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Viernes, 6 de abril de 2012

CHICOS › LA EDITORIAL LINEA SERPENTINA SE PRESENTA EN SOCIEDAD

Textos que se prueban “en casa”

Línea Serpentina probablemente sea la más nueva entre las nuevas editoriales dedicadas a la literatura infantil y juvenil en a Argentina. Sólo unos pocos días atrás presentaron en sociedad su flamante y hasta ahora único título, El cardón más grande del mundo, de Xuan Pablo González y Leonardo Occhipinti. Los editores, Mariela Denegris y Pablo Ires, tenían ya experiencia llevando adelante la editorial especializada en filosofía Cactus, también pequeña y con una forma de producción que tiene mucho de artesanal, con treinta títulos editados en ocho años de existencia. La experiencia de esta primera incursión en el mundo LIJ, dice Denegris, les ha deparado más de una sorpresa.

Como animadora cultural, a cargo de talleres de arte para chicos y adolescentes, y también como madre de niños de dos y siete años, Denegris dice que ha ido “probando” los textos, y que esa observación fue muy útil en el ida y vuelta con los autores que implica el largo trabajo de edición. “Me sirvió para no tener prejuicios con lo que se supone que es políticamente correcto, para saber que no hay que enfocar tanto en franjas etarias. Nos fuimos sorprendiendo con los efectos del libro –cuenta–. Los pibes tienen un montón de hipótesis y de estrategias para abordar un texto, en ese sentido es bueno tocar temas que no aparecen o aparecen poco en libros infantiles”. El cardón..., por ejemplo, exige a los pequeños lectores manejar algunos términos en otra lengua, les presenta a unos “jipis mochileros” y a un niño kolla que coquea, recorre una cultura, una cosmogonía, un mundo.

“Nosotros empezamos en 2003, con Cactus, con muy poca plata y con un grupo de amigos, y ahora ya tenemos esa base para Línea Serpentina. Creo que empezar hoy implicaría una inversión mucho mayor”, compara Denegris. “Editar es caro y la competencia es mucha, porque hay cosas muy buenas de acá y de afuera. Buscamos diferenciarnos por alguna característica y, en este caso, nuestra idea es rescatar cosas locales que están dando vuelta por un circuito más informal, para mostrarlas a otra escala”. En esta forma de trabajo, sigue la editora, la relación con los “libreros-libreros” –aquellos que conocen lo que venden, que pueden orientar al lector, sugerir, compartir– es clave: “Así empezamos, trabando relaciones con libreros cuando llevábamos en mochila los primeros libros de Deleuze, y en esa línea seguimos ahora con El cardón....No son autores consagrados que la gente ya busca sola: necesitan ser dados a conocer, y el librero es fundamental en esa invitación”. La editorial ya tiene algunos contactos con el exterior, y lo que es muy importante, una distribución propia que permite llegar a las cadenas, y además hacer un seguimiento más eficaz de los ejemplares entregados. “Estamos muy involucrados en cada etapa del proceso, desde pensar aspectos del diseño hasta el sentido de esa historia o de esa imagen. Y también, después, en seguir qué pasó con ese libro, si se vende, si es sacado en vidriera, si al librero le interesa recomendarlo. Con este tipo de funcionamiento, no podemos sacar muchos títulos por año”, concluye Denegris. “Es un trabajo intenso, diría desgastante... Pero es el que elegimos”.

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