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Sábado, 26 de enero de 2013

TEATRO › YOSKA LAZARO PRESENTA VAGO EN TEATRO DEL ABASTO

Pintura escénica sobre la exclusión

El director español, radicado en la Argentina desde hace una década, traslada al espectador a la década del noventa y a un barrio del conurbano para reflejar la pobreza y la lucha por el poder en un contexto de necesidad.

 Por María Daniela Yaccar

Cuando se lee el currículum de Yoska Lázaro, no parece para nada que fuera español. Instalado en Buenos Aires hace una década, y al frente de la compañía A tres velas hace seis años, el director ha abordado temáticas históricas y sociales bien argentinas, como las desapariciones de peones en los ingenios azucareros tucumanos, en El ingenio de los Orvantes, o la última dictadura militar, en Los errores de Noé. Esta obra, que estuvo tres años en cartel, fue elogiada por Eduardo “Tato” Pavlovsky, quien la reconoció como “importantísima en la teatralidad argentina de resistencia”. En su nuevo trabajo, Vago (sábados a las 21 en Teatro del Abasto, Humahuaca 3549), Lázaro traslada al espectador a la década del noventa y a un barrio del conurbano para hacer una pintura sobre la exclusión, la pobreza y la lucha por el poder atravesada por la necesidad.

“Con mis obras hago una pequeña trampa: elaboro un contexto particular para hablar de problemáticas que compartimos los seres humanos”, explica Lázaro a Página/12, cuando se le consulta por qué le importan estos temas, llegado de tan lejos. “En Vago hablamos del conurbano bonaerense, pero lo que ocurre aquí pasa en Brasil, con las favelas, y en España, con las chabolas. La pobreza es un mal que está en todos lados. Y todos representamos a estos personajes. Las formas de pensar y de sentir son las mismas en todas las personas”, concluye. El elenco de Vago está integrado por Fernando García Valle, Romina Oslé, Marcelo Saltal, Julieta Timossi y Nicolás Blandi. La trama está hecha de subtemas como las drogas o el clientelismo político. Alejandro Apo es la voz en off. El periodista lee fragmentos de Cámara Gesell, la última novela de Guillermo Saccomanno.

Lázaro, que también es actor, tenía 24 años cuando llegó a la ciudad de Buenos Aires. El teatro lo invitó a quedarse. Vive en San Cristóbal. “La producción es interesantísima. Hay actores y directores de los que uno puede aprender mucho. A su vez, me gusta Buenos Aires para vivir. Me gustan los extremos que tiene, sus pasiones exacerbadas”, recalca. Aquí se formó con Raúl Serrano, Ricardo Bartís y Claudio Tolcachir, e hizo la carrera de dirección en la EMAD. También se dedica a la docencia. Este año hará su debut en el teatro oficial como asistente artístico de Guillermo Arengo, quien estrenará obra en el San Martín. También dirigirá Educando a Rita, junto a Javier Lombardo.

–¿Ubicó a la obra en los noventa para establecer una relación de causalidad con lo que pasa actualmente en los barrios?

–Claro. Transcurre en el ’99 porque es el momento en que el menemismo genera la grieta social más grande. También me interesaba cómo los que estamos en el centro de Buenos Aires vemos a los que están afuera. De ahí el título: Vago es el juicio de la clase media a ese tipo de gente. Y lo ubicamos en ese contexto por otra razón. El paco ha hecho una mella tan fuerte en la gente del conurbano que mostrar la realidad de hoy se nos escapa en relación con nuestras posibilidades dramáticas. La realidad es mucho más fuerte que lo que podemos representar.

–¿Por qué le interesa abordar problemas sociales?

–Encuentro en el teatro un lugar de expresión donde puedo mostrar mis inquietudes. Trato de hablar de estos temas con el máximo respeto y de dejar en claro que lo nuestro es un recorte, una visión subjetiva que pretende mostrar una realidad entre comillas. No somos unos iluminados: todos nos apartamos frente a un morocho que viene con gorra. Mi pregunta es qué hemos hecho todos para que la situación actual esté conformada como está. No tengo respuestas, simplemente pretendo que se trasladen mis preguntas y que el hecho artístico manifieste sensaciones y emociones que la gente pueda transitar. El espectáculo trata de tener un encuentro con el espectador. Es arriesgado porque no es condescendiente con la situación. Los personajes por momentos se aprovechan de las circunstancias. En su pequeño espacio de poder tratan de sacar provecho. Pero la circunstancia económica en la que están inmersos es fundamental.

–¿Cuál es su relación con el conurbano? ¿Vivió allí?

–Viví un tiempo en San Antonio de Padua. Hablo del conurbano porque es un lugar de vulnerabilidad que está muy cerca y olvidado. Es interesante lo que pasa con la General Paz, que divide dos mundos: al otro lado comienza la oscuridad, el barro, la ausencia de alcantarillado, de agua potable. La gente del conurbano es como toda la gente, pero tiene exacerbadas algunas cuestiones por las circunstancias que le tocó vivir. En los personajes de la obra hay un poco de todos nosotros: no es gente extraña, sino que es de una normalidad aplastante. Es gente que quiere tranquilidad y poder subsistir. Junto con el elenco emprendimos una tarea de investigación. Vimos películas y series y tomamos como referencia a escritores que abordan ese mundo, como Cristian Alarcón. Vimos mucho Okupas y El puntero. Y yo recorrí barrios de Avellaneda, de Lomas de Zamora, del oeste.

–¿Hay una estética relacionada con la temática del conurbano?

–No sé. Surgió una inquietud sobre el tema en varios creadores. Cada uno trata de pintar la pincelada que puede, porque el tema es tan grande que sólo podemos tocar un aspecto. Nosotros abordamos el poder y la exclusión. Pero Vago es una ficción, no desea reflejar una realidad. No es un documental. Hablamos del clientelismo político, del placer de lo mínimo, de la búsqueda de una normalidad entre comillas y de necesidades. Pero sobre todo queremos hablar de que no hay buenos ni malos. Es gente que necesita y que actúa como puede. La acción de las personas sucede dentro de posibilidades. Uno elige dentro de lo que conoce. Hablo con mucha gente y, a modo de homenaje, lo que me dicen aparece en mis obras. Acerqué mis inquietudes a la Secretaría de Derechos Humanos de Lomas de Zamora y ellos me apoyaron, declararon mis obras de interés. Normalmente me acerco a instituciones que avalen mis trabajos.

–¿Cuál es su lectura del momento político actual?

–La provincia ha sido un espacio normalmente olvidado, salvo en el momento de los votos. Néstor y Cristina Kirchner han venido trabajando en estas problemáticas. La Asignación Universal por Hijo es un gran paso. Pero claro, esto va a funcionar en el tiempo. En este tipo de políticas no hay inmediatez: los volantazos en busca de inmediatez destruyen los proyectos. Hay que confiar en la continuidad.

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