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Lunes, 6 de abril de 2009

TEATRO › MARTIN GINER Y GABRIEL CARRERAS, TEATRISTAS TUCUMANOS

“Hay un recambio muy interesante”

Los integrantes del grupo Calavera Teatro presentaron en la Fiesta Nacional que terminó ayer en Resistencia el unipersonal Medio pueblo. Y reflexionan sobre el movimiento creativo que se generó en el NOA en los últimos tiempos.

 Por Cecilia Hopkins

Desde Resistencia

Muchos son los que auguran un cambio climático y la inusual ola de calor que en estos días agobió a la Fiesta Nacional del Teatro que terminó ayer así lo confirma. Las largas colas que se formaron en las seis salas consagradas al encuentro mostraron un público entusiasmado y sudoroso, con la piel abrillantada sin excepción por el uso del repelente de mosquitos recomendado para prevenir el dengue, un tema de preocupación generalizado. Muchas son las anécdotas que llevan y traen los elencos, que además de presentarse en Resistencia se desplazan hacia alguna de las 12 subsedes del interior de la provincia, incluido el pueblo de Charata, foco de la enfermedad que ya causó dos víctimas fatales. No obstante el riesgo, los grupos parten con entusiasmo hacia Sauzalito, en el Impenetrable, La Tigra, Las Breñas o Taco Pozo, en el límite de Santiago del Estero.

Pasan las jornadas de la fiesta y, sin embargo, quienes están en Resistencia desde el comienzo siguen comentando algunos de los montajes de los primeros días. Como el espectáculo representante de Corrientes, Las hijas de Satarsa, una versión libre del cuento de Julio Cortázar por el grupo Germinal, con dirección de Lorena Busciglio; o Pan de cada día, historia sin palabras que presentó La Compasiva, de Temperley, provincia de Buenos Aires, bajo la dirección de Alfredo Badalamenti. Muy elogiadas también fueron las tres obras que representaron a Córdoba: W Invasión extraterrestre, de Gonzalo Marul; Edipo R, versión de la tragedia de Sófocles con muñecos y actores, con dirección de Luciano Delprato, y la brillante La fonda cordobesa, creación del personalísimo Paco Giménez.

Procedente de Tucumán se presentó en estos días Medio pueblo, unipersonal de Gabriel Carreras, con dirección del propio autor, Martín Giner, ambos pertenecientes al grupo Calavera Teatro, que viene trabajando desde hace nueve años en la capital provincial. Se trata de una historia narrada por uno de los sobrevivientes de la singular catástrofe sucedida en un pueblo dividido en dos mitades. El actor volvió a lucir sus cualidades expresivas, como lo hizo en Freak Show, obra del mismo grupo presentada hace tres años en el Festival Internacional de Salta. Representadas por medio centenar de muñecos de trapo erguidos sobre varas de madera, las dos partes del pueblo se dividen en “los antiguos”, aún sometidos al sistema de vasallaje, y “los modernos”, en plena revolución industrial. El atractivo conjunto tuvo su origen en el interés que Giner tiene por la pintura: “Tomé al puntillismo como técnica para intentar que, desde las notas de color individuales, fuese creándose algo mayor, en este caso, un pueblo definido como una suma de individualidades”, relató en conversación con Página/12, junto al intérprete del espectáculo.

–¿Cómo caracterizaría a una y otra parte del pueblo?

Martín Giner: –Busqué una forma de mostrar pares de opuestos. Quería representar la evolución humana en lo político y social. Cuando estrenamos la obra, muchos vieron reflejado el conflicto del campo. Lo interesante de hablar de cosas que se repiten y que están presentes en cualquier contexto es la resonancia que tienen, más allá de tu voluntad. Las dos partes del pueblo sufren lo mismo, la explotación y alienación. Y esto hoy también ocurre. Las cosas hubiesen sido diferentes de haber mantenido la unidad cuando tuvieron un objetivo común. Pero faltó la cabeza...

–¿La obra alude a una revolución?

M.G.: –El deseo de rebelarse está siempre presente en todas las sociedades, sólo que algunas se quedan esperando y otras, van y la hacen. Me gustó ir reconstruyendo en la obra –de manera fantástica, si se quiere–, el cómo se va armando una revolución, como una bola de nieve que se inicia a partir de una causa ínfima. Me parece interesante la idea de revolución más como motor que como fin. Ese deseo es también útil como búsqueda para que el estado de las cosas cambie.

–¿Este grupo siempre trabaja desde el humor?

M.G.: –Sí, todo lo que escribo por iniciativa propia es de carácter humorístico. Creo que todavía la comedia está bastardeada, porque no es considerada teatro serio. Pero a mí me parece una herramienta fantástica para comunicarse. Es un desafío a la inteligencia y el ingenio. Hay ideas, incluso, que encuentran mejor llegada al público a través del humor. Me gusta encontrar un estilo de obra y luego trabajarlo desde el humor, como hice en 75 puñaladas, con el relato policial.

–¿Cómo ven el desarrollo teatral en Tucumán y en el resto del Noroeste?

Gabriel Carreras: –Tucumán tiene una historia muy antigua de teatro que comienza con el radioteatro y está en un nivel por encima de la producción de las otras provincias del NOA, en cantidad y calidad. Pero, en general, todas están en crecimiento: Jujuy está haciendo cosas muy interesantes, Salta acompaña, y algo más atrás vienen Santiago y Catamarca. Lo que es interesante es el recambio general que se está dando, porque hay gente muy joven que está integrando nuevos grupos.

M.G.: –También hay que tomar en cuenta la densidad de teatreros de cada provincia. Santiago tiene menos grupos y menos oportunidad de ver el trabajo de otros compañeros.

G.C.: –A medida que uno va produciendo, ve que en Tucumán existe la posibilidad de vivir del teatro, de la docencia y la actuación. Se está desarrollando el cine y la televisión, que está cambiando mucho. Hubo algunos unitarios, pero también hay programas de ficción, como República de Tucumán, en el que actúo y también participo como guionista.

M.G.: –Me parece que sobre la constancia se va construyendo. Tucumán está creciendo mucho y se abren las posibilidades, incluso en las salas oficiales.

G.C.: –Creo que se moviliza algo y crece todo el resto. Y esto se lo puede relacionar con la obra, porque en Medio pueblo también está presente esto del cambio que surge desde lo individual hacia una transformación mucho mayor.

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“Busqué reconstruir cómo se va armando una revolución, como una bola de nieve”, dice Giner.
 
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