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Domingo, 7 de junio de 2009

CULTURA › DESEMBARCO EN LA ARGENTINA DE LA EDITORIAL ERRATA NATURAE

“Ser independiente significa poco”

El joven sello español lanzó aquí doce títulos de literatura y ensayo, muchos de ellos hasta ahora inéditos en castellano. Los directores explican los desafíos que implica publicar libros no convencionales en tiempos de crisis.

 Por Silvina Friera

La joven editorial española Errata Naturae acaba de cumplir un año de vida y ha comenzado a distribuir en la Argentina los doce títulos publicados, tanto en literatura como en ensayo. Mientras otros se encargan de producir mucho ruido y también mucha hojarasca, Irene Antón y Rubén Hernández, los directores de esta flamante propuesta, se aventuran en la exploración de un territorio que les está permitiendo armar un catálogo “monstruoso”, prometedor por su rareza, su heterogeneidad y hasta por la anormalidad que plantea el inquietante nombre que han elegido. Lejos de acreditar experiencia en el mundo editorial, esta dupla, experimentada en trajinar por los ámbitos universitarios y la investigación académica, apostó por un proyecto propio que “rebasara la microrrealidad, a veces casi enfermiza, de los claustros”, admite Hernández a Página/12. Ya lanzaron obras inéditas en castellano de autores como Jean Genet, Robert Desnos, Giacomo Leopardi y Olivier Adam, pero también clásicos como el escurridizo e inclasificable Silesio de Cirene (370-413 D.C.) con su Elogio de la calvicie, a los que se añaden pensadores contemporáneos como Michel Onfray, Jean-Luc Nancy, Sadie Plante o Reyes Mate.

“Una errata naturae es un error de la naturaleza, es decir, un monstruo –explica Hernández–. Los monstruos son seres excepcionales y anómalos que con su mera existencia ponen en cuestión las supuestas leyes necesarias de la Naturaleza, de la Razón y de Dios. En el mundo animal, por ejemplo, cuando nace un gatito con dos cabezas la madre suele dejarlo morir apartándolo de la camada. Entre los humanos, estos hombres y mujeres suelen estar condenados a una vida en muchos sentidos marginal. Partiendo de esta metáfora, la editorial pretende reivindicar la existencia monstruosa de ciertos libros al margen, híbridos, desdoblados y únicos, aquellos que permiten abrir y oponer posibilidades casi inimaginables dentro de una sociedad que pretende homogeneizar y normalizar cualquier tentativa de vida.” Cada una de las colecciones de Errata Naturae está representada por un monstruo que aparece en todas sus cubiertas. La bella y extraña mujer cíclope para las ediciones de literatura; el intelectual y algo tímido hombre polioftálmico para los libros de cine; los agripianos, un ser hombre dotado de un largo cuello y un pico de pájaro, para los textos de filosofía contemporánea; la muchacha de dos cabezas, para el ensayo sobre teoría e historia del arte, ciencia, sociología, antropología, urbanismo y estudios políticos.

Para este año se viene un nuevo libro de Onfray, una suerte de hagiografía del filósofo George Palante, “pensador poco conocido, alcohólico, con una enfermedad que le deformaba las extremidades, casado con una analfabeta, visitante habitual de los prostíbulos más sórdidos y uno de los primeros intérpretes del nietzscheanismo de izquierdas”, cuenta Hernández, que anticipa que será un “relato delicioso de la filosofía en los márgenes”. Y también publicarán un libro de Emis Batur, uno de los grandes escritores turcos actuales, que será una suerte de autoficción a través de las bibliotecas de su vida, prologado por Alberto Manguel. “En cuanto a la distribución de nuestros libros en Argentina es algo que decidimos desde un comienzo –subraya el editor–. Sabemos que implica muchas dificultades de orden práctico pero creemos de verdad que existe un interés importante de los lectores argentinos por el tipo de libros que publican editoriales como la nuestra.”

–¿Cómo se posiciona este proyecto respecto de otras editoriales españolas como Gadir, Páginas de Espuma, Menos cuarto o El acantilado?

–Todas esas editoriales son referencias para nosotros y para la edición de calidad en nuestro idioma, especialmente en el ámbito de la literatura. El acantilado es un modelo inexcusable para una editorial de nuestro perfil, al igual que lo son Pre-textos o Trotta, si pensamos en la edición de ensayo. Más recientemente han aparecido en España otros proyectos editoriales que han conseguido asentarse en unos pocos años y que constituyen para nosotros espejos recurrentes, aunque estemos por supuesto muy lejos, como la editorial Melusina o Abada. Fuera de España seguimos muy de cerca el trabajo de editoriales como La Fabrique o Allia en Francia, Minimum Fax en Italia, Reclam en Alemania, The New Press en Estados Unidos, y también editoriales argentinas como Beatriz Viterbo o Adriana Hidalgo, la desaparecida Interzona o proyectos nuevos como Eterna Cadencia.

–El libro, sobre todo el tipo de libros que ustedes publican, ¿está al margen o en un “más allá” de la crisis económica mundial?

–Nuestros libros no están más allá de la crisis por varias razones. En primer lugar porque un libro no es un producto autónomo que surja epifenoménicamente de la cabeza de un editor –¡ojalá fuera así!– sino que depende de una cadena más o menos larga en la que están involucradas muchos tipos de empresas (papeleras, imprentas, transportistas, distribuidores, librerías, inmobiliarias, empresas de servicios, profesionales free-lance). Muchas de estas empresas se están viendo afectadas por la crisis en una u otra proporción, y en algún momento sus problemas acaban convirtiéndose en tus problemas, ya sea porque haya variaciones de los precios o variaciones de los servicios. También el consumidor se ve afectado y eso nos afecta a todos por igual. Es cierto, sin embargo, que a diferencia de otros modelos editoriales nosotros no partimos de la obligación de obtener un determinado porcentaje anual de beneficios, que algunas editoriales cifran en torno al 12 o 15 por ciento. Esto era muy difícil de obtener hace sólo unos años y actualmente es impensable, lo que está obligando a hacer remodelaciones importantes, despidos, colaboraciones cada vez peor pagadas, reducción de los programas de publicaciones. También es verdad que editar determinado tipo de libros y autores, como hace Errata Naturae y otras muchas pequeñas editoriales, te pone ya de lleno en un contexto crítico, con lo que el cambio de escenario puede parecer menos llamativo.

–¿Qué significa ser una editorial independiente española en el siglo XXI?

–Siendo estricto y sensato, significa muy poco. Normalmente se suelen definir como editoriales independientes las editoriales con una facturación limitada y ajena al capital de los grandes grupos financieros. Sin embargo, todas estas editoriales dependemos de manera prácticamente absoluta, por ejemplo, de los designios de un circuito de distribución muy estrecho y que impone casi unilateralmente las normas del juego; a su vez los distribuidores dependen del porcentaje de beneficios que exigen sus inversores, y estos inversores dependen a su vez del precio global del dinero en el resto de los sectores de la economía. ¿Edición independiente? No estoy seguro de que la edición independiente exista en España, salvo que queramos pensar cínicamente que es la que hacen macrogrupos como Planeta, que desde luego depende menos que todos los demás a la hora de tomar cualquier decisión. Lo que sí existe, por supuesto, es la independencia del criterio editorial y la lucha por mantenerlo vivo.

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El director Rubén Hernández, y títulos que ya se consiguen en Buenos Aires.
 
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