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Jueves, 18 de abril de 2013

TEATRO › LUCIANO SUARDI ESTRENA PASCUA, EN EL TEATRO SARMIENTO

Strindberg y la angustia de una espera

En el marco de la conmemoración del centenario de la muerte del dramaturgo August Strindberg, al argentino le tocó dirigir un elenco bilingüe de actores pertenecientes a la segunda generación de exiliados iberoamericanos en Suecia.

 Por Paula Sabatés

En el marco de las conmemoraciones por el centenario del fallecimiento del dramaturgo sueco August Strindberg, que se cumplió en 2012 y todavía sigue generando cientos de homenajes por todo el mundo, el Complejo Teatral de Buenos Aires presenta por primera vez en Buenos Aires la obra Pascua, uno de los textos dramáticos más representados en el país de origen del autor, pero nunca antes traducido al español. Se trata de una coproducción con el alias Teatern de Suecia (se estrenó allí primero, en marzo) y está a cargo de Luciano Suardi, a quien le tocó dirigir un elenco bilingüe de actores pertenecientes a la segunda generación de exiliados latinoamericanos y españoles en Suecia. Se verá desde hoy y tendrá sólo siete funciones –de jueves a sábados a las 21 y los domingos a las 20– en el Teatro Sarmiento (avenida Sarmiento 2715), que abre así su temporada internacional.

Antes del estreno, Suardi habló con Página/12 y contó que el hecho de que todos los actores tuvieran una experiencia de vida en Suecia fue una gran herramienta a la hora de encarar el trabajo. “Sirvió mucho que pudieran leer y actuar a Strindberg en su idioma original porque eso hizo que pudiéramos discutir ciertas palabras y expresiones de la traducción. Además, me ayudaron a comprender qué quería decir el autor en cada momento y a pensar cuál era la mejor manera de que eso se dijera en español”, explica el director, aunque asegura haberse encargado de no perder el espíritu latino que sus actores podían darle a la pieza.

Así, con traducción y adaptación de Anna María Padilla e interpretada por Jonatan Rodríguez, Naida Ragimova, Camilo González, Andrea Macchiavelli, Kirsti Torhaug y Måns Westfelt, la obra narra una parte de la historia de la familia Heyst. El padre fue condenado por múltiples estafas y su hijo heredó la responsabilidad de la familia y su manutención. Durante tres días (la obra se divide en tres actos, cada uno correspondiente al Jueves, Viernes y Sábado Santo), los Heyst esperan a que uno de los acreedores más perjudicados por las acciones del padre se acerque a exigirles el desalojo de su casa. La angustia de esa espera va a atravesar toda la historia.

Además de contar con actores que conocían el idioma, al director lo ayudó mucho montar la obra primero en Estocolmo. Cuenta que fue interesante haber pasado un invierno en esa ciudad para entender cómo el clima influye en la obra. Allí, las Pascuas coinciden con la llegada de la primavera. “Con los primeros calores de la estación se dejan atrás las angustias del invierno, los abrigos pesados. Es como si después de días tan oscuros y fríos viniera la liberación. Sin embargo, lo interesante de la obra es que en ella el Jueves Santo empieza la primavera y el viernes vuelve a nevar, lo cual es una metáfora de que cuando parece que el sufrimiento de esta familia por fin se acaba, vienen nuevos problemas que acentúan la desgracia.”

Además de esos aspectos de la obra, a la que cataloga como una de las más “blancas” y menos retorcidas del autor, Suardi dice que le atrajo mucho la psicología de los personajes. “Son señalados y condenados socialmente por lo que hizo el padre y eso hace que se sientan extranjeros en su propia tierra. Si bien la familia Heyst vive en su país de origen, no habita su pueblo natal y todo el tiempo muestra un anhelo por volver a él. Ese fue un sentimiento que me interesaba contar y que atraviesa toda la obra, sobre todo porque es lo que les pasa también a los actores”, asegura.

–¿Qué otros aspectos le interesaron de Pascua?

–Me interesó mucho el final, cómo supuestamente todo termina de una manera feliz cuando en realidad no es tan así. También me pareció interesante ver de qué modo lo que hizo el padre le afecta a cada integrante de la familia. La hija se vuelve loca, la madre niega por completo el crimen de su marido y el hijo, que en un punto es el más consciente de todos, se pregunta si tiene la culpa por lo que hizo su padre. Esa pregunta, la de si la culpa de los padres se hereda, fue una de las cosas que más me atrajeron.

–Curioso: de algo parecido trata la obra Espectros, de su contemporáneo noruego Henrik Ibsen, a quien Strindberg tenía como rival pero a la vez como “modelo a seguir”...

–Parece que fue una preocupación de esa época: qué pasaba con la familia en los grandes casos de corrupción, si estaba bien señalar a los hijos o si no tenían nada que ver, cuál era el papel de las mujeres, si se las debía considerar cómplices o no.

–Nada más actual...

–Nos pasa todo el tiempo como sociedad. Siempre estamos pensando si tenemos que pagar la deuda externa, por ejemplo, si somos responsables de ella. Es algo que nos preocupa como país. Así como heredamos la culpa, ¿heredamos también las deudas? Es una pregunta que todavía nos hacemos. Por eso la obra y las preguntas que se hace me parecen muy actuales. La angustia de perder la casa es otro de los problemas que se abordan en la obra y que hoy vivimos como sociedad. La tristeza de perderlo todo, de perder los muebles, la humillación que eso supone para una familia. Y me parece que está bueno encontrar estos paralelismos para poder llegar al público de otra forma.

–Se suele considerar a Strindberg como uno de los modernizadores del teatro de su época. ¿Coincide?

–Sí. Le habló a la sociedad de su tiempo e incluso la criticó como ningún autor lo había hecho hasta el momento. Además, en su obra hay ciertas fuerzas oscuras que hacen que la lógica de algunas situaciones y algunos personajes se trastrueque y eso también fue muy innovador en su tiempo. Y como si fuera poco, se metió en zonas en las que la burguesía de la época no estaba acostumbrada a que se metan. Por eso además de un moderno fue un autor controvertido.

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“Además de un moderno, Strindberg fue un autor controvertido.”
Imagen: Sandra Cartasso
 
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