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Sábado, 11 de julio de 2009

TEATRO › EL ADIóS A CARLOS PAIS, AUTOR DE GUACHOS Y WELCOME LOS AMOS

Una pluma para “los caídos del mapa”

El dramaturgo, que murió a causa de una enfermedad respiratoria, supo focalizar en “marginados y marginales”.

 Por Hilda Cabrera

“La sociedad fabrica pobres”, decía en 2005 el dramaturgo Carlos Pais, que falleció el jueves a causa de una enfermedad respiratoria. Aquélla no era una frase más en este autor que rescató a través de sus obras a los desplazados del sistema. Asumía que “cada autor tiene uno o dos temas básicos que va desarrollando a lo largo de su vida, y desde distintos ángulos, y éste –el de los marginados y marginales– es uno de los que me atrae”. Ese fue su comentario cuando estrenó Guachos, donde Poyo o Poyito mojado era el desclasado que parecía no sufrir su condición de tal, a diferencia de Patricia, la chica que descubre haber sido adoptada y necesita saber quiénes son sus padres. Aquellas diferentes miradas sobre “los caídos del mapa” lo acicatearon desde la inicial Welcome los amos, de 1972, año en que sumó a su oficio de actor y director el de dramaturgo. Con ese personaje de Welcome..., encerrado en una gran jaula y a merced de “dos tipos extraños”, intentaba radiografiar “la dependencia mental de los argentinos”.

En aquella obra nacida tras su pionero montaje basado en textos de Roberto Arlt, germinaban otros temas caros a Pais, desplegados –entre otras dramaturgias– en Punto muerto, Vivir en domingo (en colaboración con Patricio Esteve), Somos como somos, La procesión de los que suben, Viviente jardín (junto a Francisco Cocuzza), El hombrecito, Soledad Tango y De cirujas, putas y suicidas, espectáculo compuesto por cuatro obras, una propia y las restantes, de los dramaturgos Roberto Cosa, Marta Degracia y Roberto Perinelli.

Cuando se van personas de la calidad humana de Pais, no falta quien diga que Dios se distrajo. Pais solía responder con actitudes solidarias a los reclamos. Se lo veía dispuesto también a las convocatorias del ambiente teatral, entre las últimas, la protesta explícita para que cesara la demolición del edificio que en otro tiempo cobijó al Teatro El Picadero, sede de Teatro Abierto 1981, movimiento cultural de resistencia que la dictadura militar no logró abortar con su bomba incendiaria. Pais colaboró activamente en tres de los ciclos de T.A., estrenando La oca (1981), dirigida por Osvaldo Bonet; Bar La Costumbre (1982) y Blues de la calle Balcarce (1983).

Nacido en Santa Fe en 1934, optó por radicarse en Buenos Aires en 1968, donde creó esas obras que lo distinguían. Llevó a un primer plano una cotidianidad nunca plana, traducida con humor a veces, y a partir de un realismo de cuño propio: “No quiero ser realista sino irrespetuoso frente al realismo”, decía. Ese mundo creativo asoma en el volumen Del teatro de humor al grotesco, editado recientemente por el Instituto Nacional del Teatro, con prólogo de Roberto Cossa. Allí pueden leerse títulos tan dispares como Amor al aire libre; Hay que vivir y dejar vivir; Guachos y Días eternos. Esta última obra –hoy dirigida por Gladys Lizarazu– integra el programa de giras federales que impulsa la dirección del Teatro Nacional Cervantes.

Pais supo tocar otros temas medulares. Uno de éstos, la soledad abismal que conmovió al público a través de Extrañas figuras, pieza con título de letra de tango estrenada en 1993, donde la protagonista (que entonces compuso Leonor Manso) es una cantante de tangos que padece el secuestro de su hija. Este trabajo –por el cual Pais recibió el Premio Nacional de Teatro del período 1992/1995– tuvo continuidad en Soledad Tango, espectáculo que interpretó Perla Santalla, dirigió Manso y se ofreció en “Jueves de la Memoria”, ciclo que –a modo de Teatro por la Identidad– organizó el Teatro del Pueblo, sala pionera del teatro independiente.

De este autor “que halló la manera de rescatar eso que le importaba” –según sus palabras– se recuerda su no tan lejana y emocionada presentación en el tributo a dos grandes artistas, Sarah Bianchi y Carlos Gorostiza. En ese acto, Pais recordó a otro pionero del género del títere, Ariel Bufano, e hizo propia una declaración de este artista que en vida relacionó a los títeres con el deseo de paz, amor y libertad, y enunció aquello que les era ajeno a él y a sus muñecos: el odio, la esclavitud, el hambre y las dictaduras. Era evidente que Pais –identificado con lo dicho por Bufano– necesitaba rescatar esa convicción en aquella ceremonia organizada en Argentores, entidad en la que se de-sempeñó como coordinador del área de Cultura y “trabajó fuerte”, junto a Roberto Cossa y colaboradores, “para lograr una mayor transparencia” institucional. En otro rol integró la Fundación Carlos Somigliana (Somi), fue nombrado director adjunto del Teatro Nacional Cervantes (entre 1984 y 1986) y coordinador artístico del Teatro San Martín. En el circuito oficial estrenó Los derechos de la salud, una versión de El grito pelado, de Oscar Viale; y Guachos, espejo de una realidad devastadora sobre la cual había advertido en Noche de parias, pieza estrenada en la década del ’90, cuando “todavía se buscaba no quedar afuera del sistema”.

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Carlos Pais escribió Punto muerto, Somos como somos y El hombrecito, entre otras obras.
Imagen: Pablo Piovano
 
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