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Sábado, 2 de octubre de 2010

TEATRO › ENTREVISTA A EVA HALAC, POR LA OBRA TEATRAL 1810

“Una reflexión teatral sobre la patria”

La directora aborda un texto escrito por Martín Coronado para festejar el primer Centenario, estrenado en su momento por los hermanos Podestá en el Teatro Apolo. La obra muestra cómo repercuten los sucesos de mayo en el seno de una familia heterogénea.

 Por Cecilia Hopkins

Titiritera de formación multidisciplinaria, la directora Eva Halac tiene en su haber una obra prolífica y variada que se ha ido integrando gradualmente a los más diversos formatos del teatro popular. Con el paso del tiempo, Halac pasó a interesarse cada vez más en el teatro de actor. Aunque, tal vez, lo único que la directora ha ido cambiando es la perspectiva, dado que, después de todo es cierto que “detrás del títere siempre hay un actor”, tal como ella afirma. En todo caso, ya sea que trabaje con objetos, imágenes o actores, para la artista hay cuestiones que están en la base de su experimentación teatral: la necesidad de perseguir un instante de revelación y de crear emociones para compartirlas con el espectador. En caso de trabajar con texto, Halac juzga fundamental contar con un material literariamente noble (ver recuadro).

“El teatro siempre está contando una ficción, no creo que haya un teatro histórico”, afirma la directora en una entrevista con Página/12, aun cuando el estreno bajo su dirección de 1810, de Martín Coronado, pareciera estar diciendo lo contrario en este año de festejos patrios. Las historias urdidas en torno de la Revolución de Mayo capturaron su atención desde hace varios años, cuando comenzó a sentir que “leer teatro argentino es leer teatro sin traducción, por la identificación que se establece con ese material”. De la obra original realizó apenas unos cortes: “Quise respetarla conceptualmente –explica la directora– y cuidé encontrar una imagen cotidiana y fresca para que la obra no se convirtiese en un friso de época”, resalta. Tampoco quiso hacer una versión demasiado personal porque, al ser un material muy poco conocido, le pareció que no era justa con el autor: “No hice lo mismo cuando trabajé con Juan Moreira o Un guapo del 900, porque son obras muy conocidas por todos”.

Escrita por Coronado para festejar el primer Centenario y estrenada por los hermanos Podestá en el Teatro Apolo, 1810 muestra cómo repercuten los sucesos de mayo en el seno de una familia conformada por un matrimonio español de comerciantes, y la hija de ambos, novia de su primo, teniente de Patricios y revolucionario. Comparte la vivienda otra sobrina casada con un inglés, el principal promotor en la casa de las nuevas ideas. El elenco está integrado por Ingrid Pelicori, Manuel Vicente, Pepe Monje, Paloma Contreras, Monina Bonelli, Darío Guersenzvaig, Marcos Martínez, Lucila Rada, Claudio Rodrigo y Manuel Novoa.

En un momento clave de la obra, cruzan la escena algunas imágenes del festejo del segundo Centenario con el objeto de poner en una perspectiva actual la algarabía de los revolucionarios de entonces. Halac no duda de que va a perdurar la euforia festiva del último 25 de Mayo: “Creo que hubo una emoción genuina en la gente. Y los más jóvenes necesitan tener una historia y entenderla: es bueno que sepan que la Revolución de Mayo fue exitosa y muy importante como parte de una construcción, de un proceso”. De Coronado, un autor casi olvidado que escribió la mayor parte de su obra en verso, Halac piensa que es “muy auténtico, siempre referido a una idiosincrasia local y con personajes muy verosímiles”.

¿Cómo encaró la puesta de 1810?

–La pensé como si se tratase de una ópera verista, por el verso y por la estética del melodrama que propone. Leí muchas obras sobre el tema de la Revolución de Mayo y encontré en la mayoría un tratamiento muy precario. Se notaba que fueron escritas para la ocasión. Me interesó esta obra porque fue escrita por un poeta, por un autor que estaba entre los artistas e intelectuales a quienes les tocó crear el mito de la patria.

¿A qué se refiere cuando dice “el mito de la patria”?

–En 1810 estaban los protagonistas. Diez años después de los hechos había que tener un relato histórico de lo sucedido. Junto a la Generación del ’80, los intelectuales de la primera década del siglo XX crean un imaginario de patria. Se pusieron al hombro la responsabilidad de seleccionar qué debía ser contado y por qué. Para esa historia también crearon un orden de valores. Imagino el vértigo que debieron sentir ante la posibilidad de crear un mito fundante.

¿Desde qué lugar habla la obra sobre la idea de patria?

–Lo más original del texto es mostrar el fin de un imperio, contar su caída desde el interior de una familia. La idea de patria provoca imágenes y sentimientos parecidos en todos los pueblos. En cada uno de sus integrantes esa idea, como concepto filosófico, despierta la misma nobleza de sentimientos. Por eso, en ese plano no hay personajes ni buenos ni malos. Coronado no juzga a sus personajes y eso me gusta. No se pierde la justicia del teatro, el hecho de que sea el espectador quien saque las conclusiones.

¿A qué conclusión arriba la pieza?

–Para mí 1810 es una reflexión teatral sobre la patria: termina con una lucha de símbolos representada y sintetizada por los colores de las cintas celestes y blancas de los patriotas y rojas y amarillas, de los españoles. Pero también tiene una dimensión trágica porque se entrevé el futuro que vendrá, las batallas que habrá que librar a partir de ese momento. En este sentido, no es una obra romántica porque no tiene una mirada ingenua sobre la historia.

¿No sintió ninguna contradicción con el personaje del inglés, tan simpático y bien intencionado?

–Es un personaje de la época de la Revolución de Mayo, un personaje que quedó “perdonado” luego de las Invasiones Inglesas. Los ingleses fomentaban los ideales revolucionarios. Los conceptos de victoria se relativizan porque aquel que fue vencido luego aparece como vencedor.

Pero la historia siguió avanzando y es inevitable ver a este personaje desde otro lugar.

–Claro, después de Malvinas... Pero yo no quería desviar la atención del tema central. Además me gusta que se genere esa incomodidad. De todos modos, yo creo que los personajes de Martín Coronado son individualidades con color y vida propia, no representan un colectivo social. De modo que no los tomé como símbolo de una totalidad.

¿Se identifica con el teatro que se hace hoy en Buenos Aires?

–En los ’60 y ’70 había un teatro de denuncia. Hoy el teatro denuncia al propio teatro, y desde hace unos años, el teatro viene hablando de sí mismo, de la crisis de la representación. Claro que no está mal que eso suceda, pero a mí me interesa el argumento, que me cuenten una historia. A mí me gusta trabajar con la emoción porque también como espectadora es lo que me gusta llevarme de una obra.

* La obra va en el Teatro de la Ribera (Pedro de Mendoza 1830), sábados a las 18 y domingos a las 12.30 hs.

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Halac señala que es fundamental contar con un material literariamente noble.
Imagen: Leandro Teysseire
 
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