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Viernes, 17 de abril de 2015

CULTURA › CUATRO MIL VERDADES EN EL SAN MARTIN

Tomás Eloy reeditado

Fundación Tomás Eloy Martínez.

“Los ávidos ojos de la mosca pasan como una ráfaga: ojos compuestos de cuatro mil facetas cada uno. La verdad dividida en cuatro mil pedazos.” Estas palabras rubrican uno de los momentos más poéticos de La novela de Perón, de Tomás Eloy Martínez (1934-2010), publicada por primera vez hace treinta años. A “la compleja maquinaria de la causalidad” –en términos borgeanos– le gusta los números redondos: también se cumplen veinte años de Santa Evita, dos aniversarios celebrados por Alfaguara a través de la publicación de estos libros en ediciones conmemorativas con anexos de manuscritos corregidos, apuntes, correspondencia, anotaciones diversas y otros documentos. Para redondear este homenaje, se inauguró Cuatro mil verdades en el Centro Cultural San Martín, una muestra que permanecerá hasta el 28 de junio, en la que se despliega la trastienda creativa del escritor y periodista, desde su máquina de escribir, el escritorio donde trabajaba, fotografías inéditas, el audio de la entrevista que le hizo a Juan Domingo Perón durante cuatro jornadas en Puerta de Hierro (Madrid) hasta versiones y correcciones de sus novelas más emblemáticas.

“El año pasado, cuando advertimos que se cumplía este aniversario, empezamos a hablar con la editorial sobre qué se podía hacer para recordar estas dos novelas, que no han perdido vigencia y siguen reeditándose en otros países y en otras lenguas. Incorporamos un montón de documentación, correspondencia, apuntes, manuscritos, que fue lo que encontramos en sus archivos. Esto le da al lector una pauta de la manera de trabajar y de investigar, porque son dos novelas que tienen mucha investigación detrás, a pesar de que sean ficciones”, plantea Ezequiel Martínez, presidente de la Fundación Tomás Eloy Martínez (TEM). “En el caso de La novela de Perón está la primerísima versión, que nosotros la llamamos protonovela, que él tenía en una libretita para llevarla siempre encima, en hojitas de libreta escritas a máquina. La hojita chiquitita la usaba de los dos lados. Lo hacía para tenerla a mano y poder hacer anotaciones. Esta novela empieza el 20 de junio de 1973, con el vuelo de regreso de Perón a la Argentina; hay cronogramas y mapitas que él se hacía de lo que pasaba en el mismo momento en el avión, en España y en Argentina. Todo eso lo hacía en esa libretita, que es el primer germen de la novela, antes incluso de que fuera ese folletín que primero sacó El Periodista de Buenos Aires. La primera paginita tiene nombres alternativos que a él se le habían ocurrido, como El teatro de Perón o Perón o muerte.”

Lo más curioso de Santa Evita es una carta que le escribe a Norberto Firpo, director de la revista Panorama, en 1970, en la que le comenta que tiene una pista sobre el cadáver de Evita, que estaría enterrado en el consulado argentino de Bonn. “Pero todo está en clave”, aclara Ezequiel. “A Evita la llama Yoko Lennon y a la ciudad de Bonn le pone Ono. El quiere hacer esa investigación, ir a Bonn y comprobar si efectivamente el cadáver está ahí, porque es un dato que le da Rodolfo Walsh. Este es el origen de su obsesión por el cadáver de Evita.” En la edición conmemorativa, hay una página destinada a los apuntes manuscritos que tomó TEM sobre el embalsamiento, culto a la muerte y referencias a Naipaul, Heródoto, Echeverría, Sarmiento y Borges y personajes de la historia argentina. Al final de la última página se lee: “La peregrinación fue para evitar que Evita viviera, para acentuar su muerte, para morirla”. Las inscripciones de esta obsesión se perciben en las preguntas que le dirige al médico especialista en genética humana Víctor Penchaszadeh sobre ADN en relación con el proceso de embalsamamiento de los cuerpos: “¿El formol desnaturaliza el ADN?”, “¿El lugar ideal es la pulpa dental para el ADN (de los dientes o del pelo)?”. Completan el anexo documental la transcripción mecanografiada de un fragmento del libro Mi hermana Evita, de Erminda Duarte, el relato y transcripción de la entrevista que el autor de La mano del amo mantuvo con la viuda y la hija del coronel Carlos Eugenio Moori Koenig, notas misceláneas manuscritas sobre la necrofilia y la vida de Eva Perón y referencias a Rodolfo Walsh y al doctor Pedro Ara y apuntes sobre un posible principio de la novela, entre otros materiales.

“Vean esos ojos. Ocupan casi toda la cabeza. Son ojos muy extraños, de cuatro mil facetas. Cada uno de esos ojos ve cuatro mil pedazos diferentes de la realidad. A mi abuela Dominga le impresionaban mucho. Juan, me decía: ¿qué ve una mosca? ¿Ve cuatro mil verdades o una verdad partida en cuatro mil pedazos? Y yo nunca sabía qué contestarle...”. El título de la muestra, curada por Mariano Soto, proviene de La novela de Perón. “En esa novela se trata de transmitir verdades distintas, pero todas verdades al fin, acerca de la vida de Perón. Todas las versiones contradictorias o diferentes de una misma situación alrededor de la biografía de Perón”, subraya Ezequiel. En la muestra se exhibe el escritorio de estilo francés que usó cuando regresó al país, después de vivir en Estados Unidos, donde dio clases en la Universidad de Rutgers en Nueva Jersey; la máquina de escribir Underwood en la que escribió La pasión según Trelew (1973), el grabador con el que entrevistó a Perón, fotografías inéditas, las tapas de las diferentes ediciones de sus libros, las últimas versiones de Santa Evita, con correcciones y tachaduras, y una libreta con La mujer de la vida, novela inédita de TEM que nunca quiso publicar. Además, se podrán escuchar fragmentos de la entrevista a Perón y una clase magistral inédita que dictó en la Universidad de Rutgers.

¿Se puede distinguir un legado periodístico y otro literario o hay una confluencia? “Hay una confluencia por la investigación que hay detrás de cada novela, no sólo las que tienen que ver con personajes históricos, sino una novela como Purgatorio, que trata sobre los años que él pasó fuera de la Argentina y que los reconstruye y trata de revivirlos a través de esa novela”, explica Ezequiel a Página/12. “Como él perdió todas esas vivencias, las reconstruyó a través de testimonios y entrevistas que hacía. Para todo aplicaba una investigación periodística muy rigurosa, aunque después utilizara una línea en la novela. Hay muchos libros sobre insectos en su biblioteca, por lo de los ojos de la mosca. Hasta que no estaba muy empapado en un tema no sentía la libertad de poder escribir sobre eso. En el legado que dejó, hay muchas versiones que hacía de una novela, porque era de corregir mucho y de descartar un montón de material, y todo ese proceso se ve en las diferentes versiones de una misma novela hasta llegar a la versión final, algo que es interesantísimo. Para cualquier investigador estos materiales son un festín.”

Q Cuatro mil verdades se puede ver en la sala E del Centro Cultural San Martín (Sarmiento 1551), de martes a domingo de 15 a 21. Entrada libre.

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