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Lunes, 9 de julio de 2012

TEATRO › LA OBRA BASTARDA SIN NOMBRE, DE CRISTINA ESCOFET, EN LA CASA ROSADA

Eva Perón en el centro de la escena

El espectáculo que habitualmente se presenta en la sala Espacio Abierto fue incluido esta vez en el ciclo Música en el Salón Blanco. Roxana Randón personifica a Evita en un emotivo unipersonal que, cuando aborda el terreno de la política, deja ver una clara mirada de género.

 Por María Daniela Yaccar

La idea de que un hecho dramático es a su vez político adquirió el viernes una cristalización pocas veces vista: “Esta es la primera obra que se presenta en la Casa Rosada”, celebró ante Página/12 Cristina Escofet, autora de Bastarda sin nombre, un unipersonal en el que Roxana Randón personifica a Eva Perón bajo la dirección de Javier Margulis. La ministra de Desarrollo Social, Alicia Kirchner, vio el espectáculo donde habitualmente se presenta (los sábados a las 21 en Espacio Abierto, Pasaje Carabelas 255) y propuso incluirlo en el ciclo Música en el Salón Blanco. Casi 300 personas disfrutaron de la función, que culminó con aplausos, lagrimones, gritos al estilo de “¡Viva compañera!” dirigidos a Escofet y unos cuantos dedos en “V”.

“Estoy muy emocionada”, dijo Alicia Kirchner antes de que comenzara la obra en el hermoso Salón Blanco, y entregó un reconocimiento a Randón. “Les pido que se dejen llevar”, expresó al público. “Vi la obra y, si les cuento, les voy a adelantar las emociones”. Una voz salió de los parlantes e hizo el típico pedido de cualquier sala teatral: que los presentes apagaran los celulares. Sonó extraño escuchar eso en la Casa Rosada, esa tarde/noche “nuestra casa de gobierno”, remarcó el locutor. Había 180 personas en el Salón Blanco y unas 100 en el de al lado, el Sur, donde se vio Bastarda sin nombre a través de una pantalla. La función se transmitió por la Televisión Pública (a través de flashes) y por la web de la presidencia, tal como ocurre con todos los espectáculos de Música en el Salón Blanco, un ciclo que surgió en 2003 y por el que pasaron, entre otros, León Gieco, Teresa Parodi, Víctor Heredia, Luis Alberto Spinetta y Charly García. La entrada es abierta al público, hay que acreditarse vía e-mail ([email protected]). Las puertas se cierran de acuerdo con la capacidad de los salones.

Esta es una época en la que las obras dedicadas a la figura de Eva Perón abundan, a propósito de los 60 años que pasaron desde su muerte. La crítica teatral Teresa Gatto, que se dedica a dar seminarios en torno de temáticas de género y también sobre Evita, destacó que, de todas las puestas que vio en el último año y medio en Buenos Aires, “ésta es la más emblemática, la que llega a la sustancia” del personaje. Randón, que no se parece en nada a Eva y que, incluso, es mayor de lo que era la política y actriz cuando murió, logra, sin embargo, convencer al espectador de que ella es Eva. La escena transcurre en una habitación, en la que esta Evita se cuenta a sí misma desde su nacimiento hasta su muerte. Mientras habla se va vistiendo y, a medida que cambia su aspecto, cambian también sus modos de hablar. Se pone fuerte. Cambia ella toda, cambia su vida.

La obra –ganadora de los premios Florencio Sánchez 2012 a mejor unipersonal y autora nacional– comienza cuando Eva todavía no nació. Es una auténtica biografía, construida a partir de hechos conocidos y relevantes. Los monólogos de Randón tienen una compañía: los punteos delicados de la guitarra de Mateo Margulis, quien también canta. “Sé que el mundo no me espera”, adivina este personaje antes de salir de la panza. Como su título lo indica, su condición de hija ilegítima es el gran tema de Bastarda sin nombre y es, también, lo que explica todo lo que vendrá después. Se deja entrever que ella se convirtió en “soberana” por haber nacido “en la orilla”. Durante toda la primera parte de la obra, Evita se siente “la otra, la no nombrada, la malnacida, la guachita”. A medida que se pone los aros, se peina distinto y se prepara para lucir un tapado de visón, Eva va metamorfoseándose en la mujer fuerte que fue después. Primero imagina el aplauso desde arriba de un escenario, luego dejará notar que el mejor de los papeles fue el que tuvo en la vida real.

“Entre lo dicho, lo no dicho y el qué dirán me fui construyendo de a retazos”, pronuncia la Evita de Bastarda sin nombre, ya convertida en la actriz que pasa “madrugadas de pan duro, frío y zozobra” en la ciudad de Buenos Aires, tras dejar Junín. Cuando aborda el terreno de la política, la obra deja ver una clara mirada de género de la autora. Eva, ya madura, se jactará de “repartir cachetadas a oligarcas, gorilonas afrancesadas e intelectuales”. Su relación con Perón se toca desde un costado doméstico. “Cuando el mate lo llenan ellos la razón la tiene una”, dice la Eva de Randón en uno de los pasajes que causaron gracia, aunque la sensibilidad predominante de la obra está alejada de la risa, por eso unos cuantos espectadores no tuvieron pudor en llorar. Sobre todo cuando llegó el momento más duro, el del cáncer. Esta Evita se va, como la otra, y antes de partir aclara que jamás renunció, que hizo cuanto el pueblo le pidió, que fue vicepresidenta sin serlo legítimamente. Así fue hija, también.

“La Casa Rosada se convirtió en una fiesta para todos”, reflexionó Escofet. Los motivos fueron varios. “Fue un hecho único: compañeros de la política, conocidos o no, supieron leer el signo de la historia y de la memoria en el teatro. Se notó la voluntad política de poner al sujeto histórico en el centro de la escena. Y este episodio fue, también, un reconocimiento al teatro. Me excede como persona”, explica la dramaturga, que celebró la presencia en la platea de Roberto “Tito” Cossa. “El espíritu de Eva estaba allí presente. Estoy feliz. ¿Quién puede suponer que va a escribir una obra que va a terminar en la Casa Rosada?”, se preguntó la autora, que creció en el seno de una familia antiperonista y amó a Eva desde su infancia. Fue, según contó, “su primer juguete prohibido”. Todos los que asistieron terminaron el día en el Salón Eva Perón, inaugurado recientemente por la presidenta Cristina Fernández.

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Bastarda sin nombre fue galardonada en la edición 2012 de los Florencio Sánchez.
 
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