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Viernes, 4 de marzo de 2016

TEATRO › MARIU FERNANDEZ HABLA DE SU PROTAGONICO EN EL MUSICAL YO NO SOY AMY

“Es un homenaje hecho con amor”

Aunque descubrió tarde a Amy Winehouse, la actriz y cantante se identificó mucho con la obra de la inglesa. En la pieza que escribió Osvaldo Bazán y dirige Dennis Smith, interpreta a una actriz que cree ser la autora de “Rehab” como base para narrar su vida.

 Por Candela Gomes Diez

¿De quién era esa voz poderosa, excéntrica? Muchos arriesgaban que, por su estilo jazzero, la dueña de ese prodigio bien podía ser una cantante negra, con décadas de escenario. Pero la inquietud no tardó en disolverse cuando se supo la identidad de aquella vocalista, una joven blanca, veinteañera, de familia judía, oriunda de Southgate –norte de Londres–, que comenzó cantando en los bares para públicos fortuitos, amantes del jazz. Amy Winehouse comenzó a dar que hablar con su primer disco, Frank, lanzado en 2003, y su talento se transformó en un éxito imparable tres años más tarde con el desembarco de su segundo y último trabajo, Back to Black. Convertida en algo más que “una cantante con mucha suerte”, como ella misma se definía, y después de cosechar récords musicales, cinco premios Grammy en una noche, y el reconocimiento de colegas de larga trayectoria, la joven promesa del soul y el jazz dejó de cantar el 23 de julio de 2011. La cantidad de alcohol en sangre encontrada en su cuerpo fue demasiada, y con sólo 27 años Amy pasó a ser una leyenda asociada a otros músicos muertos a la misma edad como Brian Jones, Jimi Hendrix, Janis Joplin, Jim Morrison y Kurt Cobain.

El éxito póstumo sorprendió a la actriz Mariú Fernández, quien decidió realizar su propio tributo con Yo no soy Amy, obra en la que reflota la época dorada de la cantante y compositora londinense, y que coincide con el estreno reciente de Amy, el documental dirigido por Asif Kapadia, reciente ganador de un Oscar. Dirigida por Dennis Smith, y escrita por Osvaldo Bazán, la puesta está basada en la idea original de Fernández, quien comenzó un par de años atrás a realizar una serie de conciertos, ahora transformados en un musical que se luce los viernes a la medianoche, en el Maipo Kabaret (Esmeralda 443). Acompañada por un coro de hombres histriónicos y una orquesta de músicos en vivo, la artista local encarna sobre el escenario a una actriz que, por momentos, cree ser Amy Winehouse, y en ese juego de doble identidad encuentra la excusa para lanzarse a cantar los hits “You Know I’m No Good”, “Tears Dry On Their Own”, “Rehab” y “Back to Black”, entre otros temas menos conocidos. Con tacos altísimos, un vestido apretado y su peinado batido característico, icono de la moda de los 60, la protagonista emula a la provocadora Winehouse en su inagotable caudal de voz y en su estética, y busca traer al recuerdo los mejores años de la joven diva, pero sin renunciar a revelar sus vicios y dolores.

Con una nutrida carrera en el teatro musical, desde su debut en Candombe nacional (con Enrique Pinti), hasta su reciente participación en Shrek, el musical, Fernández realizó un estudio minucioso para componer esta interpretación, que incluyó un viaje a Camden Town, el barrio británico donde vivió y murió la artista. “Ella no buscaba ser famosa. Sólo quería ser cantante y hacer su música –asegura–. Amy subía al escenario y sabía lo que tenía que hacer y más. Todo el tiempo fue honesta y decía lo que pensaba con humor; decía que era insegura y que lo que mejor sabía hacer era cantar, y se mostraba sorprendida por el éxito que tenía. Esa era su autenticidad.”

–¿Cómo surgió la idea de realizar este tributo?

