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Martes, 11 de marzo de 2014

DANZA › PABLO ROTEMBERG ESTRENARA LA WAGNER MAñANA EN EL CULTURAL SAN MARTIN

“Correr el cuerpo femenino”

Entre la glorificación del cuerpo desnudo y su represión, el bailarín y coreógrafo delineó el relato de su nueva puesta, el cual hace alusión al erotismo y la pornografía, a lo banal y lo sublime, a lo irreverente y lo consagrado.

 Por Cecilia Hopkins

Al bailarín y coreógrafo Pablo Rotemberg nunca le había interesado la música de Richard Wagner. Hasta que, el año pasado, mientras ensayaba un trabajo que aún no tenía un eje definido, apareció el preludio del primer acto de Parsifal entre las composiciones musicales que él había llevado a modo de disparador. Enseguida supo que ése sería el sonido que guiaría su nueva obra. Desde mañana, La Wagner podrá verse en el Cultural San Martín (Sarmiento 1551; miércoles y viernes a las 21, sábados y domingos a las 19), interpretada por Ayelén Clavin, Carla Di Grazia, Josefina Gorostiza y Carla Rímola, también responsables de la coreografía, junto al director. Según define Rotemberg ante Página/12, la obra demanda “una gran entrega de las intérpretes por la violencia física que despliega” y, por otro lado, intenta “correr el cuerpo femenino del lugar en que la danza lo ubicó tradicionalmente, porque busca que trascienda al propio género”. Así, uno de los desafíos que el coreógrafo se planteó fue “trabajar con el propio límite acerca de la violencia y el desnudo”, apartándose “de la tendencia homoerótica que se ve en general en la danza”.

Guionista de cine y concertista de piano, Rotemberg tuvo una formación interdisciplinaria, clave de un estilo singular que fue logrando mayor visibilidad desde el estreno de su unipersonal El lobo. Otra de sus obras más elogiadas, La idea fija, está por comenzar su quinta temporada. Sin guiños irónicos, esta vez, la nueva puesta enlaza motivos estéticos y políticos. “La música de Wagner tiene que ver con algo que me obsesiona desde siempre, porque hace referencia al judaísmo y al nazismo, un cruce que me espanta y a la vez me fascina”, sostiene el coreógrafo, lector desde la adolescencia de Primo Levi y, en la misma época, atraído por películas como Cabaret y Portero de noche.

Según explica Rotemberg, tal vez haya elaborado un extraño vínculo entre los regímenes totalitarios y la disciplina misma que la danza demanda, motivo por el cual le surgió la necesidad de confrontar ambos mundos. También sumaron aportes a la obra su interés por la estética de los años de entreguerras y el efecto liberador que significaron para la danza las experiencias vividas en Suiza en el Monte Verità, asociadas al nudismo y el contacto con la naturaleza, experiencias que convocaron a Mary Wigman, Isadora Duncan y Rudolf von Laban, entre otros. Así, entre la glorificación del cuerpo desnudo y su represión, Rotemberg fue delineando el relato de La Wagner, el cual hace alusión al erotismo y a la pornografía, a lo banal y lo sublime, a lo irreverente y lo consagrado. “En mis obras me gusta entrar en lugares conflictivos”, resume.

–¿Aparece Wagner como personaje?

–El espectador wagneriano podrá encontrar referencias al clima operístico, debido al trabajo de la luz de Fernando Berreta. También algo del fetichismo que se le atribuye, su debilidad por la seda y el satin, los lugares sofisticados, el lujo. Si conoce su historia, descubrirá alusiones a su pasado de revolucionario y a su posterior pesimismo, luego de sentirse atraído por la lectura de Schopenhauer. En cambio, para el espectador que no sepa nada de Wagner, la obra tiene una estructura que se sostiene por sí misma.

–¿Por qué dice que es una obra de contrastes?

–Porque no hay lugar para medias tintas: la pornografía está junto a la alta cultura, así como la violencia y la degradación aparecen junto a la liberación y el éxtasis.

–¿Hace alusión a las mujeres que amó Wagner?

–No, está la idea de una mujer que trasciende su género, con sus connotaciones masculinas. También están presentes la aceptación y el rechazo del rol sexual que el hombre le adjudica. De las que hice, ésta es una de las obras más austeras, casi sin humor ni ironía. Por otro lado, quisimos generar un efecto musical perturbador que, por su intensidad sonora, se acerca al recital de rock.

–¿Mejoran las condiciones para la creación en la danza?

–La creación de Foro Danza en Acción es un avance, lo mismo que el proyecto de la ley nacional de Danza. Pero los coreógrafos y bailarines estamos en un lugar muy crítico porque nos es difícil proyectarnos. El teatro ofrece otras posibilidades, tiene los circuitos independiente, oficial o comercial.

–Sin embargo, su trabajo cada vez tiene mayor visibilidad...

–Como coreógrafo, me voy desarrollando con mucho esfuerzo, pero veo que los ámbitos donde puedo mostrar mi trabajo no crecen de la misma forma. Una vez que pasan los 40 años, los coreógrafos comienzan a producir menos: ya no da lo mismo mostrar en cualquier parte, sin un sostén económico, porque eso ya lo hicieron a los 20.

–¿Crece el público de danza?

