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Miércoles, 25 de junio de 2008

TEATRO › JORGE RICCI Y RAFAEL BRUZZA, DOS DéCADAS CON EL CLáSICO BINOMIO

La postergación de los sueños

Los autores e intérpretes santafesinos presentan su histórica obra en el Centro Cultural de la Cooperación, con dirección de Mauricio Kartun. “A los personajes les pasan veinte años y a nosotros también”, reconocen.

 Por Cecilia Hopkins

“¿Pero quién dijo que es inútil exiliarse de la vida? Qué cosa rara es ser artista...” Con estas palabras cierra su historia El clásico binomio, obra de los santafesinos Jorge Ricci y Rafael Bruzza. Dirigida por Mauricio Kartun, la pieza se presenta en el Centro Cultural de la Cooperación. Ninguno de los dos actores y directores, ambos responsables de la formación del Equipo Llanura, en Santa Fe, pensaron que continuarían representando este texto a lo largo de veinte años no sólo en el país, sino también en Europa y casi toda Latinoamérica. Ni tampoco que se constituyera en un estímulo para perfilar mejor la propia escritura, en el caso de Ricci, y para iniciarse en la carrera de dramaturgo, en el caso de Bruzza. Por otra parte, también El clásico... es un hito para el propio Kartun –fue él quien propuso concretar esta temporada en Buenos Aires, ya que sólo se habían realizado funciones aisladas– porque ésta fue su primera dirección. Además, la obra fue puesta por elencos de diferentes partes del país, de Jujuy a Caleta Olivia, algo que suele ocurrir con otros textos del Equipo Llanura: “Hay muchos grupos que se sienten muy próximos a nuestra dramaturgia, porque se identifican con lo que contamos. Así nos transformamos en una alternativa al autor de la Capital”, coinciden los destacados intérpretes en una entrevista con PáginaI12.

La obra presenta al dúo que anuncia el título –un guitarrista y saxofonista (Bruzza) y un recitador de glosas (Ricci)– desde el momento en que deciden apartarse de sus familias para consagrase por entero a la producción de un espectáculo que, según sueñan, los llevará directo a la fama. Mientras los artistas pasan de una pensión a otra sin salir nunca de los límites de la ciudad de Santa Fe, un fantasmagórico manager parece alentarlos desde algún lugar, prometiendo giras y asegurándoles que el éxito está por llegar en cualquier momento. De este modo transcurren veinte años, autoexiliados en una ciudad de provincia. “A los personajes les pasan veinte años y a nosotros también –afirma Bruzza–. Por eso, se establece una ligazón interesante en la ficción y en la realidad. Incluso, los personajes fantaseaban con actuar en lugares que después visitamos para hacer esta obra. Por eso pensamos que el espectáculo triunfa hablando de pesonajes fracasados”, concluye.

–Si bien con diferencias, ambos personajes son prototipos tangueros que van de pensión en pensión, ¿Por qué creen que El clásico... escapa del molde costumbrista?

Rafael Bruzza: –Por pertenencia generacional, nosotros somos herederos de dos estéticas: el absurdo y el grotesco. Y en este espectáculo se funden estas dos corrientes. Seguramente, por los diez años que nos llevamos, Jorge es más del grotesco y yo más del absurdo. Y aunque la obra tiene elementos que son muy identificatorios de un lugar particular, no se trata de un texto costumbrista. Entendemos que es porque no parte de una pintura, porque no hablamos del lugar sino desde el lugar.

Jorge Ricci: –Aunque yo ya había escrito otras obras, ésta fue el punto de partida autoral para los dos, porque fuimos desarrollando un lenguaje y manteniendo esta corriente que nace en ese umbral entre el grotesco y el absurdo, sin perder nunca las referencias a nuestro contexto histórico.

–¿En qué consiste ese exilio de la vida del que hablan los personajes?

R. B.: –El artista vive soñando mundos imaginarios. Vive en ese estado poético, como dice Bachelard, que hace que pierda interrelación con lo cotidiano. Ese es el exilio del artista, que sueña con esos mundos, también con tener éxito y trascender. Estos personajes no ven crecer a sus hijos... Eso no nos ocurrió a nosotros, pero yo recuerdo que a veces cuando estaba con ellos mi cabeza estaba en otro lado. Creo que la obra no es autobiográfica pero sí es referencial.

–¿Por eso dicen que El clásico... fue armada a la medida de ustedes dos?

J. R.: –También porque aprovechamos nuestras habilidades, como en el caso del saber musical de Rafael. Después, porque muestra cosas que nos pertenecen a uno o a otro. Hay situaciones que se plantean en la obra que son disparatadas o humorísticas, todo eso pertenece a Rafael. Y cuando surge una tónica similar a la poesía de Manzi, más lírica o nostalgiosa, allí estoy yo, porque son cuestiones que se continúan en mi dramaturgia. Hemos hecho una experiencia conjunta, una mixtura.

R. B.: –Sí, la obra es un ejemplo de convivencia: hay escenas escritas por Jorge, otras mías, otras de los dos, y también aportes de Mauricio. Somos diferentes y tenemos experiencias dispares en todo. Jorge es más melancólico y habla de una trascendencia metafísica, en cambio para mí el amor ha sido un hilo conductor en mis obras posteriores, como también la búsqueda y el fracaso.

–Ustedes conocen mucho el teatro que se hace en todo el país. ¿Cuál es su balance general?

R. B.: –Me parece que de diez espectáculos, sólo uno es bueno y merece recordarse. Y eso pasa en todo el país. A veces es un problema de fronteras, porque la obra no trasciende su lugar, está muy arraigada. Hay obras con un alcance mayor, otras más limitadas. Esto se ve claramente en la Fiesta Nacional del Teatro. Pero la producción teatral exorbitante de esta ciudad también está sujeta a estas características. Hasta el horario en que son programadas en una sala, eso también limita el impacto o trascendencia de una pieza.

J. R.: –En mi larga carrera de espectador he tratado de encontrar los buenos montajes y textos. Y siempre me ha pasado lo mismo, en el sentido de que las proporciones se mantienen: hay muchos estrenos, pero son pocos los que quedan en la retina o en la memoria, porque son los menos los que trascienden. En los años ’60 y ’70 también pasaba lo mismo. Yo ya no soy un muchacho, a veces me cuesta entenderme con ese teatro de muchachos. Aunque a veces me gusta que me lleven por delante con lo que hacen.

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“El espectáculo triunfa hablando de personajes fracasados”, coinciden Rafael Bruzza y Jorge Ricci.
Imagen: Gustavo Mujica
 
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