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Domingo, 14 de septiembre de 2014

CULTURA › OPINION

Lo que se destaca

 Por Eduardo Fabregat

¿Qué se necesita para ser considerado Personalidad Destacada de la Cultura en la ciudad de Buenos Aires? Hay una larga lista de actores, escritores, pintores, músicos, dramaturgos, cineastas de ambos sexos y diverso norte artístico que han sido distinguidos de esa manera por la Legislatura, generalmente provocando una sensación de justicia. Pero en los últimos tiempos es inevitable cierta sensación de bartoleo. De imaginarse a un legislador preocupado porque hace rato que no figura, que no presenta un proyecto, que no levanta la voz en ningún debate, y ahí nomás sale el comodín de la Personalidad Destacada, y llama a un asesor y le pide la lista de los que ya pasaron por la Legislatura, piensa en alguna figura que no esté allí y listo el pollo. A preparar el pedido, a llamar a los medios, a largarlo en el recinto. Menciones y fotos facilongas. ¿Y la cultura? La cultura es un resorte.

A los legisladores del PRO les gusta mucho destacar personalidades culturales en las que nadie antes había reparado, quizá con razón. El año pasado, Oscar Zago se decidió por La Tota Santillán, referente de una movida musical innegablemente popular, pero que no suele distinguirse por buscar nuevas formas creativas o la elevación poética. En mayo de este año, Karina Spalla se decidió por Cristian Dzwonik, más conocido como Nik, humorista que ha hecho del plagio una costumbre y que es repudiado consistentemente por todos sus colegas. Ni siquiera la amenaza de devolver su propia distinción por parte de Quino (a quien Nik le ha robado tiras enteras) cambió la decisión. El jueves, Oscar Moscariello se dio un gusto grande: eligió a Marcelo Tinelli y ganó el nombramiento con 29 votos a favor, 4 en contra y 5 abstenciones. Otra vez: nadie puede dudar de que el animador es una personalidad destacada y exitosa en el medio. La discusión pasa, o al menos debería, por el peso simbólico de destacar el escándalo berreta entre vedettes o figurones, la cosificación de la mujer y el corte de bombachitas como hecho cultural.

En rigor, la discusión va más al fondo, y se enlaza con otros hechos que se viven en la ciudad. En estos años ha quedado clara cuál es la concepción de cultura por parte del partido amarillo. Los grandes eventos con cartelería proselitista (debe recordarse que la comunicación institucional del GCBA lleva el mismo y llamativo color que el partido que eventualmente lo ocupa) son el norte de la gestión Macri. Lo cual, más allá de la opinión que se tenga de Violetta o de la idea de Cacho Castaña en el Colón, no es malo per se. Es una decisión de gobierno basada en la ideología de quienes lo ejercen y ha dado hechos culturales que también deben ser celebrados. El ruido surge de la tarea de zapa que el macrismo lleva a cabo para ahogar otras expresiones culturales, que no responden a ese esquema o a la lógica de mercado. En los últimos meses se verifica un plan a conciencia de erradicación de los centros culturales de gestión independiente, del cual este diario se ha hecho eco y que provocó una multitudinaria protesta el pasado 14 de agosto en las puertas del Ministerio de Cultura de la Ciudad. Mientras abunda el dinero y el apoyo para grandes emprendimientos, la cultura de base está lejos de sentirse destacada.

Lo sucedido en República Cromañón en diciembre de 2004 no fue en vano. La enorme mayoría de los centros culturales perseguidos por el macrismo pone especial atención en cumplir las normas de seguridad, pero se encuentra con inspectores dispuestos a cualquier recurso con tal de colgar la faja de clausura. Un caso emblemático es el del Café de los Patriotas, ubicado en Nicasio Oroño y Cucha Cucha: tiene todos sus papeles en regla, pero el 30 de junio cometió el pecado de ofrecer una clase de tango gratuita para los vecinos, y un inspector les cerró las puertas porque no está habilitado como “Academia de baile”. Podría argumentarse que el Teatro San Martín tampoco está habilitado para fiestas cumpleañeras de empresarios amigos de Mauricio Macri, pero ni siquiera puede llegarse a eso. No hay mayor debate cuando llega un funcionario con la clara orden de bajar persianas, tenga o no lógica la excusa que utiliza.

Aquella movilización dio un fruto: el pasado 29 de agosto se presentó en la Legislatura un proyecto de ley que busca regular de una buena vez las actividades de los centros culturales, terminando con vacíos legales y arbitrariedades que los dejan indefensos. Es una lucha similar a la que llevaron en su momento los músicos para terminar con la persecución a locales de música en vivo, lo que reconfirma que la política estatal no es casualidad sino un modus operandi. Y que es tarea de los legisladores buscar un balance y atender las necesidades de una masa social que está siendo atacada, a la que quizá no le interesa ver gratis a Violetta o conseguir una entrada en la Usina del Arte sino juntarse con los vecinos en el centro cultural de la esquina. Es de esperar que aparezca el mismo interés por debatir y votar que con las Personalidades Destacadas de la Cultura.

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Imagen: Pablo Piovano
 
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