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Miércoles, 11 de febrero de 2015

TEATRO › EMILIANO DELUCCHI Y EL REESTRENO DE TUTE CABRERO

Todos en el mismo lodo

 Por Cecilia Hopkins

“Con algunos autores argentinos tengo una relación particular”, admite Emiliano Delucchi, director de Tute cabrero, el recordado texto de Roberto Cossa que acaba de reestrenarse en El Duende, teatro-estudio de Agustín Alezzo. Los autores de los que habla el director son los mismos que viene frecuentando también como actor, bajo la dirección de Lizardo Laphitz, con quien ya estrenó Nuestro fin de semana, del mismo Cossa, y Estela de madrugada, de Ricardo Halac. Luego de dar a conocer su puesta de Los prójimos, de Carlos Gorostiza, Delucchi eligió este texto que subió a escena en Los Teatros de San Telmo en 1981, bajo la conducción de Raúl Serrano.

El título de la obra alude a un juego de cartas de origen español que, aun en sus diversas variantes criollas, siguió fiel a su rasgo distintivo: es necesario que dos jugadores establezcan una alianza para desbancar a un tercero. En 2006, en ocasión del estreno de la misma pieza con dirección de Jorge Graciosi, Tito Cossa decía a Página/12: “El tute es un juego perverso. A mí me quedó grabada la imagen de que ahí nadie gana y pierde uno. Mientras se tiran las cartas, se van formando alianzas: los jugadores tantean, especulan... Se lanzan contra aquel al que pueden joder y aprenden a no tirarse contra quien no les conviene”. El título alude directamente a la situación que se genera en la oficina de una empresa, donde tres dibujantes de planos son informados de que, por razones de recorte, uno debe abandonar su puesto. Se agrega, además, un pedido: en virtud de conformar un grupo humano, la decisión quedará en manos de los propios interesados.

Escrita en forma de guión televisivo, luego olvidado, Tute cabrero fue muy elogiada en su versión fílmica, dirigida en 1968 por Juan José Jusid. El texto que se estrenó trece años más tarde dio cuenta de cambios de enfoque de los personajes, aunque no en su significación y en su retrato de un mundo laboral deshumanizado que atenta contra las relaciones interpersonales y alienta el “sálvese quien pueda”. Plantea una batalla que también es generacional, dado que Sergio, Carlos y Sosa –en la puesta de Delucchi interpretados por Gastón Cocchiarale, Mariano Ulanovsky y Eduardo Juncadella– esgrimen sendas razones de edad y experiencia para no ser ellos los elegidos, opiniones que refuerzan sus respectivas acompañantes femeninas, aquí a cargo de Victoria Sarchi, Marina Lamarca y María Laura Rolle.

–¿Por qué se interesa por textos de generaciones teatrales tan alejadas a la suya?

–A veces escucho que son obras aburridas y a mí me parece injusto el comentario, porque considero que ni siquiera es un teatro tan visto. Después de Discépolo, me parece que autores como Cossa, Gené, Gorostiza o Halac son la base de nuestro teatro, los que empezaron a hablar del mundo que conocemos.

–¿Realizó cambios en la obra?

–Creo comprenderla bien y hacer un aporte con mi puesta. Pero no le hice ningún cambio. Hago lo que Cossa propone dentro de los límites del espacio que disponemos en la sala. Pero respeto su idea: los personajes están todos juntos en la misma habitación, “en el mismo lodo, todos manoseados”, como dice el tango.

–¿Tampoco pensó en cambiar el momento en que transcurre la obra?

–No, nos mantuvimos en los ‘80. De todas formas, lo que pasa en Tute cabrero sigue sucediendo, puede ser comprendido en otras culturas y por distintas generaciones, que podrán sacar sus propias conclusiones después de sentirse tocadas por una obra que no busca juzgar el comportamiento de los personajes sino que simplemente los muestra.

–¿Cuál es su posición con relación a los personajes?

–No salvo a ninguno de los tres. Y me cuesta muchísimo ponerme del lado del patrón, porque me parece perverso el planteo de la empresa, que propone que un grupo humano puede tomar la decisión por sí mismo. En realidad, los jefes tienen la posibilidad de dar la cara, pero no les interesa demostrar comprensión.

–¿Cuál es su conclusión principal?

–La situación de la obra demuestra que por más que los personajes hagan declaraciones de amistad, cuando se sienten amenazados, cuando las papas queman, los ideales son difíciles de mantener. Esto lo vemos todos los días en diferentes situaciones de trabajo. Hasta en los políticos, que se dan vuelta para mantener no solamente sus réditos económicos sino su poder.

* Tute cabrero, Teatro El Duende, Aráoz 1469, los sábados a las 21 y los domingos a las 20.

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“Cossa, Gené, Gorostiza o Halac son la base de nuestro teatro.”
Imagen: Rafael Yohai
 
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