–La idea inicial arrancó hace dos años. Estaba haciendo una gira con la obra Tango feroz, con unos amigos, y no nos estaba yendo bien, entonces cada uno comenzó a pensar en otros proyectos, y entonces les comenté que había descubierto a una artista. Cuando les dije que se trataba de Amy Winehouse, me contestaron: “Mariú: ¡ya la conoce todo el mundo!”. La descubrí tardísimo y cuando la escuché lo primero que me pregunté fue: “¿Quién es esta mina que tiene esta voz?”. Pensé que era una cantante negra y después me encontré con esa chica flaquita, blanquita. Me atravesaron mucho sus letras, y lo que ella hizo con el jazz, con el soul, el ska y el hip hop. Amy era prepotente a la hora de contar y decir, y al mismo tiempo su música tenía ese sonido antiguo que podés escuchar en un disco de Los Plateros, con esos coros y voces de antes. Eso me impactó, entonces pensé en convocar a una banda para empezar a hacer conciertos. Siempre tuve la idea en la cabeza de contar su vida, pero me parecía que primero teníamos que lograr el sonido y la imagen, porque siempre encaro un personaje con observación, y en este caso hago un trabajo de interpretación como actriz y cantante. No soy una imitadora, pero respeté el registro en el que canta Amy, y eso era un laburo importante y un desafío que me gustaba asumir, porque soy soprano dramática y ella era contralto.

–¿Cómo fue el proceso de investigación para poder interpretarla?

–Comencé a escuchar temas, y a ver videos y notas. Cuando empecé a investigar, había muy poco material sobre su vida, sobre todo opiniones de otras personas o entrevistas que ella había dado en la primera etapa de su carrera, por su disco Frank. Era muy joven y tenía una manera particular de pararse en el escenario. En las notas hacía lo mismo. Era despierta, graciosa y tenía mucho humor. Pero con el tiempo, veía que en sus shows y en sus presentaciones prestaba atención a otra cosa, y se dedicaba a tomar sus tragos, aunque como tenía oído y una capacidad musical tan impresionante siempre pudo desenvolverse bien... hasta el último tiempo, en el que sus performances ya no eran tan buenas. Cuando arranqué a hacer los conciertos vi todo de ella, y me dolía y me costaba mucho ver sus momentos más tristes y difíciles. Eso me llevó a pensar que quería mostrar su época más luminosa.

–Precisamente, en la puesta adquiere mayor protagonismo su obra musical, a diferencia de lo que ocurre, por ejemplo, con el documental sobre su vida, que relata cómo fue su proceso de autodestrucción. ¿A qué se debió esa decisión?

–Nunca quise apelar al golpe bajo. En la obra se muestran los momentos dramáticos, pero son eso, momentos duros en la vida de una artista. Mi personaje, que siente por momentos que es Amy Winehouse, cuenta que vivió momentos de dolor, pero también momentos felices porque la música era lo único que la conectaba con otra cosa. La idea de incluir su problema con el alcohol y con la soledad la debatimos con Osvaldo Bazán y con Dennis Smith, y consideramos que teníamos que hablar de eso porque era parte de ella.

–¿De qué manera se trabajó el texto?

–Me reuní con Osvaldo, a quien conocí trabajando en su obra Y un día Nico se fue, porque me había gustado mucho su manera auténtica y despiadada de encarar las cosas. Ya venía haciendo estos conciertos, pero quería hablar más de su vida, entonces él planteó la posibilidad de contar, desde la ficción, una historia entre Amy y yo, y elegimos desdoblar el personaje y buscarle distintas aristas. Fue un trabajo en equipo, de prueba y error.

–¿Y qué criterios adoptaron para elegir las canciones? La elección no debe ser azarosa...

–No. Elegimos primordialmente temas que fueron escritos por ella, y que dicen algo importante y especial. Son diez canciones que hablan de distintos momentos de su vida, y cuando suenan los temas de Frank es un momento muy honesto y visceral de la obra, porque muchos no los conocen y para mí era fundamental que estuvieran. El resto de las canciones, que son hits, hablan por sí solas. Y al final, interpretamos un tema propio, con letra mía y música de Leandro Becker, el director musical, porque queríamos aportar algo nuestro en este homenaje.

–¿Cómo cree que se recuerda hoy a Winehouse? ¿Se ha convertido en un mito?

–Ella es parte de un mito o una leyenda, como los músicos que pasaron a formar parte del “Club de los 27”. Y, quizá porque es contemporánea y de mi época, me siento muy identificada con ella en muchas cosas, más allá de la distancia. Amy era insegura y todos los artistas tenemos inseguridades. Era una artista increíble que dejó un vacío, porque lo que hizo ella no lo hicieron los otros músicos de su época, ni siquiera los que siguen vigentes. Creo que la mejor manera de rendirle un homenaje a un artista es dejando vivo su legado y haciendo sonar su música por más tiempo. Por eso es que este homenaje está hecho con mucho amor y mucho respeto.

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En Yo no soy Amy, Mariú Fernández reflota la época dorada de la cantante y compositora londinense.
 
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