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Lunes, 6 de abril de 2009

CINE › EL PROXIMO JUEVES SE INAUGURARA EL COMPLEJO ARTE CINEMA

“La idea es darle algo más al espectador de cine”

En las tres salas acondicionadas a nuevo en el barrio de Constitución se exhibirá cine de autor, tanto argentino como extranjero. “A las buenas películas hay que verlas en las mejores salas posibles”, dicen los creadores del Complejo.

 Por Oscar Ranzani

El sur también existe. El edificio ubicado en Salta 1620, que en los años ’60 supo ser el cine-teatro Variedades, donde durante mucho tiempo presentó obras teatrales Darío Víttori, y que luego pasó a ser un cine de exhibición de películas condicionadas, está de estreno. Ha sido reciclado completamente y convertido en el moderno Complejo Arte Cinema, donde se exhibirá cine de autor tanto nacional como extranjero (europeo, asiático, latinoamericano, norteamericano, etcétera), en estrenos exclusivos. “El proyecto surgió por la necesidad de generar un circuito de arte que no hay en Buenos Aires con las características que nosotros queremos, buscando un cine que tenga más tiempo y más espacio para estar en las salas y que podamos encontrar material de distintos países y que el producto nacional pueda estar con más continuidad, como se lo merece”, señala Fernando Sokolowicz, experimentado productor cinematográfico, profesión que comparte con sus socios en este emprendimiento privado que contó con el apoyo del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (Incaa) y del gobierno de la ciudad: Pablo Rovito, Daniel Burman (también cineasta), Diego Dubcovsky y los españoles José María Morales y Miguel Angel Morales. La estructura edilicia de Arte Cinema está compuesta por tres salas que albergarán 260 espectadores (dos con 60 butacas cada una y una con 140). Las tres están preparadas para proyectar películas en 35 mm, aunque una de ellas será utilizada también para exhibir films en formato digital, con una mayor calidad que el DVD, ya que se podrá proyectar en beta o en sistema Blu-Ray, ambos superadores de la definición del DVD. “Igual, por las características de la sala, aun proyectando en DVD, se va a ver muy bien”, asegura Rovito. “Cuando la gente vea las salas se va a dar cuenta que las condiciones de éstas, del sonido, de la proyección y de las butacas son excelentes”, explica Sokolowicz. “Hay como una mala idea de que para ver buen cine hay que verlo en cualquier lado. Y nosotros creemos que el buen cine hay que verlo en las mejores salas posibles”, analiza Rovito. Sobre el buen cine que, generalmente, se ve en malas condiciones, Burman opina que “no es que a los dueños de salas de cine-arte les gusta que se vea mal, sino que hay una realidad económica: la inversión necesaria para generar condiciones técnicas adecuadas es altísima y totalmente desproporcionada con el negocio. No es una cuestión de estilo: las salas fueron cerrando porque económicamente son proyectos muy difíciles de llevar a cabo. Nosotros tenemos una cuota de irracionalidad y romanticismo que hace, por un lado, que creamos que es posible y, además, la cuota racional de que creemos que hay un público exigente que quiere ver buen cine en buenas condiciones y ese público tiene que tener un lugar a donde ir a ver las películas”.

Arte Cinema tiene también un bar y en el interior del complejo hay un mural que realizó la artista plástica Alejandra Olivari. La idea es que esto sea rotativo, es decir que, dos o tres veces al año, se modifique el mural y se pueda exponer arte contemporáneo argentino en ese espacio. En un futuro no muy lejano, piensan incorporar otras actividades como, por ejemplo, la venta de DVD, CD y publicaciones sobre cine.