–Hay experiencias coreográficas más herméticas y lenguajes que, para ser apreciados, necesitan de una formación mayor, como pasa también en la pintura. Pero hay una danza que, en general, le gusta a la gente. Creo que el cuerpo es, socialmente, el objeto del momento.

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Por Cecilia Hopkins

@Al bailarín y coreógrafo Pablo Rotemberg nunca le había interesado la música de Richard Wagner. Hasta que, el año pasado, mientras ensayaba un trabajo que aún no tenía un eje definido, apareció el preludio del primer acto de Parsifal entre las composiciones musicales que él había llevado a modo de disparador. Enseguida supo que ése sería el sonido que guiaría su nueva obra. Desde mañana, La Wagner podrá verse en el Cultural San Martín (Sarmiento 1551; miércoles y viernes a las 21, sábados y domingos a las 19), interpretada por Ayelén Clavin, Carla Di Grazia, Josefina Gorostiza y Carla Rímola, también responsables de la coreografía, junto al director. Según define Rotemberg ante Página/12, la obra demanda “una gran entrega de las intérpretes por la violencia física que despliega” y, por otro lado, intenta “correr el cuerpo femenino del lugar en que la danza lo ubicó tradicionalmente, porque busca que trascienda al propio género”. Así, uno de los desafíos que el coreógrafo se planteó fue “trabajar con el propio límite acerca de la violencia y el desnudo”, apartándose “de la tendencia homoerótica que se ve en general en la danza”.
Guionista de cine y concertista de piano, Rotemberg tuvo una formación interdisciplinaria, clave de un estilo singular que fue logrando mayor visibilidad desde el estreno de su unipersonal El lobo. Otra de sus obras más elogiadas, La idea fija, está por comenzar su quinta temporada. Sin guiños irónicos, esta vez, la nueva puesta enlaza motivos estéticos y políticos. “La música de Wagner tiene que ver con algo que me obsesiona desde siempre, porque hace referencia al judaísmo y al nazismo, un cruce que me espanta y a la vez me fascina”, sostiene el coreógrafo, lector desde la adolescencia de Primo Levi y, en la misma época, atraído por películas como Cabaret y Portero de noche.
Según explica Rotemberg, tal vez haya elaborado un extraño vínculo entre los regímenes totalitarios y la disciplina misma que la danza demanda, motivo por el cual le surgió la necesidad de confrontar ambos mundos. También sumaron aportes a la obra su interés por la estética de los años de entreguerras y el efecto liberador que significaron para la danza las experiencias vividas en Suiza en el Monte Verità, asociadas al nudismo y el contacto con la naturaleza, experiencias que convocaron a Mary Wigman, Isadora Duncan y Rudolf von Laban, entre otros. Así, entre la glorificación del cuerpo desnudo y su represión, Rotemberg fue delineando el relato de La Wagner, el cual hace alusión al erotismo y a la pornografía, a lo banal y lo sublime, a lo irreverente y lo consagrado. “En mis obras me gusta entrar en lugares conflictivos”, resume.
–¿Aparece Wagner como personaje?
–El espectador wagneriano podrá encontrar referencias al clima operístico, debido al trabajo de la luz de Fernando Berreta. También algo del fetichismo que se le atribuye, su debilidad por la seda y el satin, los lugares sofisticados, el lujo. Si conoce su historia, descubrirá alusiones a su pasado de revolucionario y a su posterior pesimismo, luego de sentirse atraído por la lectura de Schopenhauer. En cambio, para el espectador que no sepa nada de Wagner, la obra tiene una estructura que se sostiene por sí misma.
–¿Por qué dice que es una obra de contrastes?
–Porque no hay lugar para medias tintas: la pornografía está junto a la alta cultura, así como la violencia y la degradación aparecen junto a la liberación y el éxtasis.
–¿Hace alusión a las mujeres que amó Wagner?
–No, está la idea de una mujer que trasciende su género, con sus connotaciones masculinas. También están presentes la aceptación y el rechazo del rol sexual que el hombre le adjudica. De las que hice, ésta es una de las obras más austeras, casi sin humor ni ironía. Por otro lado, quisimos generar un efecto musical perturbador que, por su intensidad sonora, se acerca al recital de rock.
–¿Mejoran las condiciones para la creación en la danza?
–La creación de Foro Danza en Acción es un avance, lo mismo que el proyecto de la ley nacional de Danza. Pero los coreógrafos y bailarines estamos en un lugar muy crítico porque nos es difícil proyectarnos. El teatro ofrece otras posibilidades, tiene los circuitos independiente, oficial o comercial.
–Sin embargo, su trabajo cada vez tiene mayor visibilidad...
–Como coreógrafo, me voy desarrollando con mucho esfuerzo, pero veo que los ámbitos donde puedo mostrar mi trabajo no crecen de la misma forma. Una vez que pasan los 40 años, los coreógrafos comienzan a producir menos: ya no da lo mismo mostrar en cualquier parte, sin un sostén económico, porque eso ya lo hicieron a los 20.
–¿Crece el público de danza?
–Hay experiencias coreográficas más herméticas y lenguajes que, para ser apreciados, necesitan de una formación mayor, como pasa también en la pintura. Pero hay una danza que, en general, le gusta a la gente. Creo que el cuerpo es, socialmente, el objeto del momento.
 
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