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Martes, 24 de abril de 2012

CULTURA › LUCAS MIRVOIS, CARLA SANGUINETI Y SU INICIATIVA SONIDO AMBIENTE TV

Hacer sonar los rincones de la ciudad

El colectivo artístico que lleva adelante el proyecto buscó la contracara del videoclip bien producido y sale a las calles para retratar artistas en un contexto que realimenta la obra. Los resultados pueden verse en el sitio www.sonidoambiente.tv.

 Por Mariano Domino

El quinteto platense El Mató a un Policía Motorizado en plan acústico en medio de un par de canchas de paddle abandonadas; Onda Vaga versionando uno de sus temas frente al glaciar Perito Moreno; los solistas Palo Pandolfo y Boom Boom Kid reunidos por primera vez para una zapada en una estación de tren; Mariana Baraj suspirando una vidala invadida de ekekos y muñecos vestidos de arco iris, o El Kuelgue en un rinconcito de un típico cafetín porteño rodeado de mesas de billar, jugadores de dominó y torneos improvisados de ping-pong. Todos los lugares son no sitios para filmar un clip; siempre estuvieron ahí, cálidos, insinuantes y provocativos, hasta que el colectivo artístico Sonido Ambiente TV (www.sonidoambiente.tv) les tendió un puente de oro, un vínculo entre esas insólitas locaciones y los artistas que entregan su música para que juegue con improvisados fondos variopintos. Bajo la leyenda “Música que se mezcla con la Ciudad y Ciudad que se mezcla con la música”, SATV intenta encontrar la trastienda perfecta a canciones de músicos de la escena alternativa local, aunque no faltan algunos trabajos producidos del otro lado del Río de la Plata o aquellos realizados para cantautores españoles en plan de gira indie por Sudamérica. Así, Sonido Ambiente presta su ojo casual y espontáneo a todo compositor para rendir tributo a esa máxima que imaginó Shakespeare sobre el mundo como un gran escenario, sólo que en este caso el actor principal es la química imprevisible entre la canción, el artista y la circunstancia que los rodea.

Contradictorio o no, el rodaje de un videoclip supone darle play a una industria aparte, extraña e incluso irreconciliable con la música que le dio origen. La rutina mecanizada que implica su ejecución nada tiene que ver con los principios que regirían cualquier composición musical, cuyo nervio debería estar estimulado por la frescura, la insolencia y la incomodidad. En cada uno de sus trabajos, SATV logra reconciliar los dos registros –el visual y el musical– produciendo clips de una sola toma sin cortes y descartando así las artificiosidades de videos llenos de playback, “donde tanta tecnología tapa al artista al punto tal de que muchas veces casi ni aparece o es reemplazado por una animación digital”, según observa Lucas Mirvois, uno de los responsables de la ejecución del proyecto. Carla Sanguineti, la otra pata artística, completa: “En algunos aspectos se trata también de gestión cultural, ya que el proyecto se centra también en la promoción continua de bandas nuevas o del encuentro de artistas que no se conocían”.

–¿Cómo explicarían Sonido Ambiente TV para aquellos que aún desconocen de qué se trata?

–SATV sería un nodo en el que confluyen no sólo los episodios o clips que grabamos, sino también el cruce entre los músicos participantes con el usuario, al público en su conjunto entre sí, que a su vez forma grupos de interés a los que se les puede comunicar la agenda específica de los shows de esos conjuntos, generando también cierta difusión de toda la escena o redistribuir la ya existente a través de las redes sociales. Tuvimos el tino o la buena fortuna de poder captar el momento de ebullición natural que está atravesando la escena independiente y trabajar sobre ese fenómeno; a futuro, tenemos la intención de incorporar mayor contenido editorial al sitio, suministrando y posteando más información.

–¿SATV selecciona los artistas a producir o son ellos los que vienen a ustedes?

–En los primeros cuatro episodios –produjimos a El Mató, Coco, Tomás Aristimuño y La Joven Guarrior– fuimos nosotros quienes buscamos a los músicos, sólo por una cuestión de gustos personales; de allí en más hubo una mezcla entre búsquedas direccionadas e interés del artista a medida que el producto se iba haciendo más conocido.

–¿La elección del escenario está relacionada con la letra de la canción a producir, con un acuerdo con el artista o con una decisión de la producción?

–La mayoría de las veces depende de los casos y las intenciones artísticas de las bandas; en algunos se ofrece un menú de lugares y de ahí se llega a un acuerdo, pero en otros también la letra aporta su clima, aunque tendemos a evitar la literalidad absoluta entre el texto de la composición y la imagen. Lo más importante para nosotros, y que intentamos lo sea también para el músico, es que no estamos registrando un videoclip convencional entendido como un servicio, sino que nos interesa sobre todo que exista intervención, y cuanto más público, contexto y ruido ambiente haya, mejor para celebrar el espíritu de nuestra propuesta. Producimos una instantánea que no sólo tiene que ver con el protagonismo del artista, sino con su ciudad y su cultura y, sobre todo, la simbiosis que se da en un tiempo y lugar determinados; un clip puede ser interesante por la canción o por la atracción que genere el escenario con el que esa canción conviva.

–¿Cuál fue la locación que más les costó conseguir?

–Probablemente el lugar para el que más tuvimos que movernos fue para conseguir una iglesia con campanario para la realización del clip de Rosario Bléfari (Campanario); costó trabajo porque era muy específico y porque había que buscar curas progres que se coparan con tener un equipo de rodaje en su iglesia y a Bléfari gritando desde el campanario. Se trata más que nada de un desafío, tanto para el equipo de producción como para el músico, con quien siempre compartimos esa sensación de que nos estamos exponiendo mutuamente: ellos se enfrentan por primera vez con una situación inesperada en la que pueden ocurrir cosas cuando interactúan con un contexto cambiante, mientras que nosotros los estamos filmando sin cortes, tratando de hacer malabares como para que todo salga dentro de lo que buscábamos; ese vértigo es lo que nos genera mucha emoción y por el que vale la pena montar todo el trabajo.

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En el Episodio 31, Nikita Nipone toca “Apagar el motor” en un puente sobre la General Paz.
 
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