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Domingo, 26 de noviembre de 2006

E-CASH DE LECTORES

SanCor

Me gustaría agregar algo al breve pero sustancioso artículo escrito por Claudio Scaletta (Cash, 19 de noviembre pasado) respecto del tema SanCor. El autor hace varias preguntas que considero pertinentes, cuya contestación serviría para empezar a aclarar el tema. Ahora bien, a mí me gustaría incluir estas preguntas y sus respuestas en el tema “cooperativismo” a la luz de varias experiencias de los últimos 20 años. El mencionado diputado Polino, persona digna de todo respeto, debería ayudarnos a dilucidar lo referente a la Cooperativa El Hogar Obrero, empresa dirigida por sus compañeros del Partido Socialista, que cumpliera un importante papel durante muchos años promoviendo la vivienda social y como líder en la comercialización de alimentos y productos de primera necesidad, reconocida como positiva ayuda para la estabilidad de los precios para los consumidores de medianos y bajos recursos. Nunca se dio la explicación que la sociedad y los sectores progresistas merecían y necesitaban. Algo parecido pasó con el sistema de los bancos cooperativos caídos en la década de los ‘90. Pertenezco desde hace tiempo al movimiento cooperativo nucleado alrededor del Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos y siempre sostuve que estamos en mora acerca de las explicaciones por las causas de las caídas de nuestras propias entidades aparentemente respetuosas de las normas y las formas cooperativas. Faltó una discusión que podía y puede ser muy esclarecedora. Pienso que tanto en SanCor, como en El Hogar Obrero, el Banco Oceánico, el Local, el De la Ribera y otros, su caída no puede ser atribuida únicamente a la pérdida de la esencia cooperativa; me parece que la explicación debe ser más compleja. Las empresas cooperativas están sujetas como cualquier otra a las reglas inexorables del sistema en que actúan, y son afectadas como las demás por la corrupción, el nepotismo y la mala administración. Las cooperativas exitosas tienen que ver con una adecuación inteligente a las reglas del mercado, si son más o menos cooperativas sería una interesante discusión que habría que dar, con muchas preguntas que no se suelen hacer. Por ejemplo, ¿el éxito económico se traduce en beneficios comprobables para los socios? El avance del gerentismo –que, a no dudar, existe–, ¿disminuye la democracia interna? ¿Las cooperativas exitosas terminarán pasando de ser cooperativas de los asociados a ser empresas de los gerentes y funcionarios?

Gregorio Rensin
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