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Miércoles, 2 de agosto de 2006

DANZA › SOLEDAD BARRIO EN BUENOS AIRES

“Más que ver, quien venga va a sentir”

Aclamada en todo el mundo, la bailaora presenta Cielo de tierra en el Avenida.

 Por Alina Mazzaferro

Al igual que el tango, que se escabulló de la milonga para tomar con éxito los escenarios del mundo, hace tiempo que el flamenco abandonó el tablao español para convertirse, dentro del recinto teatral, en un show de gran despliegue coreográfico, muy distinto de aquella fiesta improvisada que era en su origen, pero con el mismo color y la misma fuerza gitana. Buenos Aires no estuvo exenta del fenómeno: hace muy poco la metrópoli porteña se deslumbró con la gran Sara Baras y su zapateo; también recibió los rumores acerca de la espectacular Eva Yerbabuena, que enamoró a Colombia y a toda Latinoamérica en el pasado Festival Iberoamericano de Teatro. En esta oportunidad, otro mito del flamenco arriba hoy a la escena porteña: luego de brindar treinta funciones a sala llena en Nueva York, Soledad Barrio se presenta mañana, pasado, el 10 y 11 de agosto a las 20.30, los sábados 5 y 12 a las 20 y los domingos 6 y 13 a las 17.30 en el Teatro Avenida (Av. de Mayo 1222). En su cuarta visita a la Argentina, la Barrio se lucirá en Cielo de tierra, su nuevo espectáculo, acompañada de su compañía Noche Flamenca, integrada por Manuel Gago, Emilio Florido y Nieves Díaz al cante, Eugenio Iglesias y Luis Miguel Manzano al toque y los bailaores Alejandro Granados y Juan Ogalla; la dirección es de Martín Santángelo, que es también el marido de Barrio.

Si se ha convertido en norma que las bailaoras más famosas de España lideren sus propias compañías, Barrio no quiso ser la excepción. Noche Flamenca fue fundada en 1993 por la pareja de bailaores, que desde entonces llevó el espíritu flamenco a las principales ciudades del mundo, combinando el flamenco-show con la improvisación, que recupera la “magia” propia del tablao. Si bien la compañía llevó el nombre de esta bailaora madrileña a la fama, la carrera de Barrio había despegado mucho antes, cuando se destacó como solista de los ballets españoles de Paco Romero, Manuel Vargas, Blanca de Rey, Luisillo “El Guito”, Manolete, Cristóbal Reyes y otros. O, tal vez, aún antes, cuando “bailaba de pequeña junto a una amiga que cantaba, y en el barrio me llamaban la bailarina”, recuerda en conversación con Página/12. “Porque yo no vengo de una familia de flamenco –sigue–, mi padre era taxista y mi madre ama de casa; aprendí a bailar sola, hasta que a los 18 años empecé a tomar clases.”

–¿Cuándo decidió que el flamenco iba a ser el camino de su vida?

–Lo decidí luego de ver una película de Antonio Gades, Bodas de sangre. Como yo no me crié en un ambiente en el que se iba al teatro, mi interés nació de esa película que vi en la televisión. Tenía 18 años; la vi y dije: “Eso es lo que yo quiero hacer”. Ahí fue cuando abandoné la carrera de Geografía e Historia que estaba estudiando y empecé a tomar clases de baile. Al año ya estaba trabajando.

–¿Es fácil para una bailaora llegar a convertirse en solista y luego fundar su propia compañía?

–Para salir adelante en esta profesión lo más importante es ser muy trabajador y, por supuesto, “servir” para esto. Pero es difícil. No se trata sólo de cómo bailas; muchas otras cosas que te pasan en la vida tienen que coincidir para poder llegar a donde llegué yo.

–Y, en su caso, ¿qué fue lo que coincidió?

–Fue casarme con el director (risas). Estar al lado de Martín (Santangelo) fue y es esencial. La compañía no es algo que a mí me haya encerrado, sino todo lo contrario. Es algo que los dos hemos estado haciendo juntos.

–¿El mundo del flamenco es tan machista como se dice? ¿Es sencillo para una mujer sostener su compañía?

–Como mujer, yo no lo viví así. Hoy en día no es como antes. No es que las mujeres tengamos ahora todos los mismos derechos que los hombres, pero estamos mejor. Antiguamente estaba mal visto que la mujer trabajara y más como bailaora. Eso está cambiando. Yo tengo compañeros gitanos y a mí me tratan muy bien.

–En sus espectáculos, ¿hay algo de esa “fiesta familiar” que tiene el flamenco del tablao?

–Sí. Yo siempre asocio la fundación de la compañía con el nacimiento de mi hija Gabriela, de 11 años. Porque la compañía, mi matrimonio y mis hijas son cosas que me han sucedido a la vez. Noche Flamenca está relacionada con todos los aspectos de mi vida, es algo que creamos en familia. Y, a la hora de elegir a la gente que nos acompaña, pensamos no sólo como artistas; también nos fijamos en la persona, que pueda relacionarse bien con los demás sobre el escenario. En esta compañía no todo está montado, hay partes improvisadas. Si no existiera una buena relación entre nosotros, en esos momentos de improvisación no se podría lograr lo que logramos.

–¿Su compañía retoma el flamenco clásico del tablao o intenta encontrar nuevas facetas del género? ¿Combina el flamenco con otras técnicas?

–No hemos mezclado el flamenco con otros géneros. Lo que me gusta de esta compañía es que tiene un toque artístico muy personal, muy propio de Martín. El logra hacer una puesta en escena que es sencilla pero, al mismo tiempo, muy diferente a la del tablao.

–¿Qué se verá en Cielo de tierra?

–Más que ver, van a sentir. Esto parece una tontería pero no lo es: muchas veces en el teatro vemos pero no sentimos nada; decimos “muy bonito”, pero no nos emocionamos ni nos sentimos tristes o alegres. La gente que vaya a vernos va a sentir algo.

–Actualmente hay varias bailaoras que giran con éxito por el mundo con sus respectivas compañías, como Sara Baras o Eva Yerbabuena. ¿Cree que el flamenco se ha convertido en un boom a nivel mundial?

–Hay compañías, pero no creo que el flamenco sea un boom. Hay mucha gente parada en España, que baila muy bien pero que no tiene trabajo. Lo que es verdad es que, al llevar el flamenco al teatro, éste ha tenido más campo para desarrollarse que en un tablao.

–Hace poco Buenos Aires pudo disfrutar del show de la Baras, que se caracteriza por la fuerza de su zapateo. ¿Cuál es el sello distintivo de Soledad Barrio?

–Todo el que baila flamenco se distingue necesariamente del otro. Porque el flamenco es algo muy personal; no hay dos personas que lo bailen igual, como tampoco hay un patrón fijo que indique cómo debe ser física y emocionalmente una bailaora. Todo lo que soy yo lo he aprendido, no lo he sacado del bolsillo; pero todo ha pasado a través del filtro de mis ojos. Y como no hay dos personas que vean igual las cosas, lo que yo hago es muy personal. Y la gente que me ha visto dice que soy muy pasional.

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