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Sábado, 30 de julio de 2016

TEATRO › IRIS PEDRAZZOLI DIRIGE PONY, DEL DRAMATURGO VENEZOLANO GUSTAVO OTT

Una sociedad salvaje y globalizada

Comedia irónica, presenta a una viuda que busca contención. La familia aparece entonces como fiel reflejo de un mundo frío y calculador, en el que solo sobreviven los inescrupulosos. “Todo esto con humor, y un final que emociona, abierto a la esperanza”, dice Pedrazzoli.

 Por Cecilia Hopkins

Nacido en Caracas en 1963, Gustavo Ott es uno de los dramaturgos venezolanos más traducidos y premiados. Escrita en 2003, su obra Pony presenta a una viuda reciente con dos hijos que busca apoyo y contención en su familia. Pero sus padres y su hermano, que sólo cuidan sus intereses, intentarán sacar partido de su situación desventajosa y frágil. En esta comedia irónica y cruel, la familia de Mónica, la protagonista, es el fiel reflejo de un mundo frío y calculador en el que solamente sobrevive quien no tenga escrúpulos. Sin embargo Ott habla acerca de la esperanza. En código de comedia negra, bajo la dirección de Iris Pedrazzoli, Pony acaba de subir a escena en el Teatro del Abasto (Humahuaca 3549) con la actuación de Guido D’Albo y Araceli Haberland.

A pesar de la actualidad del texto de Ott, Pedrazzoli propone una estética que apunta a un tiempo indefinido. Así, el vestuario de Julieta Fassone suma estilos de diversas culturas urbanas en colores blancos y negros sobre una escenografía despojada. Según afirma la directora en la entrevista con Página/12, una pantalla asume en la puesta la función de ser “el espejo de una realidad decepcionante con la que podemos reflexionar separando fantasía de realidad”. La pantalla hace posible “la visión de una humanidad manejada por un poder absoluto que prioriza la supervivencia individual a cualquier precio y que paga con su propio, irreflexivo y autodestructivo destino global”.

–No es la primera vez que realiza la puesta de una obra de este autor. ¿Por qué vuelve a él?

–Los textos de Gustavo Ott tienen la particularidad de plantearle al director la posibilidad de hacer una especie de reescritura. Es un autor que tiene la generosidad de permitir una amplia libertad para que se desarrolle a pleno la creatividad de una puesta que, por supuesto, respeta la estructura dramatúrgica de la obra.

–¿Por qué define su puesta como una comedia negra?

–Porque desde la propuesta original puede trabajarse así. El planteo de la historia y sus desopilantes personajes nos incitó a ir hacia la farsa y el absurdo. Y potenciar de este modo el proceso de simbolización entre la palabra y la metáfora propuesta por el autor.

–¿Cómo describiría la realidad que plantea esta pieza?

–Pony nos muestra una realidad oculta, ignorada o controlada. El autor parte del micromundo de una familia, y al sumar la puesta en escena logramos exponer a una sociedad salvaje y globalizada que nos obliga a plantearnos interrogantes y a reconocernos.

–¿Cómo interpretar lo que sucede con esta familia?

–La familia es una metáfora de la sociedad. La perversión de los valores, la naturalización de lo incorrecto en correcto, la anulación de los sentidos para encajar en el sistema de supervivencia sin considerar en absoluto costos ni consecuencias. Mónica es una metáfora del ser despojado, vulnerable e invisible. Mientras tenga algo que proveer será utilizada para luego ser desechada sin miramientos.

–¿En qué medida el equipo creativo se implica en lo que la obra significa?

–Jugamos, a través de estos hilarantes personajes socialmente incorrectos, con la contradicción entre lo que dicen y lo que ocurre en escena, con nuestras propias contradicciones y hasta con nuestra voluntaria participación en la destrucción del mundo en que vivimos. Todo esto, con el arma poderosa del humor y con un final que emociona, abierto a la esperanza.

–Hay textos de la obra que parecen sacados de algunos discursos que se escuchan hoy mismo. ¿Qué nuevos sentidos asume esta pieza teatral entre nosotros?

–Los discursos son parte de la farsa. Y si se parecen a los que se escuchan por ahí, creo que esto refuerza la idea de reconocernos como individuos responsables de lo que generamos.

–¿Por qué buscó para la puesta un aire atemporal?

–La atemporalidad nos permite destacar el sentido metáforico y sostener el concepto de globalización. Nos deja mas lugar para creer en que hay tiempo para encontrar una salida de transformación. Y como dijo Augusto Boal, los que hacemos teatro tenemos la obligación de inventar un mundo mejor porque sabemos que otro mundo es posible. Creo profundamente en eso.

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El espectáculo dirigido por Pedrazzoli acaba de subir a escena en el Teatro del Abasto.
 
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