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Domingo, 13 de noviembre de 2005

INTERNACIONALES › REVUELTA URBANA EN FRANCIA

La ecuación francesa se ha roto

Los intelectuales Jean Daniel y Régis Debray dialogan sobre las causas del conflicto social.

Por Javier Cuartas *
Desde Oviedo

Dos intelectuales franceses, el periodista de origen sefardí-argelino Jean Daniel, fundador y director de la revista Le Nouvel Observateur, premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades 2004, y el pensador y escritor Régis Debray coinciden en que el estallido social que vive Francia obedece a causas culturales profundas, y que está alimentado por una ausencia de valores que favorezcan la integración como sí ocurrió en el pasado cuando la República Francesa era un concepto integrador y con prestigio. Debray sostiene que el modelo francés no ha fracasado por ser malo, sino porque no se ha aplicado, y que es preciso restablecer los valores esenciales de la República. Ambos intelectuales participaron en Asturias en uno de los actos conmemorativos del 25º aniversario de la Fundación Príncipe de Asturias.

Jean Daniel opina que “se está confundiendo la delincuencia con la singularidad musulmana. El ministro francés del Interior venció a la delincuencia pero no entiende nada de este estallido”. A su juicio, “Francia se equivocó al generar guetos y creó una situación peligrosa”. Para Daniel, “el choque de civilizaciones es una realidad potencial. Puede llegar a ocurrir. Y, de hecho, hay gente que desea que se produzca, y entre ella buena parte del movimiento islamista, porque su ideal es la destrucción de la civilización occidental”. “Lo que es falso –puntualiza– es que ambas sociedades estén atravesadas por las dos corrientes. No hay un choque de civilizaciones entre el exterior y el interior, sino que se está produciendo dentro de las sociedades islámicas, donde hay un enfrentamiento entre quienes se oponen a su occidentalización y quienes la desean.”

¿Y en las sociedades occidentales? “Antes –responde Daniel– había una extrema derecha xenófoba y un centro e izquierda favorables a la integración. Hoy es mucho más complejo. La extrema derecha sigue siendo xenófoba y pide la expulsión de los inmigrantes, pero el resto de la población no es sensible. La xenofobia empieza a convertirse en islamofobia. Cuando se produce una agitación de los jóvenes en los suburbios, sin saberlo y sin quererlo, están aumentando la asociación de ideas que se hace entre violencia e Islam.”

A juicio de Daniel, “todos los analistas creen que una de las soluciones es aumentar la integración y proponen la discriminación positiva para los inmigrantes. El hecho cierto es que la inmigración está aquí y nadie quiere ni tiene capacidad para expulsarlos. El asunto está en transformar a esa población en ciudadanos que no quieran rebelarse. Yo no soy partidario de la discriminación positiva, pero ahora quizá tengamos que recurrir a ella. Dado que hemos fallado en la integración, con la que hubiésemos podido crear elites en esas comunidades, quizá tengamos que hacerlo artificialmente”.

Para Régis Debray, el estallido social en Francia obedece no sólo a causas culturales sino también socioeconómicas. “Toda sociedad tiene una religión civil. La francesa era la República. La República Francesa era la máquina de integración, se rompió y lo hicieron todas sus piezas a la vez: el ejército, la familia, la escuela, que eran los elementos que transmitían una cultura patriótica. Pero lo mismo ocurrió con los partidos políticos, los sindicatos. Todos esos eslabones de la vida social se quebraron. Y la empresa tampoco lo sustituye porque no es capaz de crear empleo suficiente. También se debilitó la Iglesia, el movimiento obrero organizado. El estado de derecho no puede vivir sin valores comunes. La ley como tal no es un valor, sino un eslabón más entre valores trascendentes.”A juicio de Debray, “el ciudadano está atado por modelos de identificación que ahora ya no existen. De ahí que surjan identidades inconscientes de tipo religioso o étnico, que le han tomado ventaja a la identidad que surge del concepto y sentimiento de ciudadanía republicana. Si todo desaparece, lo que al individuo lo salva del vacío social, moral y mental es la identidad religiosa y étnica”, agrega.

De ahí, sostiene Debray, de esa ausencia de valores trascendentes, surgen “el vértigo y la sublevación anárquica, sin fin ni objeto, entre el juego y la rabia como expresión de una frustración cultural, y que también tiene algo de infantil y adolescente”.

Jean Daniel asevera que “el prestigio de Francia, y del que emanaba el deseo de ser francés” de los inmigrantes “provenía de su potencia”. “El imperio francés era algo. Cuando yo era niño se extendía por buena parte del mundo. Ha habido muchos jóvenes que querían ser franceses, entre ellos buena parte de los colonizados. El principio de la caída del imperio fue la rendición de Francia ante Alemania en la II Guerra Mundial y luego la pérdida de Indochina.”

“Hace 50 años hacerse francés era una promoción”, apostilla Debray. “Hoy para muchos inmigrantes es una rendición, una concesión que no les reporta ningún avance ni progresión. La ecuación francesa se ha roto”, concluye Daniel.

* De El País de Madrid. Especial para Página/12.

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Jóvenes, hijos de inmigrantes, de origen musulmán y marginados conmocionan a Francia.
Imagen: AFP
 
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