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Jueves, 21 de febrero de 2008

TEATRO › “CLEANSED”, DE MARIANO STOLKINER

Sobre la necesidad de ser amado y amar

El director de una nueva puesta sobre Sarah Kane cree que “en la obra hay esperanza, más allá de la devastación”.

 Por Hilda Cabrera

“La felicidad individual necesita de la armonía de los otros para ser completa. Todos estamos en todos, y el pedido de Sarah Kane es una manera de señalarnos que tenemos la chance de estar mejor.” El actor y director Mariano Stolkiner, entusiasmado con las creaciones de Kane, insiste en el carácter esperanzador de Cleansed, obra de la autora inglesa que acaba de reestrenar en El Gato Viejo (los martes y sábados a las 21.30). También porque es padre primerizo de una niña de apenas tres meses y quiere ver la vida desde una perspectiva menos amarga que la volcada por otros artistas sobre la producción de la escritora que se suicidó a los 28 años. Interesado en la dirección y con “ganas de escribir” –es autor de L.U.I.S. (Las Ultimas Imágenes Soñadas)–, Stolkiner se formó en los talleres de Rubén Szuchmacher y Patricia Gilmour y completó estudios en el exterior. Viajó a Londres luego de ver en Buenos Aires Las tres vidas de Lucie Cabrol, del Théâtre de Complicité, dirigido por Simon McBurney. “Tuve la suerte de mantener contacto con Simon, con Philipe Gaulier y con la actriz Lilo Baur, que trabajó en esa obra y vive en Francia –cuenta el director–. Esa gente fabulosa ha tomado el concepto barbeano (por Eugenio Barba) del teatro sin frontera y la idea de que la tierra del actor es el propio teatro.”

–¿Qué representa Sarah Kane para su generación?

–Encontré muy cercana a esta autora por las circunstancias de vida por las que atravesó en un tiempo que fue también el mío. Esta obra fue escrita en un Londres que conocí. Estuve allí tres años, estudiando. Lo que ella transmite en su escritura no se distancia demasiado de lo que se ve hoy en Buenos Aires.

–¿Lo sorprendió aquella identificación?

–Somos culturalmente distintos, pero en esto nos gana la globalización. Nací en 1973, y aunque crecí en años difíciles, los chicos de mi edad podían expresarse desde los afectos. Kane es de mi época, nació en 1971, y mostró en sus obras esa misma necesidad de amar y ser amado. Lo dice, y de manera desesperada, uno de los personajes de Cleansed: ayúdenme o me mato. Kane no obtuvo respuesta, o ella no la escucharon, porque dos años después de escribir esta obra se mató.

–¿Es la misma urgencia que manifiesta en 4:48 Psicosis?

–Ahí hay una despedida; un testamento. En Cleansed hay esperanza, más allá de su contenido, del horror y de la devastación de ese psiquiátrico universitario en el que se encuentran los personajes.

–¿El encierro es un elemento esencial en esta autora?

–Ella vivió en carne propia el encierro emocional y físico. Pienso en sus obras y yo mismo experimento un encierro aun estando en la calle. Las exigencias sociales son cada vez más numerosas, de manera que para seguir siendo uno mismo se hace necesario confrontar con el propio sistema.

–¿Por qué decidió el montaje en el atelier de Carlos Regazzoni?

–La recuperación del lugar como espacio teatral se dio sobre todo a partir de L.U.I.S., que estrené allí en 2005. Entonces recuperé uno de los galpones que funcionaba como corral de animales, de patos, gallinas... Después pensé que iría bien para Cleansed. Ese predio de Retiro, en el que funciona un museo y está al borde de las vías, es también una línea divisoria entre lo ostentoso de hoteles como El Emperador, las edificaciones caras y los lugares de gran afluencia de turistas y lo pobre, como la Villa 31, que se encuentra a trescientos metros y refleja otra realidad muy nuestra. El atelier es un lugar de oxigenación y a nosotros nos permitió concretar una puesta que hubiera sido mucho más dificultosa en otro teatro.

