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Jueves, 13 de diciembre de 2012

CULTURA › ME VERAS VOLVER RESULTO LA GANADORA DEL PREMIO NUEVA NOVELA DE PAGINA/12

“Quise escribir algo que me gusta leer”

Algo cohibido, Omar Celso Lunghi subió al escenario del Cervantes para recibir su premio y la estatuilla de Adolfo Nigro. “Un relato fantástico fuera de catálogo; una novela de terror pero con sordina”, fundamentó el notable jurado.

 Por Silvina Friera

Juan Ignacio Boido, Alan Pauls, María Moreno, Gustavo Marangoni, Jorge Prim, Sandra Russo, Juan Sasturain y Guillermo Saccomanno.
Imagen: Pablo Piovano.

Un fulgor repentino, una conmoción instantánea, sacudió a un joven de Pehuajó cuando escuchó que la actriz Rita Cortese empezó a leer las primeras líneas de Me verás volver, la obra ganadora de la segunda edición del Premio Nueva Novela de Página/12. Algo sucede desde el instante en que oye que “el miércoles 21 de marzo de 1990, en Tábano, un caserío al oeste de la provincia de Buenos Aires, se produjo el único suicidio en masa del que se tenga registro en la historia criminal argentina”. Lo que sucede es que ya sabe que él es ganador entre los diez finalistas, aunque todavía su nombre y apellido no haya sido pronunciado. Aún está escudado en Zach C., el seudónimo con el que participó de un concurso que rompió todas las expectativas, un verdadero aluvión de textualidades: mil manuscritos inéditos se presentaron. No puede ponerse de pie hasta que finalice la lectura. Pero si Omar Celso Lunghi cerrara los ojos, recuperaría en su mente el paisaje de ese pueblo inventado, parecido a la casa de uno de sus amigos, donde transcurre su primera novela. Tiene 24 años, la carrera de Letras en suspenso y trabaja como corrector en un diario de la ciudad donde nació y vive. En el teatro Cervantes, la trama sonora ejercía un efecto hipnótico, envolvente. Cuando la actriz terminó, el secreto mejor guardado se puso de pie y caminó hasta el escenario para recibir de Jorge Prim, de Página/12, y Gustavo Marangoni, del Banco Provincia, el cheque con los 50 mil pesos y la estatuilla diseñada por Adolfo Nigro.

Ahora sí puede hablar el muchacho que tiene el rostro encendido por la sonrisa, como si supiera que de ahora en más se iniciará una nueva etapa. “La verdad es que no me lo esperaba; después de semejante escena que leyeron, me da un poco de pudor hablar”, confesó Lunghi. “Yo quise escribir una novela de género que me gusta leer, por eso me gustó que en el jurado de preselección estuviera Mariana Enriquez, una escritora que me encanta. Les agradezco el premio y veré si me puedo volver esta noche a Pehuajó para celebrar con mi familia.”

“Una novela epistolar pero situada en la época en que la novela epistolar había abandonado la retórica del género, y en la prefiguración del chateo íntimo y del blog, jugaba el efecto de un fluir de conciencia en tiempo real.” María Moreno, en nombre del jurado, explicó por qué junto a Juan Ignacio Boido, Sandra Russo, Juan Sasturain, Juan Forn, Alan Pauls, Guillermo Saccomanno y Aurora Venturini eligieron Me verás caer, novela que también puede interpretarse como “una falsa no ficción que trata de una no ficción sospechosa y un relato fantástico fuera de catálogo; una novela de terror pero con sordina”. El jurado agregó que la obra ganadora se lee “a la antigua, comiéndose las uñas entre misterio y misterio sin que al lector le quede en pie ninguna certeza”. Entre los ingredientes que combinó Lunghi, hay un cura cínico, cuerpos muertos, okupas de cuerpos vivos –“psicosis o transmigración según quien diagnostique”–, un enigma policial de portada y otro más inquietante, sutil, barroco. También hay algunas ratas y mucha sangre: la de la menstruación, la del hímen, la de las víctimas y la de pintura fresca. “Hacía tiempo que las grandes tradiciones de la literatura argentina no convergían en una trama tan hipnótica y desmedida”, concluyó Moreno.

Jorge Prim, de la dirección de Página/12, abrió la ceremonia de la entrega con un sentido agradecimiento a la labor de los ocho integrantes del jurado y los cuatro del prejurado (con Liliana Viola a la cabeza, Mariana Enriquez, Claudio Zeiger y Marisa Avigliano). Con casi mil novelas recibidas, destacó que “nos sentimos orgullosos de la cantidad de participantes y de poder contribuir a abrir puertas a muchísimos jóvenes que sin estos concursos no tendrían la oportunidad”. Gustavo Marangoni, presidente del Banco Provincia, aportó altas dosis de humor. “Somos el auspiciante y eso explica mi presencia en esta mesa, lo cual me atemoriza un poco porque son todos escritores y yo casi un fenicio, un bancario.” Recordó que su abuela, una costurera que cursó hasta segundo grado de la escuela primaria, le leía cuentos. “Siempre que me terminaba de leer decía: ‘¡Qué bárbaro esta gente, todas las cosas que se le ocurren y a mí no me ocurre nada. Qué imaginación que tienen!’. Yo heredé de mi abuela el gusto por la lectura y la incapacidad de escribir. Hablar del arte, de la capacidad de crear e inventar historias, es algo formidable que no tiene que ser cosificado ni nada por el estilo. Creo que eso nos ha motivado a acompañar esta iniciativa. Lo importante es rescatar la creatividad y lo artístico.”

