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Viernes, 25 de abril de 2014

CULTURA › QUINO INAUGURO LA FERIA CON UNA CHARLA DESACARTONADA

Una ovación para el maestro

El dibujante admitió ante una multitud que estaba “ancho, largo y gordo” por haber sido elegido para abrir el encuentro. El padre de Mafalda, personaje que cumple 50 años, dialogó con los periodistas Cristina Mucci y Carlos Ulanovsky, con el humor en primer plano.

 Por Silvina Friera

Quino recordó la paciencia de su mujer cuando él abrazó el dibujo “como una religión ortodoxa”.
Imagen: Leandro Teysseire.

Más redondo, imposible. ¡Qué ovación abrazó al maestro que “supo interpretar el pensamiento argentino”! Ese hombre de pocas palabras que no cultiva el arte de la esgrima verbal –pero es un creyente del dibujo, una especie de “religión ortodoxa” que practicó durante 60 años– y que admitió ante una multitud que estaba “ancho, largo y gordo” por el orgullo de inaugurar ayer la 40ª Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, le imprimió un brillo singular a este comienzo. Joaquín Lavado, el queridísimo Quino, el padre de Mafalda –personaje que cumple 50 años–, dialogó con los periodistas Cristina Mucci y Carlos Ulanovsky en una apertura distinta, acaso más irreverente y desacartonada, por obra y gracia del humor. Quino se definió como “un dibujante político” que dibuja con la intención de que “el mundo cambie para el lado bueno” y se mostró asombrado por la vigencia de un puñado de tópicos que atraviesan sus historietas. “Tengo una cosa que me sorprende de mí mismo y es cómo he hecho temas que cuarenta años después parece que fueron dibujados ese mismo día. El mundo repite siempre los mismos errores, es increíble”, aseguró Quino en la sala Jorge Luis Borges.

Es rigurosamente cierto lo que comentó Ulanovsky para presentarlo: nueve de cada diez argentinos leyeron alguna vez Mafalda; hay por lo menos tres generaciones con el imaginario marcado por frases y reflexiones de los personajes que inventó. Dibujar durante nueve años a esa pequeña heroína fue “un plomo”. Quino confesó que nunca aprendió a dibujarla, que tenía que calcarla porque era “muy torpe”; pero reconoció el cariño que les tiene tanto a la protagonista principal como “a los personajes que aparecían una sola vez en la tira”. El tema del poder es central en su obra. “Soy un dibujante político que ha tenido una familia muy politizada. Cuando alguien dice ‘a mí no me interesa la política’, está haciendo política. Una política negativa”, subrayó en otro de los momentos más celebrados por el público.

Su tío Joaquín Tejón, un andaluz dibujante, fue una “influencia” fundamental. Cuando Quino era un niño de tan sólo 3 años, en su Mendoza natal, ese tío los cuidaba a él y a sus hermanos cuando los padres salían. “Como no había televisión, sacaba un lápiz y un papel y se ponía a dibujar. Ahí me di cuenta de que de un lapicito sale lo que se te dé la gana.” Sufrió “muchísimo” el servicio militar en Mendoza. “No encajaba conmigo, no soportaba las humillaciones”, precisó el humorista, aunque aclaró que le gustaba bastante manejar un arma. “Dentro de mi espíritu pacifista, tengo un costado violento, pistolero”, bromeó. Cómo no recordar la “comprensión y paciencia” de su esposa Alicia Colombo cuando se tomó en serio la vocación, “como una especie de religión ortodoxa”; y a sus editores de toda la vida, Kuki Miler y Daniel Divinsky de Ediciones de la Flor, que lo escuchaban y lo aplaudían desde las primeras filas. “Ahora que ya no dibuja, ¿cómo canaliza la necesidad expresiva?”, quiso saber Ulanovsky. “Estoy perdiendo el tiempo de una manera lamentable”, respondió. Hasta hace unos años se acordaba bastante de las frases de Mafalda. Ahora no tanto. “No entiendo cómo dibujé todo esto, parece que lo hubiera dibujado otro.”

Antes del esperado diálogo con Quino, Gustavo Canevaro, presidente de la Fundación El Libro, recordó los tiempos de la dictadura militar cuando “no se conformaron con censurar textos sino que llegaron al horror de silenciar vidas y voces, muchas de ellas muy cercanas al mundo editorial”. Y asumió: “Nos debemos aún una autocrítica por lo que no vimos o no quisimos ver como institución”. Canevaro elogió las políticas de largo plazo de la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares (Conabip), el Plan Nacional de Lectura y los constantes apoyos de la Dirección de Asuntos Culturales de la Cancillería como “ejemplos de políticas de Estado plurales, de alta calidad, destinadas a hacer una sociedad auténticamente lectora”. Pero también enumeró un abanico de problemas sin resolver. “La industria en su conjunto sufre serias dificultades causadas por la baja o nula rentabilidad, producto de la falta de incentivos impositivos –planteó–. La exención del Impuesto a las Ganancias a los autores ha quedado ridículamente desactualizada, así como también persiste el bajo nivel de competitividad internacional de las editoriales argentinas, producto de la asimetría fiscal generada por la imposibilidad de recuperar el IVA acumulado en toda la cadena del valor del libro.” También alertó sobre los “graves problemas” con el precio del papel, “un commodity que debemos pagar hasta un 50 por ciento más caro que en otros países”. Entre las cuentas pendientes añadió que tampoco se han resuelto aún todas las vías para importar libros, una cuestión que afecta muchas veces a pequeños distribuidores o directamente al público lector.

Rodolfo Hamawi, director de Industrias Culturales, remarcó que la Feria es “un logro a favor de la cultura, de la edición y de los lectores”. “Esta Feria encuentra al que podemos denominar como sistema editorial en un punto de máximo desarrollo: autores, editores, librerías, papeleras e imprentas, sosteniendo el record de edición de los 30.000 títulos editados en 2013”, resumió Hamawi y anunció la puesta en marcha del proyecto Plataforma del Libro Digital Argentino. Esta iniciativa, explicó el director de Industrias Culturales, permitirá a las editoriales “unificar la oferta del libro digital y desarrollar una herramienta de comercialización que ponga a la edición nacional a la vanguardia de los procesos de convergencia digital”. Hernán Lombardi, ministro de Cultura de la Ciudad, afirmó que el libro es “la forma más pura, más intensa, más profunda y más auténtica de celebrar la libertad”. Alberto Sileoni, ministro de Educación de la Nación, destacó las políticas de Estado que han contribuido a distribuir 67 millones de libros en todo el país. “Más libros en las aulas suman democracia a la democracia; construye subjetividades y desarrolla pensamiento crítico”, esgrimió Sileoni. “Necesitamos palabras y libros para la igualdad, muchos libros para seguir alimentando el alma argentina.”

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