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Viernes, 15 de marzo de 2013

TEATRO › DANIELA LOZANO HABLA DEL PROYECTO DEL LIBRO AL LIBRO

Ponerle el cuerpo a la palabra

La iniciativa consiste en la creación de espectáculos teatrales multidisciplinarios a partir de textos literarios de autores que pensaron la ciudad de Buenos Aires. Y todo vuelve, porque el proceso de producción de las obras se plasma luego en un libro.

 Por María Daniela Yaccar

Cuenta Daniela Lozano que, cuando estudiaba Letras, después de leer doce horas de corrido le daban ganas de ponerle el cuerpo a la palabra. Con el tiempo descubrió cómo unir los dos mundos que le producen fascinación, la actuación y la literatura. “Me interesa indagar en cómo se pueden expresar y vivir las letras. Quiero quitarlas del lugar de soledad y pasividad al que están asociadas”, sostiene frente a Página/12. Lozano es la ideóloga de un proyecto que involucra a una buena cantidad de artistas de diferentes disciplinas y que pareciera estar hecho para luchar contra la semiosis infinita. Se llama Del libro al libro. Consiste en la creación de espectáculos teatrales multidisciplinarios a partir de textos literarios de autores que pensaron la ciudad de Buenos Aires. Luego se vuelve al formato con el que se arrancó, porque el proceso de producción de las obras se plasma en un libro, en el que es posible encontrar desde el marco teórico de los espectáculos hasta comentarios de color de Lozano sobre las locaciones en las que se realizaron filmaciones.

Durante este mes, Lozano está presentando dos espectáculos. Sueños de Buenos Aires partió de textos de Jorge Luis Borges, Las ruinas circulares, Nueva refutación del tiempo y ¿Qué es el budismo? Es una mezcla de video, teatro, danza, recital y narración oral, que cuenta con la destacada participación de Ingrid Pelicori, quien lee en vivo. El otro espectáculo, Reino crepuscular, rescata cuentos de Julio Cortázar y combina danza del vientre y artes visuales. Este data del año pasado, pero Lozano lo reestrenó para que las dos patas del proyecto –que podría continuar, tal vez con Arlt– pudieran verse en la cartelera. Reino crepuscular va los viernes a las 21 y Sueños de Buenos Aires los domingos a las 21, sólo durante marzo, en Garrick, un espacio relativamente nuevo emplazado en Caballito (Avenida Avellaneda 1359).

Lozano plantea que el proyecto –que tiene algo de trabajo práctico facultativo– se desarrolló con flexibilidad. Fue fundamental la conversación con los demás artistas involucrados, porque determinó qué salía. Para Reino crepuscular convocó a una profesora de danzas árabes que la instruyó por largo tiempo, Paula Lena. Ella le sugirió incluir Texto en una libreta y se propusieron hablar del subte. Lo primero que se preguntaron fue cómo unir eso con las danzas árabes. “Al principio, Paula me decía que le parecía raro todo, porque no había conexión entre los temas. Pero después me llamó diciéndome que había pensado en las mayólicas de los subtes, que si bien las trajeron los españoles, son de origen árabe –explica Lozano–. Con la danza, unimos el universo que se crea en el subte –que según Cortázar es uno particular– con algo espiritual y religioso”, concluye.

Al referirse al budismo, Sueños de Buenos Aires también realza lo espiritual. Es un punto a favor del espectáculo de Lozano: implica un corrimiento del lugar común en el que habría caído si hubiera hecho hincapié en la cuestión de las orillas, tan presente en la literatura de Borges (y tan hablada ya). Aparecen, sin embargo, algunos fragmentos de Fervor de Buenos Aires, porque de todos modos el objetivo era hablar de la ciudad. “La cosa porteña de Borges no era lo que más nos interesaba. Queríamos que lo de Buenos Aires tuviera que ver con la mirada budista, con revalorizar el cielo, por ejemplo”, cuenta Lozano. Entonces, el espectáculo hace un cruce entre la literatura metafísica de Borges y sus versos más cotidianos. “Esto lo hace accesible para el espectador. No hubiéramos podido quedarnos en el plano de las ideas”, subraya Lozano, que en la obra también baila.

En el libro que explica cómo se hizo Sueños de Buenos Aires, Lozano le puso la firma a un par de crónicas de sus recorridos por templos budistas de la ciudad, que fueron escenarios del video que integra el espectáculo. En esas imágenes la acompaña Matías Barki, que es también el bailarín que después aparece en escena. Ellos interpretan a una pareja tratando de encontrarse. El budismo se plantea como una alternativa para vivir en una ciudad con miles de problemas, en la que precisamente cuesta encontrarse con el otro, como les ocurre a los personajes de esta ficción. Y esta idea se conecta con la historia personal de la directora. “Siempre viví en Buenos Aires. En 2008, cuando nació mi hija, me fui a vivir a Córdoba. Volví en 2010 e hice este proyecto. Me fui de la ciudad porque la muchedumbre me parecía una locura y me parecía terrible criar a mi hija acá. Pero por mi profesión extrañaba muchísimo la ciudad”, relata Lozano.

Durante un tiempo, Lozano trabajó en el archivo de danza del San Martín. Esa experiencia la influyó para desarrollar Del libro al libro. “La conclusión que saco es que es una ilusión registrar todo”, advierte. Y sí: se puede luchar contra la semiosis infinita, pero es imposible ganarle. “Nunca podés terminar de explicar todo, no tiene sentido”, dice. Los primeros libros, los de Cortázar, se distribuían gratuitamente una vez terminada la función, ya que este proyecto contaba con un financiamiento al haber sido elegido por Mecenazgo Cultural en una convocatoria de 2011, llamada Buenos Aires Capital Mundial del Libro. En cuanto al libro de Sueños de Buenos Aires, la idea de Lozano es ponerlo a la venta. Además de los detalles del proceso creativo de la obra, este material incluye entrevistas a Horacio González, María Kodama y un monje budista.

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Lozano es la ideóloga del proyecto, que involucra a artistas de diferentes disciplinas.
Imagen: Bernardino Avila
 
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