Arte Cinema inaugurará al público este jueves con tres estrenos exclusivos: en la sala más grande se proyectará La teta asustada, película de la realizadora peruana Claudia Llosa, que obtuvo el Oso de Oro a la Mejor Película en el último Festival de Berlín, celebrado en febrero de este año. El film de Llosa también cosechó el premio de la crítica internacional del prestigioso certamen internacional. La teta asustada está inspirada en el mito andino de que las mujeres violadas durante la guerra contra la guerrilla en Perú traumatizaron a sus hijos al amamantarlos: esto es conocido como “la enfermedad del miedo”. La presencia del cine nacional comenzará con el estreno de El asaltante, ópera prima de Pablo Fendrik, que fue premiada en el Bafici 2007 y que participó en la Semana de la Crítica del Festival de Cannes del mismo año. El tercer estreno será un documental de autor: El telón de azúcar, de Camila Guzmán, hija del documentalista chileno Patricio Guzmán, que indaga en la historia de su generación en la Cuba revolucionaria. Vale destacar que la programadora de Arte Cinema es Virginia Petrozzino, que fue productora general del Festival de Cine de Mar del Plata y del Bafici. Otra de las ideas que pensaron los directivos de Arte Cinema es que un sábado al mes se puedan realizar funciones de trasnoche con películas musicales. “Vamos empezar con Luca, de Rodrigo Espina”, comenta Rovito, mientras Dubcovsky agrega que el objetivo es que “las películas que lo permitan tengan algún atractivo adicional para el espectador. En el caso de Luca, es muy probable que Andrea Prodan venga a tocar cuatro o cinco temas, antes de la película, y en otros, que los directores o los actores vengan a hablar con la gente. Es decir, tratar de darle algo más al espectador que se acerca a la sala”. La modalidad de exhibición será similar a la de cualquier otra sala: los siete días de la semana, con cinco funciones diarias por película. “Lo que va a ser diferente es la programación, no la dinámica de exhibición”, aclara Dubcovsky, quien agrega que “la exhibición hoy es una especie de picadora de carne: una película detrás de otra. Hay películas que aun funcionando bien se van de cartel porque vienen otras nuevas. La idea nuestra es tratar de que tengan una continuidad, que si a las películas la gente las acompaña de una manera razonable, podamos garantizarles una continuidad y que el espectador que, en una semana por ahí no la pudo ver, tenga dos, tres o cuatro semanas para poder ver los films que quiere”.

Sobre la decisión de ubicar el complejo en el barrio de Constitución, Sokolowicz resalta que de la Avenida de Mayo hacia el sur no hay salas. “La mitad de la ciudad no tiene salas de cine y era nuestro desafío. Las salas de arte, generalmente en otros países, empezaron en zonas donde hay problemáticas sociales, alrededor de estaciones de trenes y, a partir de ahí, se fueron generando polos positivos de atracción de público y mejorando la zona.” Sokolowicz agrega que esto pasó no sólo en algunas zonas de Europa sino también en Nueva York. Burman ejemplifica con lo que sucedió con MK2, una cadena “que nació en Francia y que se empezó a ubicar en lugares supuestamente desfavorables, provocando un cambio urbano, en el sentido de que en todos los lugares donde se fue estableciendo esta cadena generó un desarrollo inmediato en las zonas de influencia”. Rovito la describe como una zona muy favorable para instalar el complejo: “Cuando nos preguntan por qué Constitución, decimos que es un lugar privilegiado. Estamos a dos cuadras de la Escuela de Cine de SICA, a siete cuadras de la FUC, a diez de la Escuela de Cine del Incaa, a cuatro cuadras de la Universidad Interamericana, a ocho de la UADE, a cuatro de la Universidad de Sociología. Quiero decir: es un ámbito donde se mueve gente que naturalmente uno entiende que ve cine y que quiere ver buen cine en buenas condiciones. Y además tenemos, adicionalmente, a toda la gente que vive en la zona sur de la provincia de Buenos Aires y que con el tren eléctrico llega muy fácil a la zona de Constitución: Banfield, Ezpeleta, Berazategui, etcétera”. Dubcovsky explica que “hay un proyecto muy ambicioso del gobierno de la Ciudad para trasladar las dársenas, modificar lo que hay debajo de la autopista, que entendemos va a ayudar a potenciar el éxito del cine”.

