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Sábado, 2 de octubre de 2010

MUSICA › HAYDéE SCHVARTZ EN EL CENTRO NACIONAL DE LA MúSICA

El género como punto de partida

La pianista presentará, con entrada gratuita,una colección de tangos escritos por diversos compositores “contemporáneos”.

 Por Diego Fischerman

A veces son apenas dos notas; sol-do, por supuesto. En ocasiones, un arrastre. O algo que apenas podría describirse como un gesto. La colección de tangos escritos por diferentes compositores “contemporáneos”, comenzada por el pianista estadounidense Yvar Mikhashoff y continuada por su discípula, la argentina Haydée Schvartz, está signada por la distancia. John Cage, el norteamericano nacionalizado mexicano Conlon Nancarrow o Karlheinz Stockhausen son algunos de los que, casi como un juego, aceptaron el desafío de escribir a partir de lo que ellos entendían –o de lo que les interesaba– del tango. Schvartz hará el mes próximo dos conciertos en México DF –en el Colegio Nacional y en la Casa del Lago– con una selección de este material. Y hoy lo adelanta, a las 17 y con entrada gratuita, en la Sala Guastavino del Centro Nacional de la Música (México 564).

El concierto, que forma parte del ciclo de música contemporánea programado por el compositor Juan Ortiz de Zárate, incluirá, además de muchas de las piezas encargadas y recopiladas por Mikhashoff, algún descubrimiento de Schvartz, como el tango que posiblemente Puccini escribió cuando estuvo en Buenos Aires, y los nuevos tangos que escribieron para ella compositores argentinos como Gerardo Gandini, Santiago Santero, Pablo Ortiz, Gabriel Valverde, Mariano Etkin y Marcelo Delgado, entre otros. “La historia de esta colección tiene que ver, en parte, con que Mikhashoff, además de ser un pianista extraordinario, había sido, en su juventud, bailarín profesional de danzas de salón. Competía y su especialidad era el tango. Lo demás creo que se relaciona con que él tenía una perspectiva muy norteamericana del espectáculo. Se le ocurrían cosas como grandes maratones y supongo que lo de recopilar tangos, de Erik Satie, Aaron Copland o Kurt Weill, por ejemplo, y encargar otros a compositores que no eran músicos de tango le pareció interesante. Creo que la cuestión pasa precisamente por esos juegos de acercarse o alejarse a algo muy reconocible para hacer algo diferente. Obviamente, la perspectiva de los compositores argentinos es diferente, porque ellos no tratan de aprehender el tango, el lenguaje lo dan por sentado y más bien disparan para otro lado. Si tuviera que encontrar un punto en común en la parte argentina de la serie diría que es un color oscuro. Para los extranjeros, tal vez, la idea del tango está ligada a sus aspectos más externos, más aparentes, y para los argentinos a algo que está detrás, una cierta melancolía. En realidad, creo que lo que se nota es el estilo de cada compositor. Y justamente la consigna en común pone en escena las diferencias.”

Schvartz, que suele tocar repertorios a los que muy pocos se les animan y que pueden ir desde George Crumb a Helmut Lachenmann, se caracteriza por un control extremo del timbre y el color instrumental, además de por un fraseo de gran detalle y sutileza. Tal vez sea por eso que la seducen esas diferencias y que se entusiasme con la idea de tocar durante más de dos horas, como lo hará hoy a la tarde, piezas que duran unos pocos minutos y en cada una de las cuales debe crear un universo particular. “Lo del tango es un punto de partida”, dice a Página/12. “Es como un juego, pero a mí me interesa tocar estas piezas con el tango como idea de fondo. Aunque no soy una pianista de tango, desde luego, supongo que es imposible no tocar estas obras con una pequeña carga particular que tiene que ver con que los tangos forman parte, aunque sea inconsciente, de la vida de uno. En rigor, en muchos casos hay que prestar mucha atención para descubrir algo que tenga que ver con el tango. En la obra de Nancarrow, por ejemplo, hay un ritmo intrincadísimo y, sí, el tango está por debajo pero es casi imposible oírlo. O en el caso de un tango minimalista de William Duckworth, donde las notas sol-la-sol-do son una constante y para él vienen del tango pero no suenan a tango para ninguno que escuche.” Mikhashoff comenzó esta colección en 1984 y la legó testamentariamente a Schvartz, quien había sido alumna y colaboradora suya en Buffalo (grabaron juntos la obra de John Cage para piano a cuatro manos). El concierto de hoy incluirá, además de las composiciones argentinas, piezas de William Schimmel, Walter Zimmermann, Weill, Copland, Stockhausen, Puccini, Laszlo Szary, Jackson Hil, Coriún Aharonian, Frank Raschke, Duckworth, Lukas Foss, Nancarrow, Jo Kondo, Mario Lavista, Scott Pender, Dane Rudhyar, Satie y Cage.

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Schvartz es discípula del estadounidense Yvar Mikhashoff.
 
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