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Martes, 5 de junio de 2012

CULTURA › TINA MODOTTI: FOTóGRAFA Y REVOLUCIONARIA

Belleza, pasión y compromiso

La exposición del Centro Cultural Borges recoge la obra de la extraordinaria fotógrafa italiana, que fue amiga de Diego Rivera, Frida Kahlo y David Alfaro Siqueiros y que registró imágenes inolvidables del México revolucionario.

 Por Diego Braude

“Fue una mujer inteligente, bella, con inmensos deseos de aprender, con una inmensa capacidad de dar, apasionada y comprometida, pero en discordancia con el rol impuesto a la mujer en esos años”, reflexiona Blanca Monzón, responsable de la muestra Tina Modotti: fotógrafa y revolucionaria, que cuelga en el Centro Cultural Borges (Viamonte 525) hasta el 7 de julio. Curada por Monzón y Reinhard Schultz, la exposición distribuye en cien fotos el registro de la cámara de Tina, así como el de otras cámaras que la observan a ella.

Nacida en 1896 en Udine, Italia, en el seno de una familia a la cual no le sobraban los recursos económicos, Tina Modotti llevaba en sí el espíritu convulsionado del fin del siglo XIX. Su padre, mecánico, emigró al Nuevo Continente a principios del 1900, y eso llevó a la pequeña Tina (su nombre completo era Assunta Adelaide Luigia Modotti Mondini) a trabajar en una fábrica textil para sostener a su madre y tres hermanos, cuando apenas tenía 12 años. A los 17, San Francisco la vio arribar como una inmigrante italiana que habría de seguir incurriendo en oficios varios para mantenerse, mientras se iba insertando de a poco en el ambiente artístico. En 1915 conoció a Roubaix de l’Abrie Richey, “Robo”, pintor y poeta, con quien se casó.

A comienzos de la siguiente década, previo paso fugaz por Hollywood como actriz, Modotti y su marido se enteran de la Revolución Mexicana y deciden trasladarse hacia allá. Tina enviuda en 1922, cuando Robo fallece de viruela. Previamente, Tina ya había conocido a Edward Weston, con quien comenzó a experimentar con la fotografía y para quien también ofició de modelo. La relación entre ambos pasaría a ser más íntima, al punto de que en 1923 ella lo convence de mudarse a México pese a estar casado y con cuatro hijos. “La fotografía de Tina –explica Monzón– se desarrolla en un margen de siete años, cuando realiza una obra a la que muchos artistas llegan luego de toda una vida de trabajo. Y lo hace en México, país a donde arriba con Weston, con el cual Tina hace espejo en todos los sentidos. Tina amó México y a los mexicanos. Y tuvo una relación de trabajo con muralistas como Rivera, Orozco, Siqueiros, no sólo como modelo sino como fotógrafa y amiga. Ellos influyeron en su obra y viceversa. Del mismo modo que influyó Xavier Guerrero, quien contribuyó además a transmitirle los ideales revolucionarios, que luego la llevan a afiliarse al Partido Comunista en 1927.”

Las inquietudes sociales de Modotti la van llevando por otros carriles que los de Weston, aunque puede verse en esos primeros trabajos la influencia de su pareja y maestro en el trabajo de las líneas de fuerza y cierta abstracción de la forma donde predominan paisajes, flores o estructuras, como el estadio de la Ciudad de México, con sus gradas vacías, que llevan en fuga hacia un fondo lejano que se continúa invisible. En la muestra del Borges, no obstante, la presencia de Weston es fuerte (la relación habría de continuar hasta 1926) también en forma de retratos a una Tina de múltiples rasgos. Para la curadora, “la relación entre el sujeto textual llamado Tina Modotti es inseparable del sujeto social del mismo nombre. De hecho, el montaje está pensado para ver de qué modo su vida influye absolutamente en su obra, ya que ella va a abandonar finalmente la fotografía para dedicarse a la revolución, en el mejor de los sentidos, que fue un modo de entregar su vida finalmente”.

En su período mexicano se puede apreciar el proceso hacia el compromiso social en las imágenes con el paso del primer formalismo hacia, por un lado, un registro documental –como es el caso de “La marcha de los trabajadores” (1926), una toma cenital donde los sombreros de los manifestantes se igualan apelando a la idea de una masa colectiva– y, por otro, la construcción de naturalezas muertas emblemáticas, como “Maíz, Canana y Guitarra” (1927), donde una guitarra y un cinturón de balas cruzan una mazorca.

Desde 1928, Modotti se encontraba en una nueva y apasionada relación con el revolucionario cubano exiliado Julio Antonio Mella, cuyos retratos de tono épico tomados por Tina están presentes en la muestra. Sin embargo, la felicidad dura poco, porque Mella es asesinado delante de su compañera y la prensa anticomunista de la época se ensaña con ella al punto de señalarla como instigadora del crimen. Es el inicio de una campaña que terminará con su partida forzada del país.

Luego de la muerte de Mella, Tina profundiza su compromiso político, al tiempo que produce sus mayores trabajos. Es en esos años en México donde la fotógrafa entrega sus mejores obras, cuando viaja a la región del sur de Oaxaca, al sur de México. En Tehuantepec –conocido en ese momento como un territorio matriarcal, rareza en el patriarcal México de la década del ’20– retrata a las “tehuanas”, las mujeres que suelen protagonizar las pinturas de Frida Kahlo, de quien también fue amiga. Ahí, en lugar de la mayor estilización de sus fotos anteriores, Modotti encuentra en la simplicidad una toma de posición política y la manera plástica de captar la belleza de estas mujeres, cuyos rostros se vuelven protagónicos.

En 1930, Tina Modotti es expulsada de México por su activismo. Cabe recordar que muchos otros sufrieron el mismo destino, como Siqueiros, quien por ese exilio forzado terminó recalando en la Argentina en 1933, contratado por Natalio Botana para lo que terminó siendo “Ejercicio plástico”, el mural encerrado en un sótano que hoy en día puede visitarse en el Museo del Bicentenario. Modotti, por su parte, se dirigió hacia Alemania, de ahí a la Unión Soviética hasta 1934, luego de lo cual rumbeó para Francia y posteriormente a España. Ahí se enlistó en el Quinto Regimiento y trabajó en las Brigadas Internacionales, participando de la guerra civil hasta su final en 1939. En ese año finalmente consiguió regresar a México, como asilada, hasta que en 1940 Lázaro Cárdenas levantó su expulsión.

Se trata de alguien que entregó todo (mucho se ha escrito y con diferentes versiones sobre sus acciones dentro de la militancia, al punto de construir un mito), rechazando lo material incluso hasta vivir por momentos en condiciones casi de pobreza. Hay quienes dicen que Tina no murió en 1942 de complicaciones cardíacas sino antes, cuando su llama se apagó luego de los horrores de la guerra civil y por la desilusión por el pacto Ribbentrop-Molotov entre Moscú y Berlín previo al inicio de la Segunda Guerra Mundial.

* El Centro Cultural Borges abre de lunes a sábado de 10 a 21 y los domingos de 12 a 21. La entrada es de $ 20 ($ 15 para estudiantes y jubilados) y hay visitas guiadas los sábados y domingos a las 16 y 17.

La muestra incluye el film mudo The Tiger’s Coat (1920), protagonizado por Modotti, y el documental Tina en México (2002), de la directora canadiense Brenda Longfellow.

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