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Viernes, 9 de octubre de 2009

HISTORIETA  › EL TERCER ANIVERSARIO DE FIERRO

El entusiasmo y el talento como combustible esencial

Varios de los dibujantes y guionistas presentes en la edición especial que aparece mañana junto a Página/12 no ocultan su satisfacción y orgullo por formar parte de una revista que es referente ineludible del género. Un festejo que es otra puerta al futuro.

 Por Andrés Valenzuela

“En realidad la revista se hace a base de entusiasmo”, desliza cauto Lautaro Ortiz, jefe de redacción de Fierro, la fundamental antología de historieta que llega mañana a todos los kioscos de la mano de Página/12. Entusiasmo propio, de Juan Sasturain y, claro está, de las decenas de autores que aman la revista y la saben parte de lo más granado del noveno arte. Este número 36 –tercer aniversario de la nueva etapa de la publicación– es una demostración de potencia estética y voluntad historietística. No están todos, reconoce Ortiz, “pero sólo porque algunos no llegaron a tiempo para mandar su colaboración”. De cualquier modo, no es poca cosa: casi 80 artistas que se repartieron sin pudor en 72 páginas.

Sasturain, por su parte, no cesa de repartir elogios. “Para hacer algo así necesitás que el diario te banque como lo hizo con nosotros, que alguien labure, como hizo Lautarito, y que los colaboradores estén dispuestos. Y lo están, desde los consagrados hasta el montón de chicos nuevos que en este número publican por primera vez”, señala.

El orgullo de pertenecer

¿Qué explica que 80 artistas se quemen las pestañas por dar una, a lo sumo dos páginas de buena historieta para un número tan especial? Página/12 consultó a varios colaboradores de la antología. Dibujantes y guionistas consolidados dentro del staff de la revista, y talentos que se ponen la camiseta por primera vez en este número. ¿Qué significa para ellos colaborar en Fierro?

Uno de los más jóvenes, Rodrigo Luján, echa luz sobre el asunto: “Compartir lugar con algunos de los mejores historietistas del país es un orgullo, pero además uno tiene la sensación de pasar a formar parte de la historieta argentina”. El brasileño Adao Iturrusgarai enloquece a los lectores con relatos humorísticos de sexo, psicoanálisis y “ese fracasado invento de Dios: el ser humano”. Radicado en el sur argentino, destaca la importancia de la revista en el universo de las viñetas. “En Brasil es considerada una de las más importantes del mundo”, señala. Tanto, que para este número incluso se tentó a su compatriota Fabio Zimbres, leyenda del under de su país.

Angel Mosquito, uno de los dibujantes en ascenso más elogiados del medio, destaca el reconocimiento que supone publicar allí. “Además de trabajar de autor de historietas, haciendo lo que tengo ganas de hacer y cobrando, significa estar en la publicación con mayor difusión y mejor periodicidad del subcontinente americano. También, y más importante, es sentirme parte de una generación que la peleó siempre desde bien abajo y que ahora se está viendo reconocida en los medios”, concluye. Con 38 años y un presente profesional de lujo, Max Aguirre es consciente del lugar que ocupa y lo que ello representa. “Colaborar en Fierro significa ocupar una de las poquísimas plazas que la historieta argentina ofrece hoy. Eso está bueno, pero es toda una responsabilidad”, advierte.

Para algunos, haber llegado a este hito implica sensaciones muy fuertes respecto de su propia historia con el medio. Diego Parés, por ejemplo, asegura que “es sentir constantemente que no estoy a la altura de lo que la Fierro me significa”. Sebastián Dufour, Kwaichang Kraneo y Scuzzo (responsable de la monumental tapa de esta edición) coinciden en destacar la importancia que, por nombres y por historia, tiene participar allí. Palabras más o menos, los tres dicen que publican “junto con autores monstruosos”. Pipi Sposito, co-creador de Barrio Gris junto con Eduardo Maicas, apunta que “lograr que publiquen nuestra historia entre otros trabajos de tipos grosos me hace muy feliz”.

