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Jueves, 26 de enero de 2012

CULTURA › A LOS 73 AñOS MURIO AYER LA GRAN ACTRIZ MABEL MANZOTTI

La mujer de los mil registros

Trabajó en cine, teatro y televisión, con elencos grandes y en unipersonales, y supo lucirse en un amplio arco de géneros y lenguajes. Manzotti fue una apasionada por su profesión, con la intensidad necesaria para sostener y desarrollar proyectos.

 Por Hilda Cabrera

Murió Mabel Manzotti, una actriz que sabía cómo afirmarse en el oficio cuando el trabajo escaseaba o no hallaba obras que la atrajeran. Y fue consecuente con esa actitud, porque hasta enfermar –por un accidente cerebro vascular que padeció desde comienzos de 2011 y le quitó movilidad– recorrió salas y auditorios del país con su unipersonal Más vale tarde que nunca, título originado en un dicho cuyo significado, lapidario o esperanzador, surge de cómo y cuándo se lo utilice. Internada en la clínica La Providencia, falleció ayer a causa de ese ACV que la alejó de la vida artística. Gran parte de su actividad transcurrió en el teatro, donde se inició en 1959, integrando el elenco de El farsante más grande del mundo, pieza de John Synge que protagonizaron Alfredo Alcón y Osvaldo Bonet; e incursionó también en el cine y la televisión, en papeles de muy diferente género. Se menciona su participación como vedette en espectáculos del Teatro Maipo, y la composición de un personaje popular, Bochita, en No toca botón, uno de los programas televisivos de Alberto Olmedo. Nacida en La Violeta (Pergamino) en 1938, se trasladó a Buenos Aires graduándose en el Conservatorio Nacional de Arte Escénico. Actuó tempranamente en comedias, algunas picarescas, y en musicales, en títulos como El novio, Mame y Hello, Dolly!, obra que protagonizó la actriz y cantante Libertad Lamarque y dirigió Daniel Tinayre, en el desaparecido Teatro Odeón.

La lucha en contra del olvido de ciertos hechos históricos y artísticos la llevó a crear espectáculos como La borra de la yerba (“la borra de la memoria, la sustancia del mate de mañana”). En esta pieza de 1995, no dudó en vestirse de paisana, lucir trenzas y transformar en canciones relatos olvidados, acaso por absurdos e increíbles. Hurgó en la historia argentina, partiendo de los años ’30, y rescató algunos materiales emblemáticos. “A ver, ¿quién recuerda hoy esta letra?”, desafiaba entonces desde el escenario, atacando sin querer lastimar con una letra que hoy, tal vez, el público, más politizado, tenga presente: “En lo alto la mirada/ luchemos por la Patria redimida...”. Dirigía aquella obra Víctor García Peralta y la acompañaba el actor y músico Yayo Cacarés. Se enorgullecía de ese trabajo, compartido con la dramaturga Beatriz Mosquera, en cuanto a autoría, como de los unipersonales que había paseado por el país y con los que seguiría viajando. Entre otros, Punto y aparte, Y por casa cómo andamos, Mil gracias por la paciencia y Poniendo la casa en orden.

En ocasiones trabajó a beneficio, porque –decía– “lo sensato es llevar a la práctica lo que se afirma sobre el escenario”. Y solía contar anécdotas sobre sus giras, sobre aquéllas realizadas en Argentina y el extranjero. Manifestaba su regocijo por los itinerarios concretados en las distintas ciudades de Galicia y Canarias. Generaba sus espectáculos, combatiendo así el miedo del actor a la falta de escenario: “Nosotros estamos jugados, es nuestro oficio y hay que seguir creciendo”, sostenía. Por eso mismo se esmeraba en descubrir “algo especial”. Para su espectáculo La borra de la yerba pidió autorización a la cantante Teresa Parodi para incorporar la canción “Con el alma en vilo”, y la obtuvo: “Su generosidad me conmovió”, confesó entonces la actriz.

Intensa en cada una de sus manifestaciones, Manzotti se ganó el reconocimiento dentro y fuera de la Argentina. Se la aplaudió también en Volvió una noche, una comedia de Eduardo Rovner que contó con un elenco entusiasta. Lo integraban, entre otros, Claudio Gallardou, Osvaldo Santoro y Andrea Politti. Allí era la difunta Fanny, la idishe mame que, transcurridos diez años de su muerte, regresa desde el más allá por un hecho que le resulta insoportable: su amado hijo Manuel está a punto de casarse con una goie. Aquella fue otra de las queribles composiciones de esta actriz que En Pampa y la vía compartió escenario con el gran Ulises Dumont. La obra era, en realidad, adaptación de una pieza de otro título, de los brasileños María Barbosa y Miguel Falabella, que dirigió Víctor García Peralta. Manzotti se hizo acreedora a numerosos premios, entre los primeros el Talía (1965) y tiempo después el Molière, por su reveladora composición en La señora Klein. Integró numerosos elencos y en diferentes épocas: Seré cualquier cosa pero te quiero, en 1986, con Dora Baret y Graciela Borges; y años más tarde el musical Gypsy, donde fue protagonista.

Su historial en cine recoge títulos como Blum (1970), Vamos a soñar con el amor (1971), con Niní Marshall y Menchu Quesada y, entre otros, Sola, película dirigida por Raúl de la Torre; Besos en la frente, protagonizada por China Zorrilla y Leonardo Sbaraglia, y en cortometrajes. Cuando sintió el llamado de la política, militó en la Unión Cívica Radical, adhiriendo al gobierno del presidente Raúl Alfonsín. Fue así que en 1999 reemplazó en el cargo a la diputada nacional Graciela Fernández Meijide, presentando setenta proyectos hasta el término de su mandato, en 2001. Más allá de esta incursión continuó con su labor y, en los años siguientes, actuó en El alma de papá, junto a Juan Manuel Tenuta (2006) y La pipa de la paz (2009). Tiempo después, necesitó poner nuevamente a prueba su entereza escénica para organizar sus giras. Su último espectáculo fue Más vale tarde que nunca donde, como siempre, apostaba al humor, a las problemáticas de la gente sencilla y a la autogestión. “A veces los críticos y el público no comprenden qué significa para nosotros hacer unipersonales, no se dan cuenta de que es una manera de decir no a las cosas que no nos gustan”: así, convencida, Manzotti armaba su valija y partía con una obra. Esa era una manera muy suya de estar en la resistencia, de dar y recibir afecto.

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“Nosotros estamos jugados, es nuestro oficio y hay que seguir creciendo”, sostenía.
Imagen: Pablo Piovano
 
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