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Sábado, 13 de mayo de 2006

TEATRO › HASTA EL 30 DE JUNIO, UN FESTIVAL DE SUS OBRAS

Samuel Beckett, algo más que “Esperando a Godot”

El director Patricio Orozco y la actriz María Comesaña explican el homenaje.

 Por Cecilia Hopkins

“El Festival Beckett pone a la Ciudad de Buenos Aires en el contexto de una celebración mundial, en este año que se cumple el centenario del nacimiento del autor irlandés”, afirma el director Patricio Orozco quien, junto al actor y también director Miguel Guerberof, diseñó este proyecto-homenaje que consiste en realizar, hasta el 30 de junio, un muestreo de los textos menos conocidos del dramaturgo, en el Beckett Teatro (Guardia Vieja 3556). La mayor parte de los textos que integran la programación (ver aparte) no ha sido estrenada en el país: “Se trata de obras muy apoyadas en la imagen, en la emoción, en la sensación y que, por esto mismo, me parece que son especialmente aptas para que los más jóvenes se acerquen y se den cuenta de que Beckett escribió mucho más que Esperando a Godot”, añade en la entrevista con Página/12. También presente en la charla, la actriz María Comesaña (intérprete de Pasos, estrenada ayer junto al Impromptu de Ohio, bajo la dirección del mismo Orozco, con Duilio Marzio y Domingo Basile) aporta su visión del evento: “Hoy lo mediático se ha vuelto tan importante que su modo de enfocar la realidad parece la única posible. Y un autor como Beckett o cualquiera de los clásicos ya no tienen cabida en los medios masivos. Entonces, a los actores jóvenes que se preparan para esta profesión se les quita la posibilidad de hacerlos”.

–También es su primera vez con Beckett...

María Comesaña: –Sí, pero hice Ionesco, Berhardt, Simpson, Heiner Müller... Cuando yo empecé a trabajar en teatro se podían hacer este tipo de obras. Creo que hoy estamos desculturalizados, tanto por una falta de presupuesto para la cultura como por la fuerza de lo mediático en lo cotidiano. Por eso es tan importante que existan proyectos como éste, porque para hacer un teatro como el de Beckett se necesita un emprendimiento, una lucha personal.

–El programa del Festival exhibe algunos espectáculos que asocian dos obras breves de Beckett. ¿Qué existe en común entre Pasos y el Ohio Impromptu, como para estrenarlas juntas?

Patricio Orozco: –Las dos obras pertenecen al último período de Beckett, cuando este autor trabaja con lo espectral. Y las dos obras remiten a personas que no están. El Ohio Impromptu hace referencia a una historia de amor. Se trata de la lectura de un texto que se repite todos los días de la misma manera, hasta que llega a su fin durante la obra. Pasos presenta a un personaje que, según Beckett, es una niña que nunca terminó de nacer, la cual dialoga con su madre ausente o con su propia voz. De allí la visión fantasmal de la obra.

M.C.: –Tuvimos que trabajar con la idea del vacío, pero también con la noción de que un personaje sólo tiene existencia cuando se hace presente para otro. También debí ponerle la voz al personaje de la madre, para luego dialogar desde la hija quien, en algunos momentos, sólo camina en silencio. Para esto utilicé desplazamientos provenientes de la técnica Suzuki (Comesaña aprendió hace años con Mónica Viñao esta metodología). Hay un mundo de locura y vacío en esta obra que, para no hacer una ilustración, se debe estar muy concentrado en el trabajo. Tal vez lo más complicado son los silencios y la coordinación entre lo corporal y lo mental.

–El de Pasos es un personaje que parece salido de alguna pieza del Noh japonés, donde es habitual que los muertos regresen a la vida para comprender algo que les quedó pendiente...

M.C.: –Sí, hay relación con ese teatro. May (así también se llamaba la madre de Beckett) es un personaje que se ha quedado en la adolescencia. Todo su mundo gira alrededor de su cabeza a partir de sus voces interiores. Trabajamos el caminar en círculo, buscamos que haga círculos con la mano como un modo de mostrar su desolación. Fue un trabajo de gran intensidad. Hay muchos momentos en que la acción queda suspendida y ese silencio está muy trabajado. Ionesco es el autor de las palabras y Beckett, a diferencia suya, es el autor de los silencios.

–¿Cuál es la historia del Impromptu de Ohio?

P.O.: –Beckett escribió la obra cuando cumplió 75 años. En Ohio, Estados Unidos, unos cuatrocientos críticos y entusiastas de su literatura organizaron entonces una conferencia. Y para ese evento le fue solicitado un texto. Beckett escribió este Impromptu (“Una rápida escritura para Ohio”, sería la traducción del nombre de la obra) muy apropiada para un ámbito académico. Luego se lamentó porque le llegaron propuestas para que escribiera un Nueva York Impromptu, un Londres Impromptu...

–¿Cómo fue el trabajo actoral? La obra es leída por el personaje de Duilio Marzio, en tanto otro (Domingo Basile) lo interrumpe para que repita ciertas frases.

P.O.: –Duilio tiene una formación muy ligada al método Strasberg, por eso debimos quitarle color a lo que estaba diciendo y encontrarle pausas. Y buscar el modo de diferenciar las repeticiones que debe hacer en función de los golpes del otro personaje que, a mi entender, es el único que está vivo de los dos. La obra remite mucho a su propia historia: es autorreferencial, como tantos otros textos suyos.

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“Un autor como Beckett o cualquiera de los clásicos ya no tienen cabida en los medios masivos.”
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