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Martes, 6 de octubre de 2009

TEATRO › ANDREA GARROTE ES LA AUTORA, DIRECTORA Y ACTRIZ DE NIñOS DEL LIMBO

A flotar con la clase media

El limbo ideado por la tradición católica, adonde iban los niños sin bautizar, tiene su analogía en la obra con el encierro de cierto sector ilustrado de la sociedad que no siente culpa por los devenires políticos o sociales.

 Por Cecilia Hopkins

Al menos hasta 2007, el limbo era, para la tradición católica, el lugar donde moraban las almas de los que morían de niños, sin bautismo y sin haber cometido ningún pecado. Luego de que la Comisión Teológica Internacional se expidiera y decretara que el limbo no era más que “una hipótesis teológica, entre otras”, la actriz, directora y dramaturga Andrea Garrote tomó el tema para la escritura de su obra Niños del limbo, hoy en cartel los sábados y domingos en El Camarín de las Musas, Mario Bravo 660. “El limbo fue invalidado por la misma institución que le había dado entidad unos siglos antes”, razona. “Ahora dicen que es un espacio imaginario, que no existe más.” En realidad, la autora se refiere al tema en cuestión para hablar de los sectores medios de la sociedad argentina.

Pero, ¿cómo relaciona Garrote al limbo con la clase media? La acción de la obra se sitúa en el living de Martina, donde funciona un taller de escritura creativa. La profesora intenta por todos los medios salvaguardar ese espacio de cualquier dato proveniente del afuera. El caso es que, durante sus reuniones y sin advertirlo, un grupo comando prepara una acción terrorista inspirado en una de las obras que ella menciona en el transcurso de la clase. Así, las situaciones que se generan mueven a la risa constantemente. “Ella no puede leer los datos de la realidad”, explica Garrote. “Tiene un saber para ofrecer, pero también tiene un gran problema de relación con los otros.” Por otra parte, como afirma la autora, “la ficción y la realidad tienen una enorme vinculación, son conjuntos infinitos que interactúan entre sí”. El elenco está integrado por Amanda Busnelli, Guillermo Jacubowicz, Alejandro Pérez, Javier Rodríguez, Mariano Sayavedra, Alejandro Zingman y la misma Garrote. La música original es de Federico Marquestó; la escenografía y las luces, de Pedro Piana y Santiago Badillo.

Curiosamente, Garrote terminó la primera versión de la obra mientras era alumna del taller de dramaturgia de Javier Daulte. La actriz y directora ya había escrito otras obras, como La dama y el tigre o La ropa, obra que fue montada una infinidad de veces, tanto en la calle Corrientes como en el interior del país o en estudios de actuación. Por otra parte, algunos de los personajes que aparecen en Niños... ya estaban prefigurados en alguno de los ocho capítulos de Mi señora es una espía, serie que se emitía por la desaparecida señal de cable Ciudad Abierta. Allí estaban la diva de televisión, el escritor mediático, los espías y hasta el living. Otro dato curioso: de los actores que la acompañan en esta oportunidad, salvo Rodríguez, los demás integrantes del elenco fueron alumnos de sus talleres. “Me gusta generar un lazo de complicidad con el actor, entrar en duda o incluso reírme de mí misma, desde el rol de autora, directora y actriz”, afirma Garrote.

Si en principio el limbo es un espacio imaginario donde van los que no tienen culpa, la autora pensó en que éste podría ser el ámbito ideal para el refugio de cierta clase media ilustrada que no siente culpa por los devenires políticos y sociales. Así entonces, el limbo también puede ser la torre de marfil de todo aquel que ejerce una actividad artística o intelectual. “Tener mucho conocimiento sobre algo no te hace mejor persona, eso lo da el hecho de poner ese conocimiento en relación con la propia comunidad”, reflexiona Garrote. La autora afirma que “al no sentir ningún tipo de conexión representativa con algún grupo o acción masiva, y percibir con angustia el juego del poder como indigno y cruel, se comete el pecado de la omisión”. Pensar en los individuos que, desmovilizados, se aíslan y preservan sus conocimientos de los demás fue, en parte, producto de una lectura reveladora: La promesa de la política, de Hanna Arendt, ensayo en el que se reflexiona sobre la desvinculación entre filosofía y política.

“Hablo de política en cuanto a la producción de pensamientos relacionados a cómo vivir mejor entre nosotros”, explica Garrote. “Hay filósofos que se ocupan de abstracciones y no se detienen a pensar sobre temas que tienen que ver con la comunidad, para que haya debates que tengan un nivel mayor al que estamos acostumbrados.” Si bien Niños... transcurre en un taller literario, la autora es consciente de que el aislamiento también sucede en el teatro: “Nosotros ensayamos encerrados, a pesar de lo que sucede afuera. Allí estamos en nuestro limbo, alimentándonos de ficciones”, afirma. Y advierte: “Pero no estamos a salvo en la anestesia y en la ceguera del aislamiento”.

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“Tener mucho conocimiento sobre algo no te hace mejor persona”, reflexiona Garrote.
Imagen: Daniel Dabove
 
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