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Lunes, 12 de septiembre de 2011

TEATRO › CRISTIAN DRUT Y SU MONTAJE DE EN EL CAMPO, DEL BRITANICO MARTIN CRIMP

Cuando los personajes mandan

A pesar de ser una figura reconocida en la dramaturgia inglesa, Crimp es versionado por primera vez en la cartelera porteña. “Me interesó porque se trata de un thriller psicológico”, señala el director, quien además confió en el juego con los actores.

 Por Cecilia Hopkins

Nacido en 1956, el dramaturgo británico Martin Crimp acaba de aparecer en la cartelera de Buenos Aires con el estreno de su obra En el campo, bajo la dirección de Cristian Drut, en el Teatro SHA (Sarmiento 2255). A pesar de tratarse de un autor consagrado en Europa y en Estados Unidos, al igual que en Chile y México, es Drut el primero en montar una obra suya. Perteneciente a una generación que se ubica entre Harold Pinter y Sarah Kane, Crimp describe un momento clave en la vida de la joven pareja que componen Corinne y Richard (en este caso, interpretados por Carolina Tejeda e Ignacio Rodríguez de Anca), este último médico y ex adicto a las drogas. Cuando comienza la acción, el matrimonio que había vivido con sus dos hijos hasta hace poco en Londres, acaba de mudarse al campo con la idea de inaugurar una nueva etapa de su vida en común. Pero una noche, luego de atender a sus pacientes, Richard vuelve a la casa con Rebecca (Cecilia Czornogas), una joven mujer que encontró inconsciente al costado del camino. A partir de la aparición del tercer personaje, el vínculo entre los esposos será otro.

“El formato que más abunda en el teatro local es el del director que es, a la vez, dramaturgo”, señala Drut en la entrevista con Página/12, y agrega: “Y a mí, en cambio, me interesan mucho las obras ‘de escritorio’, como las de Santiago Loza o Lautaro Vilo, en las que se nota que tienen mucho trabajo de reescritura”, completa. Sin embargo, tal como aclara el mismo Drut, el director también se ha sentido a gusto generando dramaturgias colectivas, como La jaqueca, estrenada en 2003. Tras realizar sus últimos montajes (Crave, de Sarah Kane, y Apenas el fin del mundo, de Jean-Luc Lagarce), el director conoció la obra de Crimp en Chile: “Me interesó porque se trata de un thriller psicológico y además porque, al no estar claro cuál de los personajes toma la palabra en los diálogos, Crimp crea la impresión de una obra que necesita armarse”, explica Drut, quien también rescata el ritmo particular de la escritura de esta pieza que encuentra su singularidad en su misteriosa indeterminación: “En el campo tiene una musicalidad particular, especialmente cuando las palabras de unos y otros se superponen en algunos momentos, en los que se asemeja al ritmo de la improvisación”.

La obra instala una reflexión acerca de los vínculos amorosos. El ocultamiento o la mentira manifiesta aparecen a cada paso. “La naturaleza y la cultura llevan al individuo a la construcción familiar –sostiene Drut–, lo lleva a apostar por algo y a seguir adelante, a pesar de que puedan ocurrir cosas que haya que perdonar de la conducta del otro.”

–¿Cuáles son los desafíos que le planteó esta obra?

–En el campo me parece interesante porque en ella prima la actuación. Lo esencial es lo que pasa entre los personajes, no las acciones que ellos realizan. Me gusta dejar que los actores construyan la relación entre los personajes desde la sola mirada. Esto me inquieta mucho en el teatro.

–¿Y con relación al espacio donde transcurre la acción?

–Nos gustó apropiarnos de un universo que, en principio, no nos resuena. La obra sucede en el campo, lejos de Londres, donde esta pareja se va a vivir. El referente nuestro fue la Patagonia, una región cuya identidad es un híbrido construido por mucha gente de ciudad que se radica allá para empezar de nuevo.

–¿Qué reflexiones despertó en el elenco?

–Nos sensibilizó mucho la temática de esta obra. Nos hizo pensar en la cantidad de personas que somos todos a un mismo tiempo. Y en cómo hacer para no vivir divididos.

–¿Y en relación con el tema del amor?

–A partir de la necesidad de construir una familia, algo que está en nuestra naturaleza y en la cultura misma, nos hizo pensar en cómo se construye un amor duradero. Y en la posibilidad de que en el acto de fingir que se ama, también podríamos encontrar una forma de amar.

–¿Qué sucede con la aparición de un tercero?

–Que a una pareja se sume otro es una situación que siempre inquieta. Más aquí, porque la tercera persona tarda en llegar a escena y esto genera intriga.

–¿Espera que el espectador tome partido?

–Hay gente que piensa que el choque de sexos es algo superado. A mí me parece que Crimp es una especie de Strindberg contemporáneo que plantea una batalla de ideas que tiene un gran poder inquisidor.

–La estructura de thriller ayuda a generar intriga...

–Sí. Me interesa que el espectador entre en el carácter policial de la obra, que se entretenga. Y que se conmueva y sensibilice con la sutileza de los detalles que surgen de las palabras.

* En el campo, sábado a las 21 y domingo a las 19, Teatro SHA (Sarmiento 2255).

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“Crimp es una especie de Strindberg contemporáneo que plantea una batalla de ideas con gran poder inquisidor.”
Imagen: Pablo Piovano
 
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