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Lunes, 1 de noviembre de 2010

TEATRO › LUCIANO SUARDI Y SILVIA BAYLE HABLAN DE COMO ESTAR JUNTOS

Exorcismo de víctimas y victimarios

El director y la actriz explican el sentido de la obra de Diego Manso, que propone una reflexión sobre el modo de vivir en comunidad o en familia con el marco de un país que ha sido acechado por las antinomias. “Esta pieza es como un entretejido, un patchwork”, señala Baylé.

 Por Cecilia Hopkins

Escrita por Diego Manso y dirigida por Luciano Suardi, Cómo estar juntos es una pieza pródiga en sucesos de todo tipo. Una madre y una hija que han vuelto al barrio desde el exilio comparten sus días con la vecina que las conoce desde siempre. En el medio, se revive la pasión compartida por el mismo hombre y el secreto de cómo fueron borradas evidencias políticamente comprometedoras para todos. Pero esta pieza atípica que se presenta en El Camarín de las Musas (Mario Bravo 960) ofrece mucho más: la hija es visiblemente retardada, la madre se está muriendo de cáncer, y en medio de ese clima surge un plan de casamiento de la muchacha con el lelo del barrio, tras lo cual ocurre una violación, enfrentamientos familiares y un asesinato. El telón de fondo de todas las situaciones que se plantean son los años del Proceso, pero 30 años más tarde, los que otrora fueron militantes no aparecen como héroes sino entreverados en situaciones tragicómicas. Hay, sin embargo, cuestiones que aluden a la dimensión simbólica de ciertos personajes: una enfermedad crónica y mortal tiene en jaque a la que pudo sobrevivir a la represión, en tanto que los representantes de la generación que le sigue son un par de retardados que no pueden hacerse cargo de sus vidas. En disímiles registros actorales se lucen todos los intérpretes: Marta Lubos, Silvia Baylé, Maria Inés Sancerni, Maitina De Marco, Iván Moschner y Julian Villar.

Esta es la tercera obra de Manso dirigida por Suardi: unos años atrás el director le había encargado al mismo autor los textos de Quiero estar sola y Jalei (una estrenada en el marco del Proyecto Efemérides; la otra, en el ciclo Inversión de la Carga de la Prueba). Pero en esta oportunidad, fue el mismo Manso el que le acercó su pieza al director para que concretase su puesta. A Suardi no le costó reunir al elenco, ya que tenía muy claro el carácter de lo que debía narrar en escena: “Nunca sé cómo deben ser los personajes antes de comenzar a ensayar, pero lo que sí tengo en cuenta son las situaciones que tengo que contar”, asegura el director en una entrevista con Página/12, junto a Baylé, uno de los puntales de su puesta. Suardi también es actor (actualmente integra el elenco de Todos los grandes gobiernos han evitado el teatro íntimo, de Daniel Veronese) y once años atrás coincidió con Baylé en el reparto de la puesta de Galileo Galilei, de Bertolt Brecht, que Rubén Szuchmacher había estrenado en el Teatro San Martín. Años después también fueron madre e hijo en La cruz del sur, film de Pablo Reyero.

“Es parte de la riqueza de la obra que cada personaje tenga un código gestual que le sea propio y que en cada caso tenga un gran lirismo”, afirma Suardi cuando intenta definir a estos personajes que, a pesar de expresarse con frases comunes, salen con frecuencia del plano de lo cotidiano y dan esa impresión de que entre ellos “nada encaja bien”, tal como define el director en la entrevista. “Esta obra es como un entretejido, un patchwork”, opina la actriz, cuyo personaje, La López, siguió desde el barrio el destino de la madre y la hija en su exilio madrileño. Que ambas hayan sido amigas o que lo sigan siendo es una de las notas extrañantes que ofrece la obra. “La soledad suele unir a gente muy diferente entre sí”, subraya Baylé.

–¿Qué más ve en este dúo de amigas?

Silvia Baylé: –La López actúa por amor. Es una víctima que no puede hacerse cargo de su propia historia. Angélica es una mujer desesperada que busca comunicarse con su hija y está lastimada por no haber podido hacer pie en algún lugar, siguiendo a su marido.

–¿Ustedes piensan que ella no tuvo actuación política, como su marido?

Luciano Suardi: –No sabemos qué nivel de conciencia había en su militancia. Su historia tiene que ver con la enfermedad que avanza. Es por eso que habla de un país que enferma y que desplaza. Hay mucho de derrota en eso...

–El nombre de la obra alude a uno de sus temas centrales...

S. B.: –Diego Manso se pregunta acerca de cómo estar juntos en comunidad o en familia, en un país que está cuajado de antinomias.

L. S.: –Angélica habla del gran vacío que nos une. Y su monólogo de despedida casi podría pensarse como dicho desde su interior, con la lucidez de los últimos momentos.

–¿Qué fue lo más difícil de lograr en la puesta de esta obra atípica?

L. S.: –Sabíamos que era una obra difícil y lo más complicado fue encontrarle el tono adecuado. Plantea una negrura que conmueve pero, a la vez, tiene situaciones de humor negro pegadas a sucesos trágicos. Los mismos personajes van deviniendo siniestros.

S. B.: –Creo que Luciano supo orquestar diferentes instrumentos en una misma nota, respetando colores y texturas.

L. S.: –El autor le puso a la obra un epígrafe de George Perec: “Vivir es pasar de un espacio a otro tratando de golpearnos lo menos posible”. Y yo pensaba en cómo pasar de un registro a otro tratando de golpearnos. No es fácil pasar de la ternura que se entabla entre madre e hija a partir de la profunda melancolía por el pasado en el exilio, a lo trágico, a lo siniestro, al humor negro.

–¿Cómo ven al teatro que toca el tema de los años ’70 en la Argentina?

S.B.: –Los temas de la represión, los desaparecidos o la militancia en los ‘70 fueron abordados, en general, de manera discursiva y lineal, sin que algo llegue a estallar verdaderamente. Pueden ser obras intelectuales o con ribetes poéticos, pero no se ha puesto el acento en el dolor que nos causó, al menos como lo hace esta obra.

L. S.: –Aquí no se realiza un planteo usual. Cómo estar... tiene una gran ferocidad. Y muestra que las víctimas y los victimarios empiezan a confundirse unos con otros. La obra me deja un sabor amargo, de una Argentina lastimada, en carne viva, despedazada. Es una sensación que me interesa compartir, a pesar de que ahora estoy algo más optimista que durante muchos años. Hoy no veo las cosas como antes, a través de nubarrones.

–¿Qué consideraciones hace la obra sobre el futuro?

–Se pregunta cómo hacer para seguir. Muestra a una generación posterior a la de los militantes, muy castigada y debilitada. Se puede pensar que todo podría extinguirse si no se arranca con algo totalmente nuevo. La idea que la obra pone de manifiesto es que tenemos que buscar la forma de salir hacia algún lado. Desde el teatro, esta obra es nuestra forma de exorcizar un futuro negro.

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Baylé y Suardi. El telón de fondo de todas las situaciones de la obra son los años de la dictadura.
 
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