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Lunes, 12 de septiembre de 2011

CULTURA › HOMENAJE A LA LITERATURA BRASILEñA, EN EL FESTIVAL DE LITERATURA

Celebración de la lengua portuguesa

Moderados por Gonzalo Aguilar, Joao Gilberto Noll, Santiago Nazarian y Moreno Veloso conformaron un panel “muy liberal”, que le dio forma a una mesa sobre la cultura brasileña que se fue bien lejos de las convenciones y lugares comunes sobre el tema.

 Por Silvina Friera

La pertenencia es como un hongo atómico o un malestar que explota diseminando una incertidumbre productiva. A salvo de esas esquirlas del “ser o no ser” típicamente brasileño quedó la amada lengua portuguesa. La fiesta del III Festival Internacional de Literatura en Buenos Aires (Filba) tiene una sección especial dedicada a la literatura brasileña. El primer debate cruzó a dos escritores, Joao Gilberto Noll y Santiago Nazarian, y al músico Moreno Veloso, en un panel “muy liberal”, como lo definió el moderador Gonzalo Aguilar, integrado por “tres artistas que trabajan en una zona fronteriza, pero a la vez son universales más que brasileños”. El rol provocador lo cumplió a la perfección Nazarian. “Brasil no existe por escrito y no tiene concordancia verbal”, dijo el escritor durante la lectura de un texto titulado Yo contra Brasil, para calentar el ambiente del auditorio del Malba.

Nazarian, un escritor que fue barman en Londres y tocó teclados en una banda de glam rock, explicó las razones de esa objeción. “No tengo problemas con Brasil, pero escribí este texto porque la literatura es una actividad individualista que no puede representar a todo un país. Brasil no tiene una tradición literaria de grandes lectores y me parece una paradoja representar al país por escrito, escribir libros sobre Brasil, porque no es la realidad de la mayoría de los brasileños; las personas no están interesadas por la literatura. Soy brasileño, pero no soy un escritor típicamente tradicionalista o regionalista.” Noll, autor de Lord, A cielo abierto, Bandoleros y Harmada –cuatro novelas traducidas por Claudia Solans y publicadas por Adriana Hidalgo–, reconoció que comparte ese malestar. “La gran influencia, el gran paradigma de la literatura brasileña para mí fue Clarice Lispector, principalmente La pasión según G. H., porque me gusta esta situación de luchar contra las circunstancias. Mis personajes están en constante peregrinación en busca de alguna cosa que quieren conseguir; entonces para mí la cuestión nacionalista es muy problemática.”

Si hay consenso entre los críticos acerca de dos de las obsesiones que atraviesan la narrativa de Noll, el viaje y la disolución de la identidad, después de este debate habría que añadir una más. “Adoro la lengua portuguesa, para mí es el valor supremo de mi ciudadanía. Y es por eso que en mi ficción hay un mestizaje entre la poesía y la prosa. La poesía está presente porque amo la lengua. Ni madre, ni hijo, ni mujer, ni marido: la lengua portuguesa es todo para mí.” Tamaña definición se llevó los primeros aplausos y carcajadas de la platea. Nazarian confirmó que no le gusta una de las “vacas sagradas” de la literatura brasileña, Machado de Assis, que será homenajeado en una de las actividades del Filba, este miércoles. “Tengo más influencias de escritores extranjeros que brasileños porque soy traductor del inglés”, aclaró. “El libro que me ha hecho escritor en la adolescencia fue El retrato de Dorian Gray, de Oscar Wilde. Una novia que tuve me introdujo en Wilde y otros autores homosexuales y arruinó mi vida sexual para siempre”, bromeó Nazarian. “No tengo el background típico brasileño porque vengo de una clase media alta; mis padres son artistas y tengo un padre al que no le gusta el fútbol.”

Veloso comentó que cuando empezó a componer ya no estaba presente la necesidad de afirmar una nacionalidad. “Creo que ahora es más fácil hacer cualquier cosa, pero también uno puede quedarse perdido, hasta el punto de no tener una nacionalidad. La lengua portuguesa es un legado en mi vida; la amo, pero no sé si tanto como Noll. En Brasil, haciendo música, nosotros estamos muy cerca de todos los músicos del mundo. Pero hay una distancia, una lejanía, porque la lengua portuguesa no es muy conocida afuera. Tal vez, ustedes acá, cerca de Brasil, tienen un poquito de la vivencia de la lengua que para nosotros es tan querida.” Nazarian volvió al ataque para superar el tópico de lo nacional. “La narrativa brasileña, el cine también, no tiene tanto una preocupación regionalista o nacionalista. Ahora el realismo es como una plaga en Brasil, la literatura tiene que ser realista, el cine tiene que ser realista. Yo poco a poco soy un escritor cada vez más fantástico. En Brasil es muy difícil trabajar fuera de la realidad.”

¿Cómo iniciar al curioso sin ningún tipo de coordenadas librescas en el panorama cultural de Brasil? ¿Qué lecturas recomendar? Aguilar lanzó la consigna y Noll recogió el guante. Entre los pilares de la cultura literaria brasileña destacó a Graciliano Ramos, Guimaraes Rosa, Clarice Lispector y Rubem Fonseca, “una influencia muy grande para la narrativa realista, aunque es muy diferente de mi literatura”, precisó el autor de Lord. Pero repentinamente reparó en una omisión “imperdonable” que corrigió a tiempo: Raduan Nassar, autor de Lavoura arcaica (1975). “Su prosa está plena de poesía. La literatura de Nassar es pulsional, no cerebral. Por eso no cité a Joao Cabral, que detestaba la música. Y yo escribo siempre con música; mi formación inicial fue en la música.” Nazarian eligió a Lúcio Cardoso y a Caio Fernando Abreu, “el escritor más pop y que más me representa”, autor de la novela ¿Dónde andará Dulce Veiga?, traducida y publicada por Adriana Hidalgo, y de las crónicas Frutillas mohosas, editada por Beatriz Viterbo. Veloso aportó otra perspectiva en la que incluyó a Chico Buarque, especialmente por Budapest, y Guimaraes Rosa porque “fue la primera vez que oí en la prosa el ritmo de la poesía, el gusto y las ganas de trabajar con la lengua portuguesa”. Sobre Clarice Lispector, a la que definió como una ucraniana “maravillosa”, subrayó que fue una extranjera que se integró al país y se transformó en una representante de la cultura brasileña. “Brasil es una mezcla linda y fuerte, y estos escritores son importantes para todos nosotros y para el mundo.”

La puerta de ingreso de Noll para frecuentar la literatura argentina fue El escritor y sus fantasmas, de Ernesto Sabato, “un libro primordial en mi vida de escritor para un chico que estaba fascinado con el existencialismo sartreano”. No le gustan las novelas de Sabato, pero sí ese libro sobre la vida interior de los artistas. “La soledad hoy es un tema político por excelencia en las grandes ciudades del mundo. El dolor de la soledad precisa ser proyectado en la literatura. Yo no estoy acá para hacer una literatura políticamente correcta y rechazar el sentimiento de la soledad porque no es un tema edificante.” Veloso mencionó el Tratado general de ajedrez, de Roberto Grau, un libro sobre “la dificultad de aprender a pensar”. “Perdón por no citar a un artista”, se disculpó el músico. El público se fue retirando de la sala, después de casi dos horas, con la convicción de la enorme riqueza, elasticidad y excentricidad que cultivan los artistas brasileños.

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La charla esquivó las visiones típicas sobre el Brasil e incluso abrió más de un debate interesante.
Imagen: Bernardino Avila
 
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