–¿Por la arquitectura teatral?

–Utilizamos estructuras móviles pesadas y de grandes dimensiones, y conexiones eléctricas que intervienen desde los bastidores. Esto no podría realizarse en las salas independientes que necesitan de una programación abultada para sobrevivir. Esta circunstancia no les permite tomar trabajos que ocupen demasiado espacio o demasiado tiempo de armado y desarmado.

–¿Cómo se recrea el encierro en un espacio libre?

–Sarah escribió que todo transcurre en un espacio vallado. Nosotros sumamos a esto la idea de que sucede en una caja. Por eso recibimos a los espectadores en la casilla que se encuentra en Avenida del Libertador y Suipacha y los transportamos en un micro escolar tapado –de modo que no puedan ver hacia fuera– al lugar donde se presenta la obra. Subrayamos así algo que es propio de este material: la pérdida de la voluntad para elegir. También Kane perdió esa voluntad, porque fue “llevada” por sus emociones.

–¿Qué lugar ocupa la voluntad en lo cotidiano?

–Vivimos en una época en la que somos transportados a circunstancias que no elegimos. Es la imagen del viaje en colectivo o en subte: uno decide dónde ir, pero es otro el que lo lleva por determinados lugares.

–¿Cuál es en este punto la experiencia de un director de teatro?

–Cuando me decidí por la dirección supe que ésta serviría para hacerme cargo de un montón de elecciones. Me gustaría que todos podamos preservar la posibilidad de elegir. En L.U.I.S. dábamos a los espectadores la opción de irse o seguir viendo el espectáculo.

–¿Y cómo reaccionaban?

–La mayoría permanecía en su lugar, pero algunos se iban, y está buenísimo que eso suceda.

–¿Considera a Cleansed un espectáculo agresivo?

–No es mi intención agredir, tampoco la del grupo, pero admito que la obra es violenta porque es frontal. Esto puede ocasionar molestias. Sin embargo, lo fundamental aquí es el pedido de ayuda, desesperado en Kane. A nosotros puede chocarnos ver a un chico consumiendo droga. Esa situación puede violentarnos, ¿pero diríamos que ese chico nos está agrediendo? ¿Acaso no está claro que necesita ayuda? Con Cleansed sucede algo parecido.

–¿Quiere decir que choca por real y posible?

–Y porque todo está dicho con mucha verdad. Lo que expresa es además muy del presente. Lo relaciono con la pregunta que uno se hace cuando ve a un chico drogándose en la calle: ¿Qué hago yo con esto que está sucediendo? En mi opinión, el teatro debe encargarse de estas cosas, aun cuando no pueda hacer mucho para modificar una situación social violenta.

–¿Halla en Kane elementos de la literatura isabelina?

–Sus obras están marcadas por el teatro bien inglés, de Shakespeare en adelante. Esto se advierte en la estructura, en los personajes que toman la forma del bufón isabelino o en la existencia de una fuerza que está más allá de lo humano y de la vida, representada en Shakespeare por la tempestad, las brujas y los fantasmas. Elementos que actúan sobre los cuerpos empujándolos a un estado de ira tan extremo que no permite la reflexión.

–¿La psicología queda entonces afuera?

–En Kane, los elementos que conducen la acción son semejantes a esas fuerzas superiores del teatro isabelino. Otros provienen del irlandés Samuel Beckett. Eso de pensar el cuerpo como un pedazo de carne echado a la escena para “un hacer sin voluntad” es muy beckettiano. Esta es también la imagen que uno tiene del subte atestado de gente. En el montón, uno es alguien con poco lugar, y subido y bajado a la fuerza. Es finalmente un cuerpo arrojado al mundo y colocado sobre una cinta transportadora.

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Mariano Stolkiner construye un puente generacional con Sarah Kane.
Imagen: Sandra Cartasso
 
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