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Martes, 11 de julio de 2006

CHICOS › “QUIJOTE”, SEGUN EL GRUPO LIBERTABLAS

Los títeres hacen renacer al caballero de la triste figura

La cooperativa teatral está llevando su espectáculo por todo el país. Hoy y mañana se presentan en el Auditorio Belgrano.

 Por Sebastian Ackerman

La cooperativa Libertablas es uno de los grupos precursores del teatro de títeres. Sergio Rower y Luis Rivera López, sus directores, integraron el elenco del Grupo de Titiriteros del Teatro San Martín que a fines de los ’70 creó Ariel Buffano y tiempo después iniciaron su propio camino con la cooperativa. En la entrevista con Página/12 reconocen que “hace ya varios años que cumplimos 25 con Libertablas”. Continúan una gira nacional apoyada por el Teatro Cervantes con su espectáculo Quijote, una adaptación de la novela de Cervantes, que los está haciendo recorrer las provincias de Buenos Aires, La Pampa, Salta, Jujuy, Santa Fe, Tierra del Fuego, Misiones, Chaco, Corrientes, San Juan y Mendoza. Hoy (a las 10 y a las 14) y mañana (a las 10) la presentarán en el Auditorio Belgrano (Virrey Loreto 2348). Afirman a coro: “La misma obra que hacemos en el Cervantes entre panas con 200 tachos de luz la hacemos en un garaje convertido en teatro por nosotros mismos con bolsas de consorcio tapando agujeros del techo para que no entre la luz. Nosotros no nos quedamos esperando que el espectador venga a ver la obra, sino que nosotros vamos a donde está el espectador”.

Libertablas intenta sacar al títere de ese espacio marginal, de borde del teatro para, dicen, “incluirlo en el género teatral y utilizarlo como un elemento más de narración. Los títeres interactúan con actores, máscaras y escenografía para recrear la historia que contamos a los espectadores”. Con respecto a la visión del público, no dudan: “Los pibes lo tienen clarísimo: en escena, donde el adulto ve simplemente un muñeco, para los chicos el títere está vivo”. Para ambos, la novela del caballero de la triste figura les permitía desarrollar una puesta en escena que coincidía con su visión del hecho teatral, ya que en la novela hay distintos planos para representar: la realidad y la locura de don Quijote, su visión de la forma de ser del mundo, con gigantes en lugar de molinos de viento. “En Quijote –explican– la metáfora está dada en que las visiones del Quijote, su locura, son títeres. A nosotros nos gusta utilizar distintos elementos pero con una ubicación clara dentro de la metáfora teatral, que den una imagen concreta de lo que queremos decir.” De ese modo, “esta mezcla de mundos nos permite jugar con eso que es tan importante en la historia y a nosotros nos encanta poner arriba del escenario: el doble mensaje. Quijote tiene un mensaje inicial directo, de títere de cachiporra, de un humor básico; y, debajo de eso, el mensaje, que no tiene que ser obvio, porque si no deja de ser interesante, pero que tiene que estar ahí, sosteniendo todo lo que uno está diciendo”.

Las giras por el interior del país son una tradición para Libertablas, y el año pasado más de 150 mil chicos de todo el país vieron sus obras. Aunque, con los años, los motivos fueron cambiando, ya que, según Rower, “al principio, era el miedo de pensar que como nadie nos iba a venir a ver, vamos nosotros adonde la gente está, pero ahora hay un compromiso ideológico mucho más grande”. Y amplía: “Nos gusta mucho trabajar a la vieja usanza del circo criollo, llegar nosotros hasta donde está el público. Y no te estoy hablando de ir a Ushuaia, te hablo de Avellaneda o Lugano, que en 20 minutos están en el centro, porque sienten que no es su lugar. Es distinto cuando uno visita y demuestra que el teatro puede hacerse en cualquier lugar donde uno arme las condiciones para presentarse”, concluye.

Libertablas en este momento tiene once espectáculos en escena, desde unipersonales hasta Quijote; este año, gracias al apoyo del Teatro Nacional Cervantes, además de la presentación de Quijote como función “comercial”, durante la gira recorrerán las escuelas de la zona y pequeños teatros con su obra David y Goliath. Y están contentos de haber convencido al Cervantes de trabajar así, ya que “en las grandes ciudades se reproduce lo mismo que pasa acá: el pibe que puede ir caminando puede llegar, pero el que está a veinte cuadras por ahí no va”. Y este trajinar de aulas y patios de escuelas, aseguran, siempre da sus frutos, porque los chicos se interesan en eso que ellos cuentan: muchos docentes les dijeron que a partir de ver la obra van a buscar el libro. “Los chicos de primaria que en 2005 vieron nuestra obra se hicieron mil preguntas que a las docentes les es muy difícil hacerles hacer de otra manera: ¿qué es la utopía?, ¿cómo ven el mundo? Para nosotros ahí se cierra un círculo maravilloso, porque hay docentes que nos dicen que a partir de nuestro espectáculo los chicos van a buscar el libro del Quijote”, cuentan orgullosos.

Desde el grupo, que en las vacaciones de invierno estrenará una adaptación de Cuentos de la selva, de Horacio Quiroga, hacer un espectáculo infantil no se diferencia de una obra para adultos. Aseguran que “si el espectáculo está bueno, el espectador te sigue. De este lado del escenario tenemos que proponer un divertimento serio durante un espacio de tiempo. Y el espectador, sea niño, adulto o viejo, pacta con eso. Si en algún momento trastabilla, ahí empiezan los prejuicios: si los chicos corren por el pasillo, no es porque son malos, es porque la obra tiene problemas”. Y concluyen: “La mayor parte del teatro para niños se basa en ciertos prejuicios de cómo supuestamente debe ser lo que a los niños les guste, de determinada estética, con determinados temas: esos prejuicios no nos gustan. Entonces, a nosotros nos gusta decir que no hay teatro para niños y teatro para adultos, hay buen o mal teatro”.

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Sergio Rower y Luis Rivera López, directores de una obra que en 2005 fue vista por más de 150 mil chicos.
 
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