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Domingo, 24 de agosto de 2014

ENFOQUE

Tropezar dos veces

 Por Claudio Scaletta

Esta semana el dólar paralelo batió record. Hasta el más lego de los economistas sabía que, dado el panorama externo, existirían fuertes presiones sobre el mercado de divisas. Dicho de otra manera, era anunciado, algo que tendría que haber contado con diagnóstico y un set de soluciones. En cambio, la gestión económica parece tropezar dos veces con la misma piedra. El jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, por ejemplo, volvió al argumento de la ilegalidad y comparó al dólar blue con la cocaína. La idea sería que el Gobierno no puede intervenir en un mercado ilegal. No es cierto. El Gobierno tiene mucho para hacer en materia cambiaria. Es verdad que si existiese una “flotación administrada o sucia”, como hasta la implantación del cepo, la tarea sería más sencilla y el mercado no sería manejado por las cuevas y los bancos que las proveen. El problema, en todo caso, reside en la cantidad de divisas que se necesita introducir en el mercado para estabilizar la cotización, dada la tradicional fuga local de capitales en contextos de incertidumbre. Con restricción externa y sin financiamiento del exterior, volver al viejo esquema no será sencillo. Esto se sabía cuando se entró en el viaje de ida del cepo. Pero no todo es cuestión de contar con una oferta infinita de dólares, también se puede trabajar sobre la demanda.

Hoy, a diferencia de hace un par de años, no hay ninguna señal de revaluación. Sin recurrir a complejas estimaciones de paridad del poder adquisitivo, cualquiera que circule por el mundo, incluso en países de productividad menor a la de Argentina, como la de algunos vecinos, sabe que la moneda del país está muy devaluada. Es llamativo, por decirlo de alguna manera, que el único tic de algunos empresarios sea pedir más devaluación. Por otra parte, no hay tal cosa como un tipo de cambio de equilibrio, resultado de la productividad relativa de la economía o, peor, de una cuenta entre base monetaria y reservas internacionales. En el mejor de los casos hay relación entre oferta y demanda y expectativas. En contextos de inflación, real o esperada, quienes tienen excedentes financieros buscan refugio en activos que garanticen reserva de valor. El dólar es uno de ellos. Los gobiernos pueden controlar esta tendencia ofreciendo alternativas. La más simple es la tasa de interés. Por ejemplo, luego de la devaluación de enero se subieron tasas, lo que logró estabilizar la cotización del dólar a posteriori. A ello se sumaban las buenas expectativas por el ingreso estacional de divisas de la cosecha, e incluso en materia de precios del complejo sojero. Adicionalmente, el poder económico descontaba una reconciliación con los mercados financieros globales. Con la demorada suba de tasas de enero, entonces, el Gobierno compró tiempo, como dicen los operadores financieros. Pero el problema de la economía es que cuando se tocan algunas variables se afectan otras. Una contrapartida del aumento de tasas de interés es que se encarece el crédito, afectando la inversión. Se supone que el hacedor de política prevé estas relaciones y compara efectos. Por ejemplo: ¿qué tiene más efecto contractivo, las mayores tasas de interés o un aumento de más del 15 por ciento del dólar informal? Al parecer la respuesta del equipo económico fue: “las mayores tasas”. El Gobierno bajó las tasas y avanzó en minidevaluaciones del oficial, un camino similar al que condujo a los sucesos de enero.

Con estos datos en su haber los actores económicos siguieron su propia lógica, que no es la de ser malvados, sino la de actuar en una sociedad capitalista. Si la expectativa es de mayor precio del dólar, ocurren varias cosas. Entre ellas: se adelantan importaciones y se frenan las exportaciones, con lo que se reducen las expectativas de excedentes de divisas, es decir; la oferta neta. A ello se agrega la estacionalidad negativa. La época fuerte de liquidación de cosecha quedó atrás. Luego, todos quienes tengan algún excedente financiero buscarán resguardarlos. Si las tasas son menores a las expectativas de inflación, se refugiarán en divisas, del tipo que fueren, es decir aumentará la demanda de todos los tipos de dólares, desde el blue al contado con liquidación u otros papeles nominados en divisas. Estos son los movimientos reales, a los que se suman los especulativos de quienes acompañan la tendencia. El cuadro no parece de gran complejidad: el equipo económico optó por bajar tasas en un mal momento.

Ahora bien, ¿cuáles son los efectos de la suba del blue? Al margen de su tamaño y legalidad, la suba del paralelo incrementa la brecha con la cotización oficial, lo que aumenta las expectativas de devaluación, lo que antes o después es devaluación del oficial. No se trata de lucubraciones. Ya sucedió en los últimos meses de 2013. Más discutido es el efecto sobre precios. Para los economistas del mainstream, la “emisión excedente”, si tal cosa existe, se canalizaría en el blue aumentando su cotización, luego los actores ajustarían precios en base al valor del paralelo. En cambio, los economistas más cercanos al Gobierno sostienen que no existe relación entre la suba del negro y los precios de los insumos, los que en realidad seguirían el valor del oficial. Quizá falten trabajos econométricos más convincentes que interrelacionen los precios con los distintos agregados monetarios con los distintos valores de la divisa, pero lo concreto es que, en base a la experiencia reciente de la política económica local, las subas del blue se plasmaron en suba del oficial, cuyo resultado final fue el freno de la economía. El problema del presente es que el freno se aplica sobre algo que ya viene frenado. Dado el carácter proactivo del actual equipo económico, es esperable que en los próximos días se conozcan medidas con incidencia directa en los mercados cambiarios. Siempre se está a tiempo de enmendar errores.

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