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Martes, 15 de mayo de 2012

DANZA › MARCELO MASSA, SU GRUPO LA RESACA Y UN BALANCE DEL 8º ENCUENTRO ARGENTINO

“Hay que escucharse, sacarse ruidos”

 Por Cecilia Hopkins

Desde Santa Fe

Organizado por la Universidad Nacional del Litoral, acaba de finalizar en esta ciudad la octava edición del Argentino de Danza, un espacio dedicado a las diversas perspectivas que ofrecen las disciplinas del movimiento. El encuentro, que desde hace varios años ya tiene características federales, reunió durante cinco días un conjunto de obras significativo en relación con las motivaciones que la danza manifiesta en la actualidad. Así, la matemática, la ecología y la física aparecen como materias inspiradoras de tres de los trabajos coreográficos expuestos. Tal fue el caso de En cero, de Roxana Grinstein (por el Ballet Contemporáneo de Tucumán); la Suite de El carnaval de los animales, de Patricia Sabbag, a cargo del mismo ballet, y de La gravedad de las cosas, obra que Edgardo Mercado creó junto con la Compañía de Danza UNL. En cambio, los medios audiovisuales y la manipulación de objetos singularizaron otras propuestas, como la representante de Capital (Pieza para pequeño efecto, de Fabián Gandini) y Olga, de las rosarinas Paula Manakaer y Ange Potier. Por otra parte, la expresión de lo confesional fue la constante de otros dos espectáculos, Diego y Ulises, de los rosarinos Marcelo Díaz, Ulises Fernández y Diego Stocco, e Intima, un solo sola, obra del cordobés Marcelo Massa.

Fundador de La Resaca, grupo que ya cumplió quince años de existencia en la ciudad de Córdoba, Massa se propuso hablar de los sueños y de cómo el tiempo va dejando materias pendientes. Así, una bailarina de poco más de 40 años –a cargo de Florencia Pereyra, intérprete histórica del grupo de Massa– evoca las diferentes etapas de su vida artística, con sensibilidad y gran sentido del humor. El director ubica este trabajo entre el biodrama ficcional y el teatro posdramático, categoría utilizada por el alemán René Pollesh para caracterizar a un teatro hecho de “historias mínimas que en su interrelación componen un ‘paisaje’ más que una progresión dramática al estilo tradicional”, según define Massa en la entrevista con Página/12. Fiel a este estilo de registro dramático, Intima... recorre un conjunto de situaciones vividas por la protagonista, al tiempo que habla de las diferentes tendencias de la danza. El personaje habla de su pasado, de un tiempo que contrasta con un presente signado por algunas pérdidas. Es que la agilidad, entre otras cuestiones, no es la misma a los 20 que a los 40. Sobre ese tema en particular, Massa realiza un paralelismo entre el fútbol y la danza, no sólo desde el punto de vista de lo coreográfico sino también con relación al tiempo que un deportista y un bailarín pueden consagrarse a su arte en plenitud.

Según Massa, cuando un bailarín pasa los 25 años, para no retirarse antes de tiempo debe resolver cuestiones de índole económica. Es por esto que pensar en las condiciones cotidianas de su trabajo, así como establecer una cierta relación con el dinero son, para él, temas cruciales. Por otra parte, el bailarín debe ser consciente de que “hay que tener el temple necesario como para ganarse un derecho de piso y conquistar una continuidad de trabajo que le permita conjugar otras cuestiones, como la construcción de una familia”, según el artista. En consecuencia, el personaje de Intima... demuestra que sabe procesar las diferentes etapas de su vida creativa, aun cuando debe vérselas con la maternidad, para seguir con sus sueños, en la medida de lo posible.

–¿Cómo determina la materia sobre la que quiere trabajar?

–Siempre traté de hablar desde mi propio universo. Para eso hay que saber escucharse y sacarse los ruidos, liberarse de todo pensamiento que obstruye. Sea monstruoso o pequeño, siempre trato de hablar desde lo que me sale del alma.

–En Intima... el personaje hace un racconto de las tendencias de la danza en los últimos años. ¿Cuál es su opinión al respecto?

–En general, veo a la danza extraviada: hay obras que refritan restos de corrientes, como el neoclásico, lo conceptual, lo teatral... Pero no hay claridad y no me parece que de ese extravío vaya a surgir algo diferente.

–En Intima... está muy presente la diferencia entre un pasado donde lo colectivo era el proyecto de todos y un presente individualista...

–En los ’80, en Córdoba, todo era colectivo: volvían del exilio actores que se habían ido politizados y seguían siéndolo a pesar del tiempo transcurrido. En esa década, todos teníamos el sueño de tener un grupo y viajar por el mundo con nuestras obras. Pero las condiciones cambiaron: hoy es imposible pensar en mantener un grupo.

–¿Cómo se crea, entonces?

–Mi experiencia con La Resaca es una excepción. Hoy la mayor parte de los actores y bailarines trabajan en proyectos, no siempre con los mismos intérpretes. Por eso es difícil construir un código expresivo en común, porque siempre hay que comenzar de cero.

–¿Cómo sobrelleva el paso del tiempo un bailarín?

–Como todos los que emprenden una carrera, los bailarines tienen sueños y aspiraciones. Pero a veces sucede que no llega el reconocimiento que se espera a pesar de haber trabajado como para lograrlo. Lo que hay que hacer es no permitir que aparezca el resentimiento, sino valorar la coherencia ética del propio trabajo.

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“Es difícil construir un código expresivo en común.”
 
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