Boido destacó la calidad literaria de los textos, la gran variedad de temas y lo difícil que es comparar “dos novelas que son igual de buenas pero muy diferentes”. El editor de Radar subrayó el caso de dos novelas que, aunque se quedaron afuera de las menciones, compitieron palmo a palmo: Apenas una tormenta, de Ariel Petrus; y Farmacia, de Russell. Sasturain reveló que la segunda mención quedó en manos de la escritora tandilense Adriana Basualdo, autora de Ríos interiores; y la primera fue a parar a José Supera por Limpiavidrios, un joven de La Plata que comentó que cuando lo llamó Liliana Viola para avisarle que estaba entre los finalistas le pidió “perdón” porque la novela la escribió en veinte días y después de que la entregó empezó a corregirla. Antes de que comenzara la esperada ceremonia de anuncio, fueron llegando editores y escritores como Julia Saltzmann y Antonio Santa Ana (ambos de Santillana-Alfaguara), Adriana Hidalgo y Fabián Lebenglik (de Adriana Hidalgo), Daniel Divinsky y Kuki Miler (Ediciones De la Flor), Noé Jitrik, Edgardo Cozarinsky, Tununa Mercado, Guillermo Martínez, el siempre exultante Fernando Noy, Andrea Ferrari, jóvenes narradores como Selva Almada y Leonardo Oyola; además de la actriz Marcela Ferradás, la artista y escenógrafa Renata Schussheim, el artista plástico Felipe Noé y la directora de Asuntos Culturales de la Cancillería argentina, Magdalena Faillace, entre otros.

“Sangre... Murmura. Sangre. Se mira las manos. Sangre. Se mira las piernas. Sangre. Mira el suelo. Sangre. Mira la rejilla. Sangre. Sangre que sale de... Imposible. Se asusta. Cierra los grifos temblando y corre a limpiarse con papel higiénico. Empecinada la sangre no se detiene. La toalla de mano le grita desde el soporte. Violeta la agarra la hunde entre sus piernas y se envuelve en la grande. Se seca. Seca el baño. Borra las huellas de sangre una por una y sale.” El eco de este fragmento que leyó Cortese queda rebotando por el aire. Lunghi no suelta la estatuilla del premio mientras pasan copas de vino, bandeja de sanguchitos y otras delicias para picar y beber. Escribió antes otra novela, pero la desechó por “mala”. Me verás volver nació en enero de este año, cuando inició una escritura de curso incierto. “Hasta julio no pasé de la primera página. No podía avanzar porque me costaba plantear la situación inicial y armar la estructura”, repite como si ahora ya estuviera liberado del fantasma de la imposibilidad. “Se trata de dos nenas, dos hermanas, que viven en un campo. Una es Violeta y la otra Nefer. Durante seis años, la madre se negaba a ver a la más chica, a Nefer, porque la culpaba de su parálisis. Y la otra hermana se tenía que hacer cargo, cuidarla y estar pendiente de ella. La madre muere a raíz de un personaje externo que interviene en la trama. No la matan –aclara el joven ganador del Premio Nueva Novela–, muere de muerte natural.”

–Pero es una muerte misteriosa, ¿no?

–Sí, la situación es extraña porque interviene un personaje del cual nadie desconfiaría al principio. Se mezclan bastante dos géneros: el policial y el terror.

–¿Sería un policial sin asesino?

–Quizá hay un asesino, pero si lo develo, cuento el final de la novela (risas).

La primera novela de Lunghi transcurre en Tábano, un pueblo inventado pero con un referente de “carne y hueso”: Nueva Plata, próximo a Pehuajó. “Me tomé algunas licencias como inventarle una laguna que no tiene. En Nueva Plata tengo un amigo al que suelo visitar y conozco mucho ese paisaje, que se parece al de Tábano.” En Me verás volver incluyó epígrafes de Silvina Ocampo, Beatriz Guido y Stephen King, tres autores que son referencias para este joven escritor que trabaja como corrector en el diario Noticias. Rocío, su amiga porteña, le hace el “aguante”. “Mi plan era regresar a Pehuajó, pero me parece que ya pierdo el micro”, dice con una ráfaga íntima de ternura en el tono de su voz.

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