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Domingo, 29 de mayo de 2011

TEATRO › DOS VERSIONES DE HAMLET COINCIDEN EN LA CARTELERA PORTEÑA

El juego de las diferencias para un clásico que no se rinde

En Hamlet, la metamorfosis, que inició su segunda temporada, el director Carlos Rivas eligió a Gabriela Toscano como protagonista. Y en Hamlet, el señor de los cielos, Rubén Pires optó por “actualizar” al personaje: el rey muerto es el jefe del cartel de Juárez.

 Por María Daniela Yaccar

Hamlet, el señor de los cielos, versión de Rubén Pires, se puede ver los fines de semana en La Mueca.
Imagen: Gentileza Alejandro Zanga.

Una explicación atractiva de por qué el teatro siempre vuelve a Hamlet la dio Julio Chávez. Más allá de lo obvio –temas universales y el texto más magnífico de William Shakespeare–, su conclusión era que, versión tras versión, persistía la falla, aunque no en sentido peyorativo: “Lo maravilloso es que nada puede ser completamente dicho”. Lo que valen son los intentos y más cuando no se parecen en nada. Es el caso de Hamlet, la metamorfosis y Hamlet, el señor de los cielos, dos obras que, casualmente, llegan a la cartelera porteña este fin de semana. Las diferencias entre una y otra abundan, pero late en el corazón de ambas ese hit del teatro que es “ser o no ser, ésa es la cuestión”.

Carlos Rivas, director de Hamlet, la metamorfosis –que inicia su segunda temporada con un cambio de sala–, aborda la tragedia del príncipe de Dinamarca desde una premisa: “Si de lo que Shakespeare habla está vivo hoy, su palabra poética está tan viva como las acciones dramáticas”. El se expresa, como director, desde la puesta, mientras que los textos son los originales. “Me interesa muchísimo el nivel metafórico de Shakespeare”, subraya Rivas. Y juega con esa figura retórica para justificar su elección. “El desafío no fue transformar su lenguaje en uno cotidiano. Sería como convertir el mar en la pileta de un club.”

Opuesto fue el camino que tomó Rubén Pires, quien ya ha dirigido otras obras del autor inglés. Como en el caso de El romance del Romeo y las Julietas, que ahondaba en el imaginario tanguero, Pires optó por vestir al clásico con las ropas de la actualidad. Se arriesgó bastante más: en Hamlet, el señor de los cielos, el rey muerto es Amado Carrillo Fuentes, jefe del cartel de Juárez, conocido por el sobrenombre que da título a la obra. Rivas necesitaba encontrar un marco para justificar Hamlet hoy y lo encontró en el narcotráfico, allí donde gobiernan reyes. “No era lo mismo que hablar de un presidente. Me validó la lucha política, mediática y territorial” del original, expone. Su historia transcurre en los noventa, en México.

Esa es la cuestión que resuena en ambas versiones, más allá de las diferencias que son, en definitiva, la prueba de que Shakespeare sigue vivo. Es que sus textos son aptos para cualquier operación (¿y qué más interesante que la diversidad?). Mientras Hamlet, la metamorfosis se centra en el ser humano, “en la esencia, en lo que profundamente uno es”, dice Rivas; Hamlet, el señor de los cielos construye un sujeto latinoamericano golpeado por un sistema político-económico –el neoliberalismo–, “caldo de cultivo” para el surgimiento de las redes de narcotráfico, en palabras de Pires.

Hacía mucho tiempo que Rivas tenía ganas de hacer una versión de Hamlet. Precisamente con Julio Chávez lo intentó hace dos décadas, pero recién pudo concretar el proyecto el año pasado, y eligió a su mujer como protagonista, Gabriela Toscano. “Además de en la esencia, el énfasis de la obra está puesto en la presión del afuera, en cómo uno debe cumplir con mandatos y pagar culpas de otros. Uno va teniendo que traicionar su propia naturaleza para luchar en la vida planteada como una guerra”, reflexiona el director. Es lo que sugiere el título de la pieza. “Cuando escucha el pedido de su padre, Hamlet inicia una metamorfosis al revés: va de mariposa a gusano. Se lo exigen las circunstancias políticas.”

El hecho de que una mujer esté a cargo del rol principal va de la mano con la idea de que existe una esencia humana. Además, agrega Rivas, “la de Hamlet es una naturaleza absolutamente femenina”. Así lo explica: “Es un poeta, un intelectual, un muchacho que no quisiera enfrentar lo que enfrenta y que tiene que llevar adelante un acto de una enorme crueldad, que es masculina. Tengo 60 años. A lo largo de la vida he ido descubriendo con más fuerza que la frontera entre lo masculino y lo femenino es una convención. Pero no tiene que ver con la sexualidad”. Su hipótesis es que “hay una naturaleza masculina y femenina en la naturaleza humana”.

