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Sábado, 8 de enero de 2011

TEATRO › LIA JELIN DIRIGE TOC TOC, EN EL MULTITEATRO

El dolor detrás de la diversión

La obra escrita por Laurent Baffie aborda con humor el llamado Trastorno Obsesivo Compulsivo. Un grupo de pacientes ameniza la espera de un turno con el terapeuta confiándose sus desórdenes emocionales.

 Por Cecilia Hopkins

Escrita por el francés Laurent Baffie, TOC TOC es una obra que aborda con humor un tema de estudio científico, el llamado Trastorno Obsesivo Compulsivo o TOC. El argumento es muy sencillo: seis personas que padecen alguno de esos síntomas esperan tener su primera entrevista con el doctor Cooper, afamado médico especialista en el tema. Pero el tiempo va pasando y ante la demora de éste, los futuros pacientes deciden armar un grupo terapéutico de urgencia y confiarse sus desórdenes emocionales, como para amenizar la espera. Dirigida por Lía Jelín, la obra es un éxito en México, en la puesta que la misma directora estrenó allí el año pasado. “Con todo esto el autor hizo una obra muy divertida –observa Jelín–, pero como siempre sucede, detrás de la diversión hay un trasfondo de dolor.” El elenco está integrado por Mauricio Dayub, Daniel Casablanca, Melina Petriella, Maria Fiorentino, Gimena Riestra, Diego Gentile y Jorgelina Vera. La obra puede verse de miércoles a domingo en el Multiteatro (Corrientes 1283).

“El Trastorno Obsesivo Compulsivo no es una enfermedad, sino un síntoma”, aclara Jelín, en una entrevista con Página/12. Según afirma, la sigla TOC hace referencia a “rituales que las personas adoptan para controlar la angustia de la vida: un movimiento de piernas, si es reiterativo, ya eso es un TOC”. El gran problema se instala cuando esos rasgos de la conducta se vuelven insoportables para aquellos que los padecen porque les imponen una rutina ingobernable. Un ejemplo de estos trastornos puede ser el de la obsesión por guardar y coleccionarlo todo, así estos objetos sean diarios viejos. Tal vez los TOC más severos sean aquellos que obligan a quienes los padecen a realizarlos a la vista de los demás: “Hay gente que tiene rituales antes de realizar una acción y repiten ciertos movimientos que no pueden omitir por nada –subraya Jelín–; tratan de disimular ante los otros, pero su angustia va en aumento porque se dan cuenta de que no pueden prescindir de esos pasos previos”. La limpieza es otro de los ítem clásicos: “Hay quienes se lavan tanto las manos por temor a contagiarse de alguna enfermedad que terminan quitándose la piel”, observa la directora, que ha investigado el tema en instituciones de México y en estos días está por conectarse con un centro local que trata el mismo tema.

¿Cuáles son los TOC que padecen los pacientes que esperan al doctor Cooper en la pieza de Baffie? Además del de la limpieza (el personaje que interpreta Riestra) está presente el de “la verificación” (a cargo de Fiorentino), esto es, la obsesión por chequear hasta el cansancio si se llevan encima las llaves, si el gas fue cerrado o si se apagaron todas las luces de la casa antes de salir. Otro de los personajes (interpretado por Casablanca) padece el síndrome del “idiota sabio”: “Son aquellos que no pueden dejar de calcular cosas: cuántas mesas hay en el restaurante donde acaban de entrar, cuánta gente los cruzó por la calle o cuántos escalones subieron”, detalla Jelín. Por su parte, Petriella interpreta a un personaje que repite el final de la frase que le escucha pronunciar a su interlocutor; Dayub, al que no puede dejar de insultar y hacer tics nerviosos; Gentile no puede dejar que los objetos de su casa no observen un orden simétrico riguroso.

–¿Usted averiguó cómo se corrige el TOC?

–El humor como terapia es uno de los métodos que se utilizan. Otras veces debe suministrarse drogas o recurrir al psicoanálisis: es muy importante que el paciente investigue acerca de sus sentimientos de angustia existencial. Me parece que la falta de utopías y el escepticismo son en parte la causa de que las personas sientan una angustia mayor de vivir. Por otra parte surgen los fundamentalismos: las reglas, los dogmatismos permiten afrontar la angustia con mayor posibilidad de encontrar alivio.

–¿En México también es común el psicoanálisis?

–No, si aquí hay un psicoanalizado cada diez personas, allá hay uno cada diez mil. En nuestro país creo que sigue habiendo mucho análisis, aunque tal vez haya otros métodos y, fundamentalmente, terapias más cortas.

–Quiere decir que las versiones habrán sido diferentes...

–Las dos versiones, la presentada en México y la que haremos acá, fueron escritas por Jorge Schussheim sobre la realizada por el español Julián Quintanillas. Creo que la puesta de acá apunta más a la sutileza. El mexicano es más ingenuo que el porteño. También menos snob.

–¿Cómo definiría a su puesta?

–Siempre me interesó coreografiar para actores más que para bailarines. Así que a la puesta la veo como una coreografía, porque hemos trabajado mucho desde el movimiento. Es una obra coral.

–¿Cómo dirige?

–Cuido lo estético, lo conceptual y, fundamentalmente, lo actoral. Porque uno puede hacer una puesta impresionante, pero si fallan los actores... A mí me gusta trabajar desde lo corporal. Creo que la emoción no pasa por la comprensión de lo que se dice, sino por el cuerpo. Así el teatro está vivo. Si uno pudiera juntar el instinto, el cuerpo y un buen texto, no nos pararía nadie. Claro que siempre es mejor cuando el espectador no es prejuicioso.

–¿Por qué lo dice?

–Porque la solemnidad atenta contra el teatro.

–¿Qué teatro le interesa?

–Yo hice teatro en salas muy chicas, en sótanos y también en la calle Corrientes. Creo que el teatro es bueno o malo y, si hay algún pecado, es aburrir. El teatro es siempre espectáculo, aunque sea muy profundo. Hay que tener al espectador en un puño.

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La obra dirigida por Jelín es un éxito en México, donde se estrenó el año pasado.
 
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