron cuando la industria comenzó a desarrollarse. Y qué estrategia impulsar para el fortalecimiento de una economía con actores domésticos e innovadores que permitan una dinámica virtuosa de crecimiento. Se requiere para ello de eficientes formas de coordinación pública/privada que favorezcan el ritmo de innovación tecnológica en el aparato productivo. Parece una tarea sencilla en la enunciación, pero para los sujetos sociales existentes en el país se presenta como una dimensión desconocida, una aventura de proporciones.

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