Libertad creativa

Salvador Sanz, por su parte, recuerda muy bien su primer acercamiento a la revista. “En la primera época me acerqué con mis cosas, pero gracias a Dios no me publicaron. En ese momento maldije a Juan Lima, el director de arte, pero ahora le agradezco porque no estaba listo, tenía 16 años y mi trabajo era el de un principiante. Tuve mi oportunidad 20 años después.” Esa oportunidad se llamó Nocturno, una historieta de misterio sobrenatural que cautivó a los lectores y que pronto será recopilada. “Acá me dieron total libertad creativa para trabajar”, cuenta Sanz. “Tardé una eternidad, pero me di el gusto de contar una historia en la cantidad de páginas que necesitaba.” Para Juan Carlos Quattordio, uno de sus dibujantes más polémicos, publicar en Fierro también es una cuestión personal. “Por un lado es volver a la revista que me cobijó desde 1985, pero también es libertad para hacer lo que uno quiere y no lo que manda el mercado, que respetan tus derechos de autor, con buena paga y motivación”, destaca.

Gustavo Sala es, según acordarán los habitués de la revista y el Suplemento NO, uno de los historietistas más delirantes y potentes que tiene hoy el humor gráfico argentino. Quienes no lo conocen e imaginan siempre viajando por la estratosfera a base de estupefacientes, ignoran que el marplatense tiene los pies bien puestos sobre la tierra. Con Fierro él siente “haber ganado algo, un lugar en el mundo”. No es raro, entonces, que en su opinión alcanzar esas páginas sea “estar en el mejor lugar posible para un historietista que tenga cosas personales para decir”. En eso también coincide Fernando Calvi, autor de la elogiada Altavista, quien se alegra de poder hacer una historieta con regularidad “contando una historia larga y personal”.

No son los únicos que elogian las amplísimas libertades que brinda la publicación para experimentar y explorar caminos poco recorridos. El mismo Sasturain lo confirma: “El criterio editorial es mínimo, pero pasa por la calidad y la excelencia. No le hemos puesto otra exigencia a los autores y por eso cada uno vino con su mundo, que es por suerte variadísimo, como la historieta argentina”.

Laura Vázquez Hutnik es, además de guionista, investigadora y doctora en ciencias sociales de la UBA. Hace tándem con Alejandra Lunik y para ella, “colaborar en ese espacio es enfrentarme a una variedad caleidoscópica”. Sasturain asegura que “la revista es una suma de las colaboraciones”, y Vázquez Hutnik parece acordar: “Tu historieta se puede publicar allí, y al mismo tiempo, estar ‘despegada’ de la revista”. La firma, la impronta personal de los autores resulta, a la vez, legitimada por el medio, pero también lo excede. Berliac, uno de los más jóvenes del staff, publica por primera vez en este aniversario. “Participo del festejo de una publicación en la que nunca publiqué, es raro, ¿no?”, comenta. “Pero estar aquí es estar en el único medio masivo de historieta del país y dibujar lo que me venga en gana.”

Pese a ser uno de los representantes del boom de la historieta online en la Argentina, Federico Reggiani aplaude la circulación de Fierro, donde también participa. “Una revista impresa tiene una llegada, no sé si mayor (probablemente sí), pero sobre todo distinta que los medios electrónicos o el libro”, reflexiona. Su doble papel como guionista (de los relatos históricos con Kraneo y de Vitamina Potencia, con Mosquito) lo enfrentan, asegura, “a la comprobación melancólica de que a medida que uno se hace mayor las cosas se vuelven menos intensas”. No es que se queje, afirma, sólo que ahora se toma las cosas con mucha más calma. “Haber publicado a los 14 una carta de lectores me hubiera puesto en un estado de exaltación demente. Hoy voy el sábado a la mañana al kiosco y pienso con una sonrisa ¡qué linda salió la historieta!, y todo tiene colores pastel.”

¿Qué puede salir de una revista hecha con orgullo, talento y libertad creativa? Los lectores de Fierro conocen bien la respuesta y, como Reggiani, irán con una sonrisa al kiosco mañana temprano. Quienes no acostumbran, en cambio, podrán aprovechar este número aniversario para conocer nuevos artistas y reencontrar a los de siempre, como si de un festejo se tratara. Al cabo, para la historieta esto es una fiesta.

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