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Martes, 18 de octubre de 2016

CULTURA › UNA DISTINCIóN EN EL SENADO DE LA NACIóN PARA EL AUTOR DE RESPIRACIóN ARTIFICIAL

Sobre lecturas y escrituras de Piglia

El escritor será reconocido con la Mención de Honor Domingo Faustino Sarmiento,que recibirá su nieta Sasha Pedersen. “Para él la literatira siempre fue y es un modo de vida”, dice el escritor Luis Gusmán, que hablará en la ceremonia.

 Por Silvina Friera

Piglia acaba de publicar Los años felices, segundo volumen de Los diarios de Emilio Renzi. Foto: Guadalupe Lombardo

Del primer escritor al último lector, Ricardo Piglia –que acaba de publicar Los años felices, segundo volumen de los tres que compondrán Los diarios de Emilio Renzi, su alter ego– encarna la pasión mayúscula por la literatura. El Senado de la Nación, por iniciativa de los senadores de San Luis Adolfo Rodríguez Sáa y Liliana Negre de Alonso, reconocerá a Piglia con la Mención de Honor Domingo Faustino Sarmiento. Durante la ceremonia, que se realizará hoy a las 19 en el salón Illia del Palacio Legislativo, recibirá la distinción Sasha Pedersen, nieta del escritor. Luis Gusmán leerá un texto que escribió especialmente para la ocasión. “Piglia y Renzi, los dos como lectores, indican dos instancias inaugurales en que se funda la literatura argentina. La primera, Sarmiento, el primer escritor; la segunda, la cita errónea”, anticipa Gusmán a Página/12. “En un reportaje de diciembre de 1980 en el diario Convicción con motivo de la publicación de Respiración artificial, Piglia se detiene en un sobreentendido, el lugar común: Arlt escribe mal, opuesto a otro lugar común: Borges escribe bien. Pero él lo disuelve: ‘Es obvio que para mí no tiene sentido que Arlt escribe mal, tengo al estilo de Arlt, junto con el de Sarmiento y Borges, como uno de los grandes estilos que ha producido este país”.

Gusmán subraya que se construyen dos lugares desde donde Piglia –autor de novelas como La ciudad ausente, Plata quemada, Blanco Nocturno y El camino de Ida– va a leer críticamente la tradición que le antecede y cómo se va entrometer en ella: “Citar mal, escribir mal; es decir, dos cuestiones que afectan al estilo, si siguiendo la estilística tomamos el estilo como un desvío de la norma”, interpreta el autor de El frasquito. “Piglia en El último lector, y siendo consecuente con Renzi, escribe acerca del lector inventado por Borges en ese universo saturado de libros que son la biblioteca y la tradición. Y se refiere a la libertad con que Borges usa los textos, y su disposición a leer según, su interés y necesidad. Piglia define la invención borgeana en estos términos: ‘Cierta arbitrariedad, cierta inclinación deliberada a leer mal, a leer fuera de lugar, a relacionar series imposibles. La marca de esta autonomía absoluta del lector en Borges es el efecto de ficción que produce la lectura’. A esta lectura ectópica, fuera de lugar la llamo un desvío por el estilo”, sugiere Gusmán y agrega que Renzi plantea que la cita falsa “nos abre a otra posibilidad diferente de leer la literatura”.

“La cita falsa la podemos incluir como una anomalía, en el sentido de una nueva formación en las atribuciones erróneas”, explica Gusmán. “Esa cita falsa es la marca de autonomía del lector que Piglia reconoce en Borges. Entonces tanto la cita falsa como Nombre Falso son un efecto de ficción. Esta manera de leer rescata a la literatura ya sea en el campo de la escritura o de la lectura, sus dos campos de combate, de una crítica que pretende arrebatarla de su lugar ectópico por excelencia y confinarla en un territorio moral que encuentra su límite en el buen o mal estilo, en la buena o mala lectura”. Gusmán vuelve sobre una pregunta de El último lector: ¿Qué es un lector puro? El escritor arriesga una respuesta a ese interrogante: “Ricardo es un lector puro. No porque resigne lo espurio de cada lectura, sino por el contrario. Piglia habla del lector adicto, del lector insomne, el que está siempre despierto, que son personificaciones del lector en la historia de la literatura. A esos lectores, los llama lectores puros; para ellos, la lectura no es solo una práctica sino un modo o de vida”. Gusmán revela que el otro día Piglia le pidió que hablara de la amistad y le preguntó si se acordaba dónde se conocieron. “Yo tampoco me acordaba, fue por allá por los setenta. Seguramente nos conocimos en una librería. Como se dice, entre libros”, cuenta el escritor y psicoanalista.

Desde la Mención en el prestigioso premio cubano Casa de las Américas en 1967 por su colección de relatos Jaulario –que después publicaría con más cuentos y modificaciones con el título La invasión–, Piglia ganó el Premio Planeta (1997), el Premio Iberoamericano de Letras José Donoso en Chile (2005), el Premio Casa de las Américas Narrativa José María Arguedas (2011), el Rómulo Gallegos (2011), el Konex de Brillante (2014), y el prestigioso Premio Formentor (2015), el mismo que ganó Borges junto con Samuel Beckett en 1961. “Por las marcas que leí en los libros de su biblioteca –los que siempre me prestó, y también lo que yo les prestaba, cosa rara ninguno de los dos se lo reclamaba al otro como si fuere una especie de biblioteca circulante–, puedo decir sin pudor a la pureza, que Piglia es un lector puro. Lo digo en ese sentido, con todo el peso intelectual de la palabra: Piglia es un hombre de letras”, pondera Gusmán, muy emocionado por la ocasión de poder hablar durante la entrega de la Mención de Honor Domingo Faustino Sarmiento. “Piglia se pasó la vida leyendo y escribiendo. Desde que lo conozco, antes de conocerlo cuando solamente lo leía, no cabe duda de que la literatura para él siempre fue y es un modo de vida”.

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