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Domingo, 6 de marzo de 2005

EL BAúL DE MANUEL

El baúl de Manuel

Mujeres abstenerse

Un 1º de mayo fue asesinado en Chicago un grupo de obreros que pedía condiciones mínimas de labor. En esa fecha se celebra el Día del Trabajador. Un 8 de marzo, un número de trabajadoras textiles murieron quemadas por no poder abandonar el taller en que trabajaban, que sus patrones habían cerrado con llave para impedirles salir a la calle y adherir a una manifestación donde se pedían mejores condiciones de labor. En esa fecha se celebra el Día de la Mujer. Ni los trabajadores ni la mujer alcanzaron posteriormente el trato digno e igualitario que pretendían. Las referidas celebraciones tienen como efecto suspender por un día el mal trato o la expoliación de que son objeto los restantes 364 días del año. En el caso de la mujer, morir rostizadas fue bastante común, desde la Edad Media hasta la Doncella de Orleans y las obreras textiles. La Edad Moderna suavizó algo esos castigos, pero sin librarlas de ser objeto de repudio o negarles el acceso a ciertos cargos. El trato de Enrique VIII a sus esposas inspiró la pluma de Shakespeare en varias de sus obras. En nuestro tiempo, los casos de sometimiento y discriminación no son infrecuentes. En este país, con gobierno representativo, para que la mujer tuviera representación propia tuvo que imponer por ley un porcentaje mínimo de mujeres en las listas de parlamentarios. ¿Por qué iba a ser más benigna la condición de la mujer economista? Los dos casos más emblemáticos en esta profesión, el de Rosa Luxemburg (1870-1919) y el de Joan Robinson (1903-1983) son elocuentes. Rosa, autora de La acumulación de capital (1913), que fue también notable dirigente política de la social democracia alemana, pasó sus últimos años en la cárcel y murió asesinada. Joan, autora de Teoría de la competencia imperfecta (1933), Introducción a la teoría del empleo (1937) y La acumulación de capital (1956), vio cerrado su camino al Premio Nobel en Economía en 1975, cuando casi todos lo daban por hecho por haberse declarado entonces Año Internacional de la Mujer. Con posterioridad se dio el premio a los impulsores de la nueva historia económica cuantitativa, Douglass C. North y Robert W. Fogel. En la oportunidad, los anteriores formaban un trío con Donald N. McCloskey, quien no fue premiado, acaso por haber cambiado de sexo y convertirse en Deirdre N. McCloskey. Nunca, de hecho, la Academia sueca otorgó el Premio Nobel en Economía a una mujer.

¿Sólo 1 por ciento?

Alfred Marshall, a fines del siglo XIX, hablaba con gran esperanza de “la ciencia de los pequeños incrementos”. Se refería al Cálculo Infinitesimal, basado en la noción de “infinitésimo”. Entendía que, con el empleo de esta matemática, se daba un gran paso hacia la unidad del método científico. Coincidía con Darwin en que la evolución ocurre gradualmente, por mutaciones imperceptibles, y hacía suya la frase de El origen de las especies: “Natura non facit saltum” (“La naturaleza no hace saltos”). Spencer extendió el principio de evolución hacia diversas disciplinas y Marshall completó tal proyecto con unos Principios de Economía. La evolución posterior de la ciencia económica siguió esa dirección, usando la ciencia de los pequeños incrementos, hasta mediados del siglo XX. En este país, en cambio, está instalada la cultura de moverse a saltos: donde había un presidente electo, hoy hay un general autoelegido; quienes tenían ahorros de toda una vida, de pronto el Estado los priva de ellos. Y con esos ejemplos basta. Creemos que los pequeños cambios no merecen tomarse en cuenta, y no es así. Un 1 por ciento de aumento en el nivel general de precios es una expoliación del salario. Veámoslo así: el salario real, o cantidad de bienes que un salario puede comprar, se mide como S/P. El salario (S) y los precios (P) se miden en dinero: S es el dinero que las empresas pagan al trabajador por un mes de trabajo, y P es el dinero que los trabajadores pagan a las empresas para comprar sus producciones. Subir P en cualquier porcentaje y dejar invariable S, traslada más cantidad de dinero del trabajador a la empresa. Es una verdadera redistribución del ingreso, a favor de la empresa y en contra del trabajador, que en cierta medida acentúa la desigualdad social. Es más que obvio que para evitarlo debe subir el salario en la misma proporción que sube P, por pequeña que sea. Y en esto la Comunidad Europea nos da cátedra: en España se calcula por anticipado la suba general de precios en el año próximo, y se reajustan los ingresos por esa estimación. Esta última suele quedarse corta, y al cabo del año se reintegra al trabajador aquella parte estimada en menos. Y no sólo se resarce a los perjudicados. También se castiga a los responsables. En Alemania se considera que el presidente del Bundesbank es responsable del valor de la moneda. Si P sube en el año más de cierto porcentaje, se revoca su mandato.

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