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Viernes, 25 de septiembre de 2015

TEATRO › SERGIO ROWER, LUIS RIVERA LOPEZ Y EL AMOR DE DON PERLIMPLIN CON BELISA EN SU JARDIN

“Lorca reúne algo esencial, la síntesis”

El adaptador y actor titiritero y el director explican cómo el texto del poeta granadino encuentra un vehículo ideal en los títeres de su grupo Libertablas. “Estos genios son los que todavía nos conmueven y el quehacer teatral los actualiza”, señalan.

 Por Sebastián Ackerman

La costumbre de Libertablas de realizar adaptaciones de clásicos para títeres se mantiene aun en las obras que el grupo ofrece para adultos. La más reciente, Aleluya erótica, tiene un origen curioso: fueron convocados al festival internacional de títeres que se celebró el año pasado en Uruguay, dedicada a los 80 años de la visita del poeta granadino Federico García Lorca a ese país. “Nos preguntaron qué espectáculo de Lorca teníamos en Libertablas. ¡No teníamos ninguno!”, recuerdan ante Página/12 el director Sergio Rower y el adaptador y actor titiritero Luis Rivera López. Recibieron un reto de sus colegas de España, Cuba y la República Oriental: “Nos dijeron que no podía ser que no tuviéramos una obra de Lorca, nosotros que nos jactamos de trabajar con los clásicos. Y así salió... Esa fue la llave de la puerta para empezar esta obra”. La obra, claro, es El amor de don Perlimplín con Belisa en su jardín, que se presenta los viernes a las 20.30 en Pan y Arte (Boedo 876).

En esta puesta, la segunda en la que Rower y Rivera López participan (ver recuadro), el rol de los personajes se intercambia entre actores y títeres, con transiciones que permiten que la historia de amor entre un viejo y su joven esposa fluya. La criada Marcolfa convence a Perlimplín, un hombre grande y solitario, para que conozca a Belisa, una hermosa mujer que es obligada a casarse con él, y por la que Perlimplín se sacrificará en más de un sentido. Esa asociación entre títeres y actores multiplica las posibilidades expresivas, y cuando la narración la desarrollan los muñecos la mirada se dirige naturalmente hacia ellos. Por los elogios que recibió la obra del elenco español que participó del festival en Uruguay, quieren llevarla el año que viene de gira por España. “Dijeron que era muy española, súper respetuosa”, recuerda Rower. “Es bueno eso, porque es como que yo voy a la fiesta del choripán en Rusia, y me gustaría probarlo y ver si tiene algo que ver con el nuestro (risas)... aunque no tiene nada de folklore español, ni guitarras rasgando”, adelanta.

El movimiento argentino nació cuando Lorca presentó en el Teatro Avenida entre 1933 y 1934 Bodas de sangre; luego de las funciones realizó otras de El retablillo de don Cristóbal, que había escrito para títeres de giñol. Allí, Javier Villafañe y Sarah Bianchi presenciaron esas minipuestas que se realizaban bajo la supervisión del propio Lorca; se considera la primera obra para adultos hecha con títeres. Aunque no pasó tanto tiempo desde ese origen, Rivera López considera que desde Libertablas tienen que luchar contra muchos prejuicios cada vez que presentan una obra para adultos. “Es una confusión cultural de años, que une a los títeres con los chicos”, analiza, y aclara que esta obra no está pensada para chicos, ya que trabaja sobre “las relaciones del amor y su imposibilidad, y su vínculo con la muerte. El amor y lo cerca que, a veces, el acabar del amor es el acabar de la vida”, detalla.

–¿Cuál es la actualidad de una obra de Lorca escrita en 1933?

Sergio Rower: –Estos genios son los que todavía nos conmueven y el quehacer teatral los actualiza. Nosotros en este rubro, teatro con objetos para adultos, hace mucho que elegimos hacer lo que nos gusta. Nos sumerge en la esencia de lo mejor, rescatar un clásico lleno de poesía. En esa cuestión tan subjetiva y tan personal, a uno le parece que Lorca lo escribió para la estética que nosotros decidimos buscar (risas), el personaje dentro del personaje, y el objeto como complementación del actor, que reúne algunas características del actor mismo. Lorca reúne algo esencial en los títeres, que es la síntesis. La obra empieza con un “porque sí”, y eso lo podés usar para cualquier cosa. Tiene la profundidad de lo esencial, y eso para nosotros es bien titiritero. Síntesis no como hablar poco o de cosas pequeñas, sino porque te deja desnudo frente a los problemas trascendentales de la vida.

Luis Rivera López: –La base de la historia funciona. Es muy bueno cuando la teoría resulta en la práctica, porque a veces se plantea que son incompatibles. Esto básicamente es teatro, el teatro de objetos es teatro. La teatralidad es lo que lleva adelante todo, la metaforización de la realidad que tiene el teatro. Te lleva de las narices por la historia. No importa si estás manipulando un objeto o sos vos mismo, lo importante es que estás trascendiendo tu propio ser para convertirte en otro. Lo que fluye es la teatralidad.

En Aleluya erótica los títeres fueron diseñados y creados para esta puesta. Cada elemento tiene su función en el relato, y facilitan la expresividad de los personajes. Esa expresividad, asegura Rivera López, es la del titiritero, y el objeto sirve para que esa emoción llegue al público: “Es al titiritero al que le deben suceder todas las cosas. ¿A quién le van a pasar, al títere? ¡Si es un objeto! La vida es la del titiritero porque está mostrando, a través del objeto, las cosas que le están pasando a él”, explica, y Rower diferencia las destrezas técnicas de las emociones que debe producir el teatro. “Un títere hermoso solo es plástica, no teatro. Ahí ves objetos lindos que se desplazan, pero no hay emoción. Está buenísimo, es válido y hay espectáculos que son hermosos desde lo técnico, pero si no emociona al público es como si lo llevaras a Warnes”, ríe, y señala que el teatro “no es una visita guiada por una feria de destrezas. Somos de una vieja escuela, y debe haber un compromiso en ese sentido”, afirma.

–Trabajan con tres tipos de títeres en la obra. ¿Por qué la elección de cada uno?

S. R.: –Es una sumatoria de cosas que teníamos ganas de hacer. Sé que cuento con grandes artistas, entonces puedo trabajar con distintos tipos de títeres, aunque no es casual la elección de las técnicas. Una primera parte de títeres de guantes tiene que ver con el imaginario, porque Perlimplín ahí es más títere de la situación que nunca. Tampoco es casual el tamaño de los títeres, aunque no sé si alguien se dará cuenta, porque los personajes también van creciendo: arrancan chiquitos y terminan grandes. Con Pinocho pasa lo mismo: termina siendo una persona a la que le pasan cosas. Con el correr de la idea y los ensayos me fui encontrando con una lógica, aunque sea ridícula, pero lógica al fin (risas).

L. R. L.: –Cuando Perlimplín es preso de su propia imagen –porque el personaje también arma un teatro dentro del teatro– ese personaje es su ser más íntimo, lo que él realmente desea. Es una obra bella, no sólo porque tiene lecturas dentro de lecturas, sino también porque hace que los espectadores y los actores se vayan del teatro pensando en la obra y sigamos con esto en la cabeza.

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“Hay una confusión cultural de años que une a los títeres con los chicos”, señala el dúo.
Imagen: Rafel Yohai
 
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