Por su parte, la propuesta de Pires cruza realidad y ficción. Está inspirada en artículos periodísticos que el director recopiló durante dos años, también en un viaje a México y charlas con sus contactos de ese país. En Hamlet, el señor de los cielos, el joven Hamlet es H, a secas, un cineasta mexicano que ha vivido y estudiado en la Argentina y que llega a la cárcel de San Pablo para realizar un documental. Allí se entera de que su padre, Amado Carrillo Fuentes, poderoso narcotraficante, murió en una cirugía estética para cambiar su rostro. Como en el original, el rey solicita a su hijo que acabe con su tío, otro personaje inventado por Pires, que quiere adueñarse del poder de Carrillo Fuentes. Además de El rey de los cielos, otros personajes inspirados en la realidad que aparecen en la obra son Marcos Camacho, jefe del Primer Comando de la Capital (PCC), preso en San Pablo; y Jesús Gutiérrez Rebollo, el general a cargo de la lucha contra el narcotráfico en México, “que trabajaba para El señor de los cielos, por eso representa a Polonio”. Este tipo de resignificaciones hacen que, técnicamente, Hamlet, el señor de los cielos sea lo que se conoce como apropiación del mito, más que una adaptación.

Escrita presuntamente entre 1599 y 1601, Hamlet permite reflexionar poderosamente sobre significados y significantes actuales. Eso se explica, según Rivas, por el uso de la metáfora, la razón de ser de su rígido respeto por la palabra shakespeareana. “En la actualidad, pareciera que el teatro carece del valor de la palabra. Cuando alguien dice ‘qué aburrido, ir al teatro a escuchar textos de Shakespeare’, está negando el valor de la palabra como el signo más revelador y revolucionario. Lo que hace Shakespeare es nombrar las cosas de nuevo como si fuera la primera vez”, se explaya el director.

“En este mundo las palabras no tienen ningún tipo de valor. ‘Mi voto es no positivo’ es un ejemplo genial”, sentencia el director. Y continúa: “Cualquiera habla de la verdad, del amor, de la justicia, de la revolución. Y uno se pregunta, ¿Qué es la justicia? ¿Es la misma para Estela de Carlotto que para Menéndez? ¿Qué es la democracia? Todos hablan de ella, pero... ¿para todos quiere decir lo mismo? ¿Cómo se redefine este concepto? La palabra ha sido manoseada, vaciada de contenido, apropiada por el poder. Lo que hace la metáfora es devolverle su valor revelador”.

Las miradas de Rivas y Pires sobre Hamlet son diferentes, pero no tanto. Pareciera que lo diferente es el resultado más que la mirada. Porque ambos coinciden enfáticamente en que Hamlet es una historia sobre jóvenes y un marco que los induce a actuar como no quisieran. Y también una historia sobre la venganza, aunque a ambos les gusta más la palabra “justicia”.

–Si la obra de Shakespeare es una historia sobre la juventud, ¿qué lectura habilita sobre los jóvenes de aquí y ahora, en la Argentina?

Carlos Rivas: –Hamlet es un joven casi adolescente obligado a autodestruirse para cumplir el mandato de unos mayores que son unos hijos de puta. Siempre me apasionó esa idea de la injusticia: se obliga a los jóvenes a pagar las culpas de los mayores, en términos psicológicos, sociales y políticos. En la obra hay varios chicos empujados hacia la muerte. En la Argentina, la juventud ha vuelto a tener cierto peso político y cultural. Pero hay que ver qué hacen los adultos para preservarlos y dejarles una Historia más sana. No la que nos dejaron a nosotros, que nos mataron a todos cuando teníamos veintipico de años. Los de-saparecidos son el fantasma de Hamlet que viene a reclamar venganza. En cambio nuestras Abuelas reclaman justicia.

Rubén Pires: –De golpe, los jóvenes empiezan de nuevo a participar en política. Hace unos años era impensable, tener un compromiso político no era un deseo ni una necesidad. La juventud acepta el desafío. La ideología ya no es mala palabra. Pero inclusive hoy todavía te tildan de setentoso por algunos pensamientos. Hay un sector que no acepta la movilización.

Con Hamlet, el señor de los cielos, Pires también intenta acercarse a una idea más justa de, precisamente, la palabra “justicia”. Subraya que “el nervio de la obra pasa por ella”. En un pasaje, ya enterado de la misión de matar a su tío, H. dice: “Más de 20 mil muertes sin sentido. ¿Qué es un muerto más, al lado de los muertos que deambulan por las calles?”.

Pires completa su idea con otro momento de la pieza. “El espectro de Carrillo le dice a H. que están en medio de una guerra y que no hay revolución sin sangre. Y le blanquea que fundó hospitales, iglesias y barrios enteros para los que no tenían casa, que es verdad”. La opinión del director es evidente, sin embargo él aclara que busca desatar interrogantes más que bajar línea: “¿Cuál es la verdad? ¿Quién la tiene? ¿El que mata para dar a otro o el que mata para quedarse con lo que tiene? Si hay una guerra, ¿de qué lado te vas a parar?”.

* Hamlet, la metamorfosis se presenta los sábados a las 20 y los domingos a las 19 en el Teatro Sha, Sarmiento 2255. Hamlet, el señor de los cielos está los sábados a las 21 y los domingos a las 20 en La Mueca, Avenida Córdoba 5300.

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