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Viernes, 28 de agosto de 2009

CULTURA › JORGE LARROSA, SUS POSTALES TUMBERAS Y ANDRES CALAMARO

Los poetas de la zurda

En el club La Estrella de Maldonado se presentó el libro de Larrosa, que recrea historias carcelarias. Pero también hubo rock, vino, empanadas y un previsible pero divertido festejo por el reciente fallo a favor de la despenalización de la tenencia para consumo de marihuana.

 Por Leonardo Ferri

Cuando dos personas forjan una verdadera amistad, de esas que soportan distancias, discusiones, despedidas y reencuentros, no hay problemas de cartel ni de orden ni de estrellatos. Aquel que está acostumbrado a los flashes puede ser el anfitrión y presentador de un evento ajeno, justamente cuando ese amigo oculto sale a la luz y deja el anonimato. Andrés Calamaro se vistió de entrecasa y se permitió ser uno más entre todos los que asistieron a la presentación de Postales tumberas, el libro de su amigo Jorge Larrosa. En el club La Estrella de Maldonado también hubo rock, literatura, vino, empanadas y un previsible pero divertido festejo por el reciente fallo a favor de la despenalización de la tenencia para consumo de marihuana.

“Quiero brindar por el juez Za-ffaroni y por Aníbal Fernández”, arengó Calamaro durante la apertura, para luego entonar “Nos volveremos a ver”, en compañía de la banda Nikita Nipone y Marcelo Cuino Scornik, el tercer integrante –junto a Larrosa y el propio Calamaro– del movimiento no intelectual Los Poetas de la Zurda. El festejo, como era de suponerse, estuvo condimentado de manera acorde con el motivo de la celebración.

Si bien la intención era que Larrosa y Calamaro charlaran sobre el libro, junto con el periodista Reinaldo Sietecase, la propia verborragia e histrionismo del Salmón llevaron a que todo derivara en una reunión de amigos más que en un evento editorial. Justamente por su condición de figura conocida, el músico fue el centro de la reunión, aun cuando se dedicó a correr mesas, acomodar micrófonos y reclamar la aparición con vida de las bebidas para amenizar la velada.

“Este libro tiene todos los condimentos como para ser un pleno”, dijo, mientras pudo hablar, Sietecase. Y agregó que “por su oficio de fotógrafo, Larrosa es un cazador de imágenes con el ojo muy bien entrenado, pero la sorpresa es que esa captura la ha podido traducir también en palabras”. El periodista calificó a Postales tumberas como “insurreccional y antisistema”, y agregó que, además de ser una historia cruel, violenta, misteriosa y fascinante, está bien contada, el gran secreto para no poder abandonar la lectura de la historia.

La obra tiene como eje narrativo la fuga de la banda de Luis “el Gordo” Valor del penal de Devoto, sucedida en 1994. A partir de allí la rutina carcelaria cobra vida como en una historia non-fiction, pero con el detalle de que todos los hechos pertenecen a la realidad, “fruto y resultado de escribir la novela de la vida”, como dice Calamaro en el prólogo. Sietecase afirma que, a pesar de tener un título oscuro y que remite a la reclusión, “éste es un libro que no habla del encierro y sí habla de la libertad”.

Larrosa dialogó con Sietecase, en un intento de charla abierta, sobre la terminología del libro, las expresiones tumberas que todavía pertenecen ajenas a quienes no conozcan el ambiente, pero cuando el amigo Andrés solicitó comida y bebida y subió el volumen, todo formalismo quedó atrás, y las letras escritas por los poetas zurdos tomaron forma de canción, sin mucho ensayo, pero sí con mucha pasión. Después de todo, como en cualquier reunión de amigos, nada estaba planeado.

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“Brindo por el juez Zaffaroni y por Aníbal Fernández”, arengó Calamaro. A su lado, el autor del libro y Cuino Scornik.
Imagen: Leandro Teysseire
 
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