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Viernes, 12 de febrero de 2010

HISTORIETA  › FRANK ARBELO, NOTABLE DIBUJANTE CUBANO, MAÑANA EN FIERRO

El pasado se hace de nuevo

El historietista y diseñador radicado en Bolivia abrirá el Nº40 de la revista. Lo hará con su versión gráfica de “El ganador”, relato de Enrique Anderson Imbert que narra la lucha interna de una banda de ladrones que huye por un México desértico.

 Por Lautaro Ortiz

La historieta argentina no sólo vive del recuerdo (aunque el rescate sea un gesto importante). Los 40 números que mañana cumple la revista Fierro lo atestiguan: no están Hugo Pratt ni Quinterno, pero sí muchos de los nuevos y mejores dibujantes nacionales que buscan dejar su huella. A eso apunta la revista que dirige Juan Sasturain, y la ilustración de tapa bien puede leerse como una consigna: hasta “el trabajo más antiguo del mundo” se transforma en novedad en las 64 páginas que ofrece Fierro.

Sólo es cuestión de saber mirar: la dupla Reggiani-Mosquito va por la vieja historia de los luchadores de catch (“Vitamina potencia”), Minaverry mete el ojo en la perdida estética del grupo inglés The Who; Saracino y Hechtenkopf barren la viruta que deja a su paso el malevo Edmond (“El Feo”) y los hermanos Pablo y Martín Túnica buscan reencontrarse con el relato de aventuras a través de “La infatigable travesía de Nicola Wenders”.

Y a este ejercicio de hacer de nuevo el pasado, también se suma Frank Arbelo: “La novedad se la encuentra cuando se aprende a mirar”, dice, no bien se entera por mail –en su estudio de La Paz (Bolivia), donde reside–- de que su versión gráfica de “El ganador” (la lucha interna de una banda de ladrones que huye por un México desértico), relato del cuentista argentino Enrique Anderson Imbert, formará parte de la edición de febrero. Nacido en Manzanillo (Cuba) en 1965, Arbelo desembarca en Fierro no sólo por sus medallas (primer premio en la I Bienal de Cartel de La Paz; primer premio en la Bienal Internacional de Cartel de México y editor de la revista más importante que tuvo Bolivia, Crash!), ni siquiera por la admiración unánime de sus colegas. Lo suyo fue trabajo y paciencia. Durante varios meses formó parte en el suplemento Picado Fino –un espacio que dedica Fierro a los nuevos autores– hasta ganarse un lugar y llegar a ser el encargado de abrir la edición de febrero. Este “importado de lujo”, como lo llama Sasturain, tiene sus virtudes que no sólo se quedan en la impronta de un dibujo muy personal: el diseño de la página y la manera de contar le proponen al lector un constante cambio de visión en el de-sarrollo de la historia.

Arbelo señala que llegó a Bolivia “por una cuestión de seguridad laboral. Llegué a Bolivia cuando un amigo, con el que había trabajado en Cuba, me dijo que viniera a trabajar en publicidad con él, como diseñador gráfico e ilustrador. No te voy a mentir: mi idea era estar un tiempo y volverme a la isla, pero Bolivia me atrapó completamente. Es un país con una cantidad de matices increíble, muy rico y del que ya me siento parte. Finalmente terminé echando raíces. Te repito: acá en Bolivia me dedico al diseño gráfico, trabajo del que no reniego. Me da de comer y se ha convertido en mi forma de expresión, de decir cosas”.

–¿Y la historieta?

–Se instaló como una alternativa al diseño. La historieta me permite dejar de lado por un tiempo el oficio de diseñar y, a su vez, la gráfica me permite hacer cosas que no entrarían en la realización de una historieta. Y ahí también entraría el trabajo como ilustrador, que viene a ser una especie de puente entre una y otra, ya que mi trabajo en la gráfica está marcado por el uso de la ilustración, ¿se entiende?. Quiero decir, ambos oficios se complementan y disfruto tanto haciendo un cartel o un logotipo como una historieta.

–¿Cómo se lee la historieta argentina en Bolivia?

–Tanto en los ’80 como ahora, Fierro es el referente más importante de la historieta argentina. Acá, en Bolivia, es un objeto de culto. Conseguir un ejemplar es como ganarse la lotería.

–Algunos hablan de un boom de la historieta en Bolivia. ¿Es cierto eso?

–Así es. El fuerte movimiento de la historieta en este país comenzó hace un par de años, cuando aparecieron varias publicaciones que permitieron que los artistas locales se formaran. En realidad ese boom del que se habla comenzó en 2003 con el Primer Festival Internacional de Historietas que se realiza en la ciudad de La Paz. Fue el motor necesario para que comenzaran a circular fanzines y diversas publicaciones con un nivel cada vez mayor. Hablamos de autoedición, claro, no existe el apoyo editorial. La consolidación del festival a lo largo de estos ocho años contribuyó mucho a ese boom del que se habla. Dibujantes como Alejandro Salazar (también ilustrador), Susana Villegas, Alvaro Ruilova o Joaquín Cuevas, son producto de ese fenómeno que estamos viviendo en Bolivia.

–¿Y en Cuba? ¿Sigue en contacto laboral con su país natal?

–En Cuba siempre hubo buena historieta y buenos autores como Tulio Raggi, Orestes Suárez y Juan Padrón, entre otros. En Cuba, a diferencia de otros países, sucedió que a través de publicaciones cubanas uno podía acceder a leer a Crist, Fontanarrosa, Muñoz o Sampayo. Eso, sin duda, es algo importante para los dibujantes. Actualmente hay una nueva generación de autores que, a pesar de las dificultades, están haciendo lo suyo. No mantengo contacto con Cuba porque es muy difícil sostener una relación de trabajo, la comunicación es muy difícil, por el difícil acceso a Internet.

–¿Cómo fue que eligió un relato de Anderson Imbert para Fierro?

–Es una historia sobre la que quería trabajar hacía ya bastante tiempo. Cuando leí el cuento me pareció una buena idea para armar un guión, por la forma en que está escrito el relato, ya que no hay descripción de personajes, ni de ambientes, no te ubica en una época específica ni entra en detalles de ningún tipo. Imbert va planteando en pocas líneas la acción, la idea central y nada más. Me pareció entonces interesante trabajar una historia y con esos personajes. Ya en otras ocasiones adapté trabajos de este autor porque sus cuentos, generalmente relatos breves, poseen muchas posibilidades para la adaptación gráfica.

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“La novedad se la encuentra cuando se aprende a mirar”, apunta Arbelo.
 
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