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Viernes, 13 de junio de 2014

TEATRO › CUMBRES BORRASCOSAS, EN SU ADAPTACION MENOS PENSADA

Nada más clásico que una estufa

Esta versión de la novela de Emily Brontë se presenta como una instalación y su particularidad es que los personajes están representados por electrodomésticos y no por actores. La apuesta tecnológica no resigna el abordaje de emociones humanas universales.

 Por Paula Sabatés

La cartelera porteña ya ha visto algunas (pocas) adaptaciones teatrales de Cumbres Borrascosas, el clásico de Emily Brontë, pero ninguna como la que hoy y el viernes 27 se verá en el Centro Cultural Rector Ricardo Rojas. A cargo de la ingeniosa dupla Lolo y Lauti (sobrenombres artísticos de Lorenzo Anzoátegui y Lautaro Caminovich), y con texto de Gael Policano Rossi, esta versión se presenta como una instalación y su particularidad es que los personajes están representados por electrodomésticos y no por actores. Cada uno de ellos (hay licuadora, estufa, heladera, etc.) se ilumina o es activado siguiendo una pista de audio pregrabada con voces de actores reales, efectos y música. “Nuestra inspiración fue un taller mecánico oscuro lleno de electrodomésticos abandonados, apilados y con los cables enredados. Nos preguntamos qué historia contaba esa imagen”, cuenta a Página/12 el dúo que trabaja de forma conjunta desde el 2010 con distintos elementos de performance, instalación y teatro.

La propuesta surgió cuando a los directores les propusieron participar del ciclo Materia Prima, organizado por el Centro Cultural Matienzo, en el que se invitaba a artistas a trabajar con distintos materiales. A ellos les tocó usar desechos tecnológicos y la presencia de esos aparatos caducos les disparó “un montón de ideas relacionadas con la conciencia de clase, al arrepentimiento, el narcisismo y el irrevocable paso del tiempo”, temas que aborda de sobra la única novela de Brontë. “Le comisionamos a Gael una adaptación que fuera fiel a lo gótico y trágico del libro, en la que los personajes fueran conscientes de su condición de objeto, pero que desde la poesía equilibraran la terminología tecnológica con emociones humanas universales. Dentro de estos parámetros, la trama es la misma”, cuenta Lauti.

En la puesta los electrodomésticos están solos en escena. Todos los objetos coexisten en la sala y son las luces las que van creando distintos encuadres y determinando las escenas. El movimiento y el carácter están dados a partir del desempeño de cada electrodoméstico o, como lo llaman Lolo y Lauti, “su potencial performático”. Así, por ejemplo, la estufa halógena se ilumina y la aspiradora ruge. Además, todos “hablan”. El personaje de Heatchcliff, que es una estufa, tiene la voz de Martín Piroyanski. Por otro lado, a la familia Earnshaw la interpretan Alejandro Tantanian (que hace del padre-aspiradora), Julián Kartún (hijo mayor-también aspiradora, pero más chica) y María Alché (que tiene a cargo a la bella estufa-Catherine). Por último, Valeria Lois le da vida a la heladera que encarna a Isabella Linton y Mirta Busnelli y Ana Pauls hacen del mismo personaje (una de más grande y la otra de joven): la ama de llaves Nelly, que es una televisión.

Pero por más extravagante que suena, el de Lolo y Lauti es un proyecto pensado y consciente. Tanto, que se preocuparon por respetar algunos de los ejes centrales de la novela. Tanto en la original como en todas las adaptaciones, el personaje de Heatchcliff representa una minoría marginada. En esta puesta que se presenta en el Rojas también sucede así: el que hace de Heatchcliff es el único electrodoméstico de factura nacional, mientras que todos los demás son importados. “Creemos que la narrativa puede valerse de cualquier medio, vivir en cualquier cosa. Una manzana en un cajón cuenta una historia, porque éstas se cuentan más allá de las etiquetas”, asegura Lolo, demostrando que no importa la poética elegida si detrás hay una idea clara y concreta.

Respecto de la relación entre arte y tecnología, Lauti apunta: “La tecnología ha penetrado lo cotidiano y no es algo exótico. Vivimos en una fantasía futurista de los ’50. Que lo demos por sentado o nos parezca normal, es otra cosa. Y obviamente, el arte se hace eco de eso”. Y aunque no haya presencia humana en escena (sí detrás de ella, porque hay técnicos operando a los objetos), la dupla asegura que hacía mucho que no presentaba algo tan teatral. “En Cumbres utilizamos objetos con movimiento limitado mientras que su voz, humana, está llena de emociones. Lo paradójico es que la falta de presencia visual humana hace que sea lo más teatral y dramático que hayamos hecho jamás”, asegura Lolo, que sostiene que “Cumbres Borrascosas es una experiencia estética, ni íntima ni interactiva. El espectador participa mentalmente armando el universo. Es como escuchar un radioteatro mirando la pava”.

* Cumbres Borrascosas se verá hoy y el viernes 27 a las 21 y a las 22 en la Sala Cancha del Centro Cultural Rector Ricardo Rojas, Av. Corrientes 2038. Habrá una capacidad limitada para 30 espectadores. Entrada $40. El viernes 20, feriado, no habrá función.

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Cumbres Borrascosas se podrá ver hoy y el viernes 27 en el Centro Cultural Rojas.
 
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