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Viernes, 29 de enero de 2016

TEATRO › JAVIER MARGULIS FRENTE AL ESTRENO DE LAS HORAS FUERA DE LOS MARGENES

La teatralidad y el cruce de lenguajes

El nuevo montaje del teatrista se basa en el cuento “El jubilado”, del polaco Bruno Schulz, autor cuyo lirismo inspiró a Tadeusz Kantor, entre otros creadores. “Es un espectáculo íntimo, lleno de imágenes que dejan a la vista las convenciones del teatro”, define.

 Por Cecilia Hopkins

Con sus espectáculos Ritual de comediantes, El instante de oro y Experimento Damanthal, el director Javier Margulis afianzó un estilo personal que se hizo reconocible por sus tiempos ralentados y sus escenas comparables a composiciones pictóricas en las cuales el texto ocupaba el mismo lugar que los elementos visuales y musicales. Y aunque luego de esas experiencias dirigió espectáculos que tuvieron otras características, como su destacada puesta de hace dos años de La muerte y la doncella, Margulis vuelve a la cartelera con Las horas fuera de los márgenes, un espectáculo que retoma aquella singular teatralidad inaugurada a fines de los ‘80. Con la actuación de Fidel Vitale, el montaje se basa en el cuento “El jubilado” del polaco Bruno Schulz, autor cuya imaginación y lirismo inspiró a Tadeusz Kantor, entre otros creadores. La música original es del propio Margulis, el diseño de escenografía es obra conjunta con Oscar Trussi y la iluminación pertenece a Marco Pastorino.

Mediante el cruce de lenguajes, Las horas...retrata la vida cotidiana de un anciano que rememora sus tiempos de oficinista mientras sobrevuela la ciudad sin apartarse del marco de su ventana. Hasta que un día, observando a un grupo de escolares, se le ocurre un proyecto que, al llevarlo a cabo, cambiará su vida: decide matricularse en la escuela primaria de la ciudad para convertirse en un “veterano del abecedario”, statu que no le impedirá ser tratado como sus condiscípulos, en lo que respecta a conducta, premios y castigos. “Es un espectáculo íntimo, lleno de imágenes que dejan a la vista las convenciones del teatro”, describe Margulis a Página/12, “y muy alejado de la faceta siniestra y perversa que caracteriza a la obra de Schulz”, considera el director, quien hace tiempo está escribiendo Una visita a B.S, una obra inspirada en el imaginario del escritor y dibujante que murió asesinado por los nazis, tres años después de la ocupación de Polonia.

–¿Cómo llega a la obra de Schulz?

–Supe de su existencia hace unos 20 años, primero a través del trabajo de los hermanos Quay, artistas ingleses que se inspiran en su obra. Luego lo leí y su mundo me fascinó.

–El cuento se llama, originalmente “El jubilado”...

–Sí, no quise usarlo porque la palabra jubilado no me es atractiva y podría dar la impresión de que se trata de una obra de teatro de los 60 o 70. El título alude al ocio, a lo que no está en el tiempo útil. El personaje piensa que ser viejo es un estado por el cual la persona recibe favores o beneficios. Y él quiere que ser tratado como a los demás.

–¿Qué encuentra el personaje en la escuela?

–El viejo no cree, como el director, que el abecedario y las tablas sean lo más importante en la educación de una persona. Siempre rodeado por sus compañeros, el viejo se vuelve un líder de los chicos, sabe resolver problemas y negociar. Más que aprender todo nuevamente lo que el viejo quiere es estar con los otros.

–¿De qué habla esta historia?

–De la necesidad de mantener un espíritu lúdico y vital, porque la vida, la verdadera, se encuentra en la capacidad creativa. Yo me reconozco en este personaje: mis mejores amigos son niños y me encanta el vínculo que puedo generar con ellos, especialmente la sabiduría que tienen.

–¿Cómo es la propuesta plástica?

–El dispositivo escenográfico muestra objetos suspendidos que suben o bajan según la necesidad del personaje. El ritmo lento amplía la visión del que observa, porque tiene la capacidad de revelar cosas que de otra forma no se ven. Da más tiempo a la tarea de construir otro mundo dentro del mundo.

–Además de dirigir, usted se desempeña como coordinador del área Música y Teatro del Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti. ¿Qué cambios espera luego de la renuncia de su director?

–Sí, estoy entrando en el séptimo año en la conducción de este espacio que depende del Archivo de la Memoria. Ahora, con la renuncia de Eduardo Jozami, su director, no sé qué va a pasar. Aunque no creo que despidan a nadie: sería absurdo, porque a nosotros nos falta gente. La sala está programada hasta marzo. Veremos qué pasa cuando nombren nuevo director.

–¿Qué observaciones tiene para hacer acerca del momento político actual?

–Hay provocaciones que son lamentables, fruto de la impaciencia. No se quiere dejar hablar al 49 por ciento restante. Lo que espero es que la política aplicada en la Ciudad no sea la misma que se aplique a la Nación. Lo que pasa con el San Martín es lamentable: se conservan los bares notables, pero nos perdemos un espacio necesario para Buenos Aires. Es que para este proyecto de sociedad cierta cultura no es útil, no da réditos interesantes y a veces molesta, porque es cuestionadora.

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Las horas..., puesta de Margulis, se puede ver los sábados en Patio de Actores.
Imagen: Rafael Yohai
 
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