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Jueves, 12 de agosto de 2010

DANZA › COMIENZA EL CICLO FLAMENCO EN MOVIMIENTO

Zapateo, toque y cante

La sala Mediterránea reunirá durante todo el mes a coreógrafos, bailaores y músicos de trayectoria con otros más jóvenes para dar cuenta de la vitalidad de la movida flamenca de Buenos Aires.

 Por Alina Mazzaferro

Hay momentos en que Buenos Aires suele gritar “¡y olé!”. Este es uno de ellos porque a partir de hoy se inicia el ciclo Flamenco en Movimiento, en el que podrán verse cinco de los mejores espectáculos de cante y baile que ofrece la ciudad. Quien lo organiza es Marcela Suez, una de las bailaoras y coreógrafas más prolíficas, directora de Mediterránea (Tucumán 3348), la sala que hace cuatro años se dedica al género y que ahora será la sede de este encuentro. Esta antigua casona del Abasto reunirá durante todo el mes a coreógrafos, bailaores y músicos de trayectoria con otros más jóvenes para dar cuenta de la vitalidad de la movida flamenca de la metrópoli. Si en los últimos tiempos hubo una explosión de estos españolísimos eventos –la Primera Bienal Flamenca de la Ciudad y el Primer Festival de Danza Española en 2009, la reciente Feria Flamenca–, en realidad éstos no supieron dar cabida a todos aquellos que forman parte del mundillo del zapateo, el toque y el cante local. Marcela Suez asegura haberse quedado afuera de estos programas cuyas convocatorias “no fueron abiertas ni parejas” y manifiesta su necesidad de armar un ciclo que saque al flamenco del tablao para llevarlo al teatro, convirtiendo lo que es pura improvisación y destreza sin ensayo en espectáculos elaborados, de mayor calidad y sin las distracciones de la cena y los ruidos del cuchillo y tenedor.

“Buscamos que la danza flamenca tenga un espacio dentro de lo que es la danza de Buenos Aires”, asegura la coreógrafa, que obtuvo el apoyo de Prodanza para llevar adelante este ciclo. “En los tablaos, las posibilidades de la danza son más acotadas: los escenarios son pequeños, los shows más sintéticos, la puesta de luces y sonido no está tan cuidada”, explica. “Aquí podrán verse propuestas concebidas bajo una idea coreográfica, con puestas excelentes, muy ensayadas, lo que prueba que el flamenco puede disfrutarse de otra forma en un teatro.”

–El público de flamenco parecería estar compuesto, por un lado, por las señoras de tapado de visón que no se pierden las funciones del Teatro Avenida y, por otro, por una gran cantidad de jóvenes que aprenden música o danza flamenca y asisten a los tablaos. ¿Este ciclo reunirá a ambas audiencias?

–Esperamos todo tipo de público. La gente que va a los tablaos va a encontrar aquí espectáculos más elaborados. La espectadora del Teatro Avenida hallará aquí un nivel de danza excelente. Los jóvenes podrán ver un flamenco actualizado, de mucho nivel, porque todos los que mostraremos obras nos preparamos con gente de España, estamos muy informados acerca de lo que pasa afuera y de-sarrollamos una impronta personal dentro del género. Lo bueno del flamenco es que no es riguroso y estricto en las formas. Uno las aprende para luego llenarlas de contenido, modificarlas y enriquecerlas. Cada bailaor tiene su sello personal.

–Si bien se mostrarán obras coreografiadas, ¿habrá espacio para la improvisación como en el tablao?

–La danza flamenca no es como la danza clásica en donde está todo montado milimétricamente. Trabajar con músicos en vivo significa que hay algunas pautas, pero no son tan meticulosas como en otros lenguajes; siempre hay lugar para introducir cosas nuevas. Los espectáculos se terminan de armar arriba del escenario y eso es lo estimulante del flamenco y, al mismo tiempo, lo más vertiginoso. Los que venimos de la danza contemporánea y el teatro, como yo, estamos acostumbrados a que los espectáculos sean algo armado a priori. Pero el flamenco tiene que ver con la inspiración del momento, con esa magia que surge del encuentro entre los músicos y bailaores. Eso no se planifica, sucede en el escenario.

–¿El tablao se vive en la actualidad como un espacio comunitario, donde se establecen contactos y relaciones entre bailaores y músicos que de otra forma estarían aislados?

–En realidad, no. El tablao es un espacio privado, tiene un dueño que es el que contrata a los bailaores y cantaores, que van rotando. Se puede dar que te toque trabajar con gente que no conocías, pero no hay aquí iniciativa de los artistas, sino que todo depende del dueño del local. En cambio, este ciclo, como los encuentros que organiza Sibila en el Centro Cultural Borges, son iniciativas desde los artistas para que nos conectemos entre colegas.

–¿Hay espacio para los trabajos de los jóvenes con menos trayectoria o incluso de alumnos?

–En realidad pensamos el ciclo como un lugar abierto a gente nueva pero que ofrezca productos elaborados, no de estudiantes sino profesionales. Participan dos grupos nuevos que estructuraron sus espectáculos en torno de un tema dramático. Tanto Entre las penas florece el flamenco como Umbría flamenco cuentan historias de mujeres que sufrieron una pérdida. Por supuesto, los resultados fueron diferentes, tanto desde lo coreográfico como desde el vestuario y la propuesta estética. Todos los espectáculos que seleccioné fueron estrenados entre el año pasado y éste y me pareció que valía la pena convocarlos y reponerlos.

–¿Las obras seleccionadas tienen una estética común o un criterio que las unifique?

–Exceptuando la propuesta de Sibila, todas cuentan con músicos en vivo. En mi espectáculo, Calles del aire, reúno coreografías que interpretan distintos palos del flamenco creadas sobre canciones andaluzas antiguas recopiladas por Federico García Lorca y Estrella Morente. Estas melodías, que canta Montse Ruano (nacida en Segovia), hilvanan el espectáculo, pero cada cuadro cuenta una historia distinta. Si bien la música es vieja, la estética es muy actual. El reunir lo antiguo y lo moderno es típico del género, pues el flamenco es una herencia que recibimos y enriquecemos con nuestro presente. Otra propuesta con músicos en vivo es Vuelta y vuelta, creada a partir de la reunión de un guitarrista flamenco, Héctor Romero, con uno de folklore, Diego Gallo. Aquí el flamenco y el folklore competirán por momentos y, por otros, se integrarán.

–En realidad, el folklore nacional tiene una herencia del folklore español, y allí se emparientan el zapateo del malambo y del flamenco.

–Sí, incluso ciertos ritmos del folklore son herederos del flamenco. Las guitarras, si bien tienen distinto toque, también despliegan muchos elementos comunes.

–¿La propuesta de Sibila es la más distinta de todas? Porque ella se caracteriza por trabajar no sólo con el flamenco sino con las otras formas de la danza española.

–Sí, el espectáculo de Sibila recorre la música de varias regiones de España, no sólo de Andalucía. Recupera las formas de la danza clásica española, la escuela bolera y las danzas regionales. Este espectáculo no entra necesariamente en el género, pero quise incluirlo porque es diferente. El resto de nosotros somos bien flamencos.

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La bailaora y coreógrafa Marcela Suez es la organizadora.
 
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