“No solamente”, contesta Sokolowicz acerca de si el público al que apuntan es el que va al Bafici. “Es el que va al Bafici pero mucho más ampliado. En el Bafici, hay un segmento de edad que no llega por sus características, por sus tiempos, por su organización o por dificultades para conseguir entradas. Quiere decir que hay un público mayor de cuarenta años al que le cuesta ir al Bafici pero que tiene necesidad de ver un cine de arte”, explica Sokolowicz. El director de El abrazo partido señala que “también hay una idea en el último tiempo de que la gente que ve buen cine es la que solo va al Bafici o vive en Palermo. En Constitución hubo hace unos cuantos años, pero no tanto, cinco salas de cine. Y viven personas normales, de carne y hueso que tienen un trabajo y que, en cierto momento, tienen ganas de ver una buena película. Y que no necesariamente pertenecen a cierto circuito”. Rovito vive en una zona cercana a Arte Cinema. “Y los vecinos me preguntan qué cine vamos a dar. Cuando les cuento, me dicen: ‘¡Qué bueno! ¿Vamos a poder ir a ver buen cine en el barrio?’. Nadie pregunta por qué no voy a dar El hombre araña. O sea, hay como un prejuicio instaurado de que la gente está esperando solo un tipo de cinematografía y la verdad es que eso no es cierto. Por lo menos, a priori, no lo es. Nosotros somos consumidores de cine y muchas veces nos pasa, como a mucha gente, que agarramos la cartelera y no tenemos qué ir a ver.”

Con respecto a la escasa cantidad de espacios para el cine de autor, Sokolowicz entiende que “no se ha armado hasta ahora un circuito de salas de cine de autor porque los grandes complejos y las multisalas no tienen ninguna intención en ese aspecto”. Sokolowicz sostiene que el circuito de exhibición tal como está planteado en la actualidad está pensado exclusivamente para “un target comercialmente masivo y que no cubre las necesidades de otro público que es más segmentado pero que tiene otras necesidades. De hecho, cuando uno ve materiales en los distintos festivales que tienen un valor y pensamos que podrían exhibirse en la ciudad de Buenos Aires, como el caso del Bafici, Mar del Plata u otros festivales, esos productos no pueden ser exhibidos en la Argentina porque los circuitos comerciales no lo entienden así. Entonces, nosotros pensamos cubrir esa necesidad, en la medida que podemos por el tamaño de nuestras salas”.

Rovito señala que “es muy complejo el tema de la exhibición. El cine, desde hace muchos años, se ve de muchas formas distintas. Antes, cuando nosotros éramos chicos, había que ir a ver películas a las salas. O sea, si era cine, se veía en el cine. No había otro lugar. Hoy ves películas en televisión, en los celulares, en DVD: hay todo un circuito que consume películas de otra manera. De alguna manera, las salas de exhibición para cubrir ese problema de traslación de espectadores se han ido volcando al cine más masivo, al que convoca mucha más gente porque en el volumen la pérdida es menor. Esto le va quitando espacios a las cinematografías distintas, que están pensadas para un público que quiere ver cine experimental, que quiere ver algo te requiere pensar y no recibir todo digerido. Necesariamente, la dinámica de la realidad ha hecho que los exhibidores entiendan que la única manera de solventar el negocio es multiplicar las funciones y las salas de cine masivo. Y eso le ha ido quitando espacio a otras cinematografías. Nosotros tratamos de darle espacio a todo eso que quedó afuera. Creemos que hay un error de concepción en pensar que no hay un público para otra cosa”.

Es obvio que las películas de autor se diferencian de las que desembarcan con cien copias y gastan millones de dólares en publicidad. Pero, ¿crear este tipo de espacios colabora para frenar al menos un poco esa lógica desenfrenada de mercado? “La lógica del otro mercado va a continuar tal cual es –opina Sokolowicz–. Nosotros, lo que estamos ampliando es el mercado de los productos que no podemos llegar a ver porque no llegan a las salas, o se levantan en la primera semana, aun siendo de buena calidad. Quiere decir que, en el mejor de los casos, lo que estamos ampliando es el mercado a un segmento que si no, no puede ver sus productos. Nosotros no competimos ni le quitamos mercado a nadie. Lo que hacemos es ampliar algo que ellos no cubren.”

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Daniel Burman, Diego Dubcovsky y Pablo Rovito, tres de los responsables del emprendimiento.
Imagen: Alfredo